Europa ante Gaza, Italia e Irán

Después de celebrar el día de Europa en Roma, me proponía dedicar esta crónica a los acontecimientos que dominaban la actualidad de la pasada semana: la formación de un nuevo gobierno en Italia y la ruptura por Trump del acuerdo nuclear con Irán. Ambos afectan al futuro de la UE tanto en su cohesión interna como en su capacidad de jugar un papel en el mundo.

Mientras tanto, se han producido dos nuevos acontecimientos que no cabe ignorar. La brutal represión del ejército israelí de los manifestantes palestinos en Gaza y la elección de un nuevo Presidente de la Generalitat en la figura de un personaje como Torra que asume sin complejos su papel de presidente interino, provisional, o custodio de Puigdemont al que califica de verdadero presidente legítimo de Catalunya.

Los acontecimientos de Gaza también afectan a la capacidad de la UE de jugar un papel como actor mundial. Pero, desgraciadamente, en lo que respecta al conflicto palestino-israelí, poco cabe esperar de Europa, porque su desunión le hace más impotente que en ninguna otra cuestión. A pesar de ello, he incorporado Gaza en el título de esta crónica digital, escrita por cierto desde Dakar aprovechando que las manifestaciones de los estudiantes senegaleses han impedido celebrar el seminario previsto sobre los problemas de la inmigración, otro acuciante tema para las sociedades europeas.

En cambio, no me voy a referir apenas a la cuestión del nuevo Presidente de la Generalitat, porque sobre el personaje ya está casi todo dicho y hay que morder el teclado del ordenador para no contribuir a la escalada de la tensión calificándolo como merece. Como ha dicho la portavoz de la Comisión Europea, “no voy a comentar sus tweets para no dignificarlos”. Una forma diplomática de condenarlos, pero en mi opinión excesivamente diplomática y prudente, porque si la mitad de lo que ha dicho y escrito Torra, lo hubiera dicho el primer ministro húngaro Orban, las instituciones europeas y los partidos de izquierda hubieran puesto, con razón, el grito en el cielo.

En cambio, las barbaridades de Torra no han recibido la mención ni la repulsa que merecen. Y no se trata de tres o cuatro tweets intrascendentes y espontáneos, como dice exculpatoriamente TV3 y la Rahola de turno, sino de todo un arsenal de decenas de artículos a cuál más denigrante para un presidente de la Generalitat que pretende hablar en nombre de un mítico “sol poble” a base de excluir a la mitad de sus componentes. Alguien ha hecho una muy meritoria labor de búsqueda de la producción literaria de Torra y se puede comprobar que son decenas de artículos en los que vierte sus consideraciones supremacistas y xenófobas. (@pabloharour)

Tiene razón Pedro Sánchez cuando califica a Torra como el Le Pen catalán, aunque ni Le Pen se ha atrevido a diabolizar de esta manera a una parte de sus conciudadanos. Pero había dicho que guardaba este tema para mejor ocasión, y me limitaré a dos consideraciones: que el independentismo se ha tirado un tiro en el pie con este nombramiento y que la izquierda independentista se ha plegado de una forma humillante a los designios de Puigdemont, al tiempo que los Comuns de Domenech y Colau, por una vez, se desmarcan claramente de un discurso independentista que muestra su peor cara.

Unas consideraciones necesariamente breves sobre los otros tres temas a los que me refiero en el título de esta crónica.

Sobre Gaza condenar el espectáculo de arrogancia, esquizofrénico y obsceno dice con razón Le Monde, que nos ha dado el gobierno de Israel y Trump, celebrando con toda pompa y esplendor la inauguración de la embajada en Jerusalén, mientras los gazeries contaban sus muertos, casi 70 y sus heridos, más de 1.500,  acribillados a tiros. La celebración del 70 aniversario de la creación del Estado de Israel se ha cubierto de sangre mientras este “lunes negro” refleja la deshumanización de los palestinos por parte de una gran parte de la clase política y la sociedad israelí.

Estos trágicos acontecimientos ponen de nuevo de manifiesto el total abandono de los 1,9 millones de personas encerrados en la franja de Gaza reducidos a la miseria y herido por tres guerras en diez año.,  Condenados a un bloqueo cruel desde que Hamas tomó el poder en 2007, tuve entonces la ocasión de ser de los primeros en entrar en Gaza tras los terribles bombardeos del ejército israelí, y las cosas siguen igual si no peor, después de haber soportado tres guerras en 10 años. Ciertamente, no les hace falta muchas instigaciones para dar rienda suelta a su desesperación.

Pero Trump, alentando la arrogancia guerrera de Netanyahu, no hace sino aislar más a Israel en el mundo, en el que nadie se engaña con su pretendido plan de paz. Claro que este pobre consuelo nos lo venimos dando desde hace muchos años… Y, como decía al principio, Europa profundamente sigue dividida e impotente, no hay que olvidar que varios países del Este han estado presentes en la ceremonias de Jerusalén y apoyado explícitamente la actuación del ejercito israelí

Esperemos que la UE sepa mantenerse más unida frente a las actitudes de Trump sobre el pacto con Irán y la política comercial. A la espera de lo que decidan los líderes europeos en la reunión de Sofía, está claro que la retirada de EE.UU del acuerdo cambia el panorama político en Oriente Medio. Tensiona la alianza rusa-iraní y refuerza el eje americano-israelita-saudita. Para Europa   debería ser inadmisible que amenace a sus empresas con las peores represalias económicas y administrativas. Exigir la extraterritorialidad de las decisiones americanas equivale a imponer la ley del más fuerte. No es la primera vez que lo hacen los EE.UU. Ya lo hicieron con Cuba y la UE podría hacer como entonces, aplicando el reglamento de 1996 que intentaba proteger a las empresas europeas frente a las sanciones americanas. Pero es un instrumento frágil cuya aplicación no le va a quitar el sueño a Trump.

Todo dependerá de lo que las propias empresas europeas decidan hacer. Total, que inevitablemente tiene que utilizar el dólar en el mercado mundial del petróleo, ya ha anunciado que deja la inversión de 5.000 millones de dólares que había iniciado para explotar el gas iraní. Trump pagará el precio de perder el contrato de Boeing, pero le da igual. ¿Seremos capaces de contestarle con un Europe first a su America first? Nada menos seguro porque los intereses de los grandes países no coinciden y puede que al final las grandes declaraciones se quedan en papel mojado.

Habrá que valorar la respuesta que salga de Sofía, que aquí en Dakar todavía no conozco. Como tampoco sabemos todavía quién será el primer ministro de Italia que aplique el acuerdo de gobierno al que han llegado ya los dos movimientos antieuropeos que, por la derecha, la Liga, y por la izquierda, 5 Stelle, han ganado las elecciones y ahora han juntado, a última hora, sus fuerzas para gobernar.

Antes de las elecciones, en Bruselas se estimaba que este sería el peor escenario para Europa, y ese escenario se ha concretado. Podemos decir que los populistas italianos ya tienen su programa común. Y es un programa que se enfrenta directamente con la UE. Si sumamos el tipo único que ha exigido la Liga, con un gran coste recaudatorio, con la renta mínima ciudadana que había prometido 5 Stelle, que implica un gran aumento del gasto, no se ve como Italia puede cumplir ni de lejos sus compromisos europeos. De momento el tipo de interés de la Deuda pública ya se ha disparado.

Ahora, cuando se sepa quién es el candidato a primer ministro, el Presidente de la Republica deberá, según la Constitución italiana, dar el visto bueno a ese programa de gobierno. Pero si así es, Italia entrara en línea de colisión con la UE.

Y, entre unos y otros, la integridad y la capacidad del proyecto europeo se verá puesta a dura prueba.