El multilateralismo y la autonomía estratégica europea en un mundo (post)-Covid

La autonomía estratégica de Europa y el multilateralismo como forma de organizar el mundo multipolar son conceptos que están de moda. Dan lugar a debates entre líderes políticos como el muy mediatizado entre el presidente Macron y la Ministra alemana de Defensa. También han sido objeto de discusión en la reciente tercera edición del Foro de París sobre la Paz. Al igual que en las dos ediciones anteriores, el Foro atrajo a un gran número de líderes políticos y representantes de organizaciones internacionales y de la sociedad civil. Esta vez, sin embargo, tuvo que desarrollarse en formato digital debido a la actual pandemia y la situación sanitaria.

El Foro de la Paz inició una reflexión colectiva sobre la revisión del multilateralismo, a través de un análisis común de los desafíos que enfrenta el mundo de hoy en ámbitos clave como el medio ambiente, la salud, la lucha contra las desigualdades o la defensa y promoción de los derechos fundamentales en nuestra era digital. Y, como era de esperar, el resultado de las elecciones de los Estados Unidos fueron la tela de fondo de los debates.

De lo discutido en el Foro de París, al menos en las sesiones en las que participé, se pueden destacar las siguientes consideraciones:

El multilateralismo no es otra cosa que los estatutos de la comunidad internacional, que es nuestra casa común. Define normas comunes y genera estabilidad en la regulación de las relaciones internacionales. Sin embargo, esta casa común está siendo cada vez más cuestionada, en parte porque cada vez hay más copropietarios que no comparten los mismos intereses, ni la misma visión, ni mucho menos la misma forma de concebir las reformas que necesita. Esto es, lo que podríamos denominar, la paradoja de la multipolaridad sin multilateralismo.

Tres razones podrían explicar esta crisis del multilateralismo: la multiplicación de actores; el retorno de la soberanía nacional, sobre todo en actores como China, Rusia o Turquía; y la creciente complejidad de los problemas a los que nos enfrentamos.

Pero este cuestionamiento del multilateralismo no comenzó con la llegada de Donald Trump. Y probablemente, tampoco terminará con la nueva administración de Joe Biden. No cabe duda de que la elección de Biden cambiará significativamente las relaciones internacionales. Sin embargo, no volveremos al pasado, más bien podemos esperar en diferentes áreas cierta continuidad de la política exterior de los EE.UU., con un creciente enfoque en la región de Asia-Pacífico, y por consiguiente, menos en Europa. La nueva administración también estará muy centrada en la reparación de las fracturas internas de la sociedad americana, que no desaparecerán de la noche a la mañana.

No obstante, hay una serie de cambios que Europa podría acordar rápidamente con la nueva administración americana. Creo que podemos dar por descontado que habrá más diálogo y cooperación, así como un mejor entendimiento transatlántico. De igual manera, podemos esperar cambios sustanciales con el regreso de Estados Unidos a importantes proyectos multilaterales - en particular el acuerdo climático de París, un nuevo compromiso con la organización Mundial de la Salud y la reincorporación al acuerdo nuclear con Irán. En otras cuestiones, como la reforma de la Organización Mundial del Comercio (WTO), deberemos esperar para ver qué es lo que realmente pretende la nueva administración americana.

Sea como fuere, el cambio en la administración americana no puede eximirnos de hacer nuestro propio trabajo. Los europeos debemos definir nuestro propio programa de acceso y no esperar a que los demás lo hagan por nosotros, o en nuestro lugar. No debemos sucumbir a lo que he calificado ya como la “complacencia estratégica”. Nadie puede, ni debe, asumir la responsabilidad de nuestro propio futuro.

Como europeos, debemos ser conscientes de la importancia de defender nuestros propios valores y desarrollar nuestra propia autonomía de pensamiento estratégico y de acción. La autonomía estratégica no es un lujo y menos aún una ilusión. La solidaridad transatlántica será más sólida si se refuerza la solidaridad entre los europeos, incluso en el ámbito de la seguridad y la defensa, pero no sólo en éste.

Los esfuerzos europeos para aumentar su capacidad autonómica deben integrarse en la colaboración con nuestros socios en todo el mundo. La revitalización de un multilateralismo eficaz será una de las principales prioridades de la UE en 2021. Obviamente, no podemos lograrlo solos y el regreso de los Estados Unidos a la escena mundial servirá para dar un importante impulso al multilateralismo efectivo. Esperamos que otros países sigan el ejemplo y reviertan su enfoque selectivo, movidos solo por su propio interés, de las grandes cuestiones globales. Solo así podremos resolverlas.