Expresidente del Parlamento Europeo

Lecciones de la guerra en Ucrania

Soldados ucranianos

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La guerra de la Rusia de Putin contra Ucrania ha entrado en una nueva fase. El ejército ucraniano está forzando la retirada de las tropas rusas. Aunque aún está por ver el alcance de la contraofensiva ucraniana, está claro que la relación de fuerzas sobre el terreno ha cambiado hasta el punto de forzar a Putin a decretar la “movilización parcial” y llamar a filas a 300.000 reservistas. 

En este momento, siete meses después del inicio de la guerra, creo que hemos aprendido cuatro lecciones en las que fundamentar la estrategia a seguir.

En primer lugar, hemos constatado que la determinación del pueblo ucraniano, de su ejército y de sus dirigentes ha logrado rechazar la agresión rusa. Los contraataques llevados a cabo con éxito en Donbas y en el sur han demostrado que ahora son las fuerzas ucranianas las que llevan la iniciativa. Járkiv está prácticamente liberada y continua la ofensiva contra Jersón. La velocidad del avance ucraniano, la retirada apresurada de las fuerzas rusas dejando atrás gran cantidad de equipo, y la desmoralización de los soldados provenientes de regiones periféricas rusas muestran que si bien Ucrania no ha ganado todavía la guerra, Rusia está camino de perderla.

El segundo lugar, estamos viendo que la estrategia europea seguida desde el 24 de febrero está produciendo resultados y que la UE puede y debe mantenerla el tiempo que sea necesario. Tanto Europa como EEUU, lo que ahora se llama “the West”, no participamos directamente en el conflicto, pero movilizamos una importante ayuda para que los ucranianos pudieran defenderse. El equipamiento militar suministrado por EEUU, Canadá, Reino Unido, la UE y sus Estados miembros (entre los que destacan los del Este) está haciendo posible la resistencia militar y la ayuda económica está permitiendo que el Estado ucraniano siga funcionando.

Por su lado, las sanciones ya están afectando a Rusia de forma severa. Cierto es que Rusia se ha beneficiado de las recientes subidas de los precios de los hidrocarburos, pero ello no significa que las sanciones hayan fracasado y los ingresos por hidrocarburos también están disminuyendo. Antes comprábamos a Rusia el 40% del gas que importábamos. Ahora es ya menos del 10%. En contra de lo que se cree, al Kremlin no le resulta nada fácil conseguir clientes alternativos ya que buena parte de sus infraestructuras están construidas para servir a Europa y redireccionar sus exportaciones de gas a Asia le costará miles de millones de dólares y muchos años. Las exportaciones rusas de carbón están al nivel mínimo desde el inicio de la invasión confirmándose la dificultad existente para encontrar nuevos compradores. El mero anuncio de la UE de reducir las importaciones de petróleo ruso en un 90% a final de 2022 ha provocado ya la caída del precio del petróleo, que está en los niveles de precio anteriores a la guerra. Y Rusia reducirá todavía más sus ingresos si realiza más cortes de suministro de gas a Europa.

Las sanciones tienen una doble función: señalar y presionar. El señalamiento muestra nuestro rechazo a la conducta de un estado que comete violaciones de la ley internacional y ataques deliberados a ciudadanos e infraestructuras civiles. Nuestra presión está dirigida a forzar un cambio de dicha conducta mediante la erosión de los medios económicos y tecnológicos que la sustentan. Y sus efectos van más allá del sector energético. La pérdida de acceso a la tecnología occidental ha empezado a afectar al ejército ruso ya que sus tanques, aviones, telecomunicaciones y armas de precisión dependen de la importación de componentes occidentales. La filtración de un informe interno del Gobierno ruso ha permitido ver que la tecnología rusa depende en alta medida de productos importados: así, por ejemplo, el 95% de los pasajeros que viajan en avión en Rusia lo hacen en aeronaves que precisan de repuestos extranjeros, el 80% de la producción de productos farmacéuticos depende de materias primas importadas, y las tarjetas SIM podrían agotarse en Rusia en 2025. Hay que destacar que la fuente de este análisis es un ente oficial ruso. En definitiva, los datos están quitando la razón a quienes cuestionan que las sanciones estén funcionando.

Y simultáneamente, la Unión Europa está movilizando todos sus recursos para hacer frente a la crisis energética. Tenemos ya las reservas de gas a más del 80% y hemos acordado reducciones en el consumo de gas para el invierno. Para ayudar a consumidores y empresas vulnerables, la Comisión ha presentado propuestas para un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las empresas energéticas y para limitar las retribuciones a los productores de electricidad que usan tecnologías cuyo coste marginal es inferior al precio del gas. Y estamos preparando la aplicación de un tope al precio del petróleo ruso en coordinación con los países del G7.

La tercera lección versa sobre cómo afrontar la finalización del conflicto. Por desgracia, la guerra no ha terminado y nada sería más peligroso que abandonarse al optimismo. Putin no cederá nada de buena gana. La guerra puede durar mucho tiempo pero sabemos que, tarde o temprano, la guerra terminará antes de que sea posible hacer la paz. Y aunque corresponde a los ucranianos, y sólo a ellos, definir los términos de un acuerdo de paz, podemos anticipar que exigirán la retirada del territorio ucraniano de las tropas ocupantes, la contribución financiera del agresor a la reconstrucción del país que está destruyendo y el reconocimiento moral y penal de los crímenes de guerra por sus responsables.

Y la cuarta lección es que Europa está apareciendo como actor geopolítico y que Rusia está mas aislada de lo que parecía en un inicio. Durante muchos años el gas ruso que considerábamos barato, en realidad ha sido caro porque implicaba un alto precio en términos de seguridad. Rusia atacó a Ucrania con la convicción de que la UE estaría demasiado dividida para responder debido a la dependencia de su gas. Pero Putin erró en el cálculo. Debemos ser conscientes de tres hechos que son producto de nuestra acción conjunta: por primera vez la UE está financiando a un estado en guerra con un fondo intergubernamental; deben existir pocos precedentes históricos, si es que existe alguno, de haber sabido reducir mucho en menos de un año una dependencia económica estructural tan enorme como el suministro ruso de hidrocarburos a Europa; y estamos ayudando a nuestros socios de lo que ahora se llama el “Sur Global” a afrontar las graves consecuencias de la instrumentalización rusa de los suministros de energía y de alimentos. Además, poco a poco, estamos observando cómo otros actores globales se están moviendo hacia posiciones críticas con Rusia. El propio Putin ha revelado públicamente de forma inesperada que China está preocupada por el desarrollo de la guerra e India le ha manifestado con claridad que esa guerra no tiene su lugar en el S. XXI. Desde la UE debemos procurar que estos posicionamientos se intensifiquen y contribuyan a acelerar el fin de las hostilidades.

Quienes deseábamos una Europa capaz de utilizar el lenguaje del poder ya contamos con una experiencia con la que estar moderadamente satisfechos. Pero al mismo tiempo, debemos ser conscientes de que necesitaremos muchos más ejercicios prácticos del mismo para consolidarnos como un actor geopolítico global.

Sobre el autor de esta publicación

Josep Borrell

Ingeniero aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid, máster en Investigación Operativa por la Universidad de Stanford en Palo Alto (California, EE. UU.), máster en Economía de la Energía por el Instituto Francés del Petróleo en París (Francia), doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid en Madrid (España) y catedrático en excedencia de Matemáticas Empresariales. Trabajó siete años para CEPSA.

Desde su llegada a la política en 1979 ha ocupado diversos cargos:

Fue concejal en Majadahonda (Madrid).
Responsable de la política fiscal del Gobierno de la Comunidad de Madrid.
En 1982 fue nombrado Secretario de Estado de Presupuesto y Gasto Público del Ministerio de Hacienda.
Fue Secretario de Estado de Hacienda de 1984 a 1991
En 1991, Ministro de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente.
Estando el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en la oposición, ganó las elecciones primarias del 24 de abril de 1998.

En 2002 fue uno de los representantes del Parlamento Español en la Convención Europea encargada de elaborar el borrador de la Constitución Europea. Borrell participó dentro de ésta en los grupos de trabajo de gobierno económico, Europa social, política exterior y defensa.

De 2004 a 2007 fue Presidente del Parlamento Europeo.

De 2007 a 2009 presidente de la comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo

Desde enero de 2010 hasta junio de 2012 ocupó el cargo de Presidente del Instituto Universitario Europeo de Florencia (Italia).

Sirvió como ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Gobierno de España entre junio de 2018 y noviembre de 2019.

Desde el 1 de diciembre de 2019 ocupa el cargo de alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea