Italia (y Europa) vistas desde Oxford

Puesto que en Catalunya la situación política sigue bloqueada, sigamos ocupándonos de Europa donde los acontecimientos se acumulan.

El independentismo catalán, o mejor en plural los independentismos, puesto que hay varios y cada vez más enfrentados, está demostrando que no tiene ningunas ganas de gobernar y que se va hundiendo poco a poco en la actitud política del nihilismo anarquista y la falta de un proyecto político viable.

La discusión encarnizada entre ERC y Puigdemont sobre como repartirse los cargos que permiten controlar TV3 y los demás medios de comunicación públicos, sin ninguna otra referencia a un programa de gobierno, lo demuestra. El tiempo sigue pasando y sin perspectivas de que pueda haber un gobierno apoyado por la mayoría parlamentaria que, nos guste o no, es independentista. Han estado semanas empeñándose en la imposible candidatura de Puigdemont, y si de verdad estuviesen interesados en levantar el denostado 155 y formar un gobierno propondrían un candidato que pudiera ser elegido. Pero nada de eso, el tiempo sigue pasando sin que el reloj se haya puesto en marcha para que empiece a contar el plazo para nuevas elecciones. Y me temo que seguiremos así un tiempo.

En cambio,  en Europa los socialdemócratas alemanes han aceptado formar una nueva gran coalición por una mayoría muy superior al ajustado resultado que se esperaba. En Bruselas se ha suspirado con alivio.

Pero también sabemos, como era de temer, que el resultado electoral en Italia la hace tan ingobernable como Catalunya.

Pero el problema de Italia no es solo italiano, sino que refleja un problema europeo.

En el seminario en el que participo en el Saint Anthonys College de la Universidad de Oxford, cambiando la nieve de Roma por la pertinaz lluvia británica, se considera  que el resultado electoral italiano constituye también una critica a como se esta construyendo el proyecto de integración europeo y es un buen exponente de las mutaciones que se están produciendo en el paisaje político europeo.

Desde Oxford se analiza el voto de los italianos como el de un verdadero cataclismo electoral, caracterizado por el fracaso de la izquierda y el ascenso de dos fuerzas políticas antisistema, que se reparten el país geográficamente. El triunfo del M5S en el sur refleja la desesperación de una parte muy importante de la población y, en el norte, el de la Liga (que ya no se llama del Norte) en forma de un voto nacionalista .Toscana y Trentino so las excepciones a este divide territorial y los últimos baluartes del PD de Renzi.

Este resultado refleja la división de la nación italiana tanto como un preocupante rechazo a Europa. Aunque el voto a M5E y a la Liga sean tan diferentes, los dos reflejan el temor de una sociedad amenazada por la desindustrialización y el subempleo. Su distribución territorial señala como la unidad política de Italia no está del todo terminada. La mítica frase de Cavour : “hemos hecho la Italia, ahora hemos de hacer a los italianos”, cobra toda su pertinencia.

No voy a insistir en lo que significan los fracasos personales de Berlusconi y de Renzi, cada cual el suyo y por diferentes razones. Uno u otro estaban pensando, sin confesarlo, en que la única salida en un país sin mayorías capaces de gobernar era que el centro izquierda se aliara con Berlusconi, o viceversa, como única alternativa a gobiernos extremistas o antisistema. Pero esa solución ya no es posible y la torpe y soberbia reacción de Renzi ante su derrota lo descalifica porque ya no  tiene el apoyo ni de su propio partido

Desde Europa, y cuando digo esto no quiero decir solo desde Bruselas, se haría mal en seguir denostando y estigmatizando el “populismo” italiano, sin preguntarse sinceramente por sus causas. Estas tienen mucho que ver con la relación que la UE ha tenido con Italia desde que en el 2011 se empujo la salida Berlusconi por la puerta de atrás y se impuso a Italia las políticas de austeridad  en las que el centro izquierda de Renzi ha naufragado como naufragó el PSOE de Zapatero.

Históricamente, las relaciones históricas de Italia con Europa, y viceversa, son mucho más intensas que las de España. Casi podemos decir que Europa ha tenido un papel fundamental en la construcción italiana, mientras que estuvo ausente de la de España. Fue la Europa de Napoleón III la que alumbró la unidad italiana, ya que el risorgimento de 1860 ni hubiera triunfado sin su ayuda militar. En 1918, Italia se colocó del lado de los vencedores de la I Guerra, y el Tratado de Roma le permitió integrarse plenamente en la democracia europea y superar el fascismo.

Pero también es la política económica que ha venido de Europa, y aplicada desde Monti a Renzi, la que ha tenido efectos muy negativos para la sociedad italiana y en particular para los jóvenes. También es Europa la que ha abandonado a Italia ante un flujo de inmigrantes que en el 2017 ha superado los 170.000, que ha permitido que la Liga lo presente como una amenaza para la cohesión social y la seguridad personal.

También es Europa, es decir el presidente de la Comisión, J C Juncker, el que, antes de las elecciones, recibió a Berlusconi, el mismo al que la Comisión empujó a la dimisión en el 2011, para preservar su relación con un posible futuro gobierno italiano que fuese “operativo”.

Una aproximación que no ha servido de nada, porque Berlusconi ha sido superado por la Liga y porque el centro izquierda representado por el PD no ha llegado ni al 20 % que parece ser la marca electoral de la socialdemocracia en Europa, y a los demás partidos de la izquierda socialista o ex comunista les ha ido todavía peor. D’Alema, por ejemplo, ni siquiera ha conseguido ser elegido, ni Emma Bonino ha llegado al 3 %.

¿Y ahora, que? Habrá sin duda trasvases de diputados entre partidos, una costumbre muy italiana y puede que se lleguen a formar mayorías a base de transfuguismos. Pero algunos de los italianos que participaban en el encuentro de Oxford opinaban, y a mí me parece razonable su opinión, que la salida más democrática y menos peligrosa sería que el PD permitiera que gobernase el M5S. A fin de cuentas ha sido el partido más votado, por encima de 31 %, todo un record. Son menos peligrosos que los neofascistas de la Liga, y así tendrían que enfrentarse con lo que significa gobernar y no contentarse con la permanente protesta.

Pero no parece que eso vaya a ser posible. Renzi ya ha dicho que dimite, pero que no se va hasta que este seguro de impedir esta solución. Es una forma de irse pero quedándose los meses que se tarde en formar gobierno y mientras tanto ya veremos.

¿Pero cual seria una alternativa? ¿La alianza de las dos fuerzas populistas, M5S y la Liga, vencedoras relativas de las elecciones?. Mucho peor para el rumbo futuro de Italia que se colocaría en colisión contra Europa. ¿O, como en Catalunya empieza a parecer ya inevitable, nuevas elecciones? No se en Catalunya, pero en el caso de Italia, encontraran una solución para evitarlas.

Pero mientras tanto, a pesar de que en Alemania se haya conseguido una cierta estabilidad política, la situación en Italia impedirá que Europa avance.