Un año de Trump

Donald Trump ha cumplido un año como Presidente de EE.UU. Y lo hace justo cuando la administración federal se paraliza parcialmente, como consecuencia de la falta de acuerdo entre demócratas y republicanos para aprobar en el Senado la prorroga presupuestaria por un mes que ya habían aprobado los congresistas en la Cámara de Representantes.

Lo que los americanos llaman el shutdown muestra de forma explicita la parálisis, la división y la discordia que caracterizan este primer año de Trump en la Casa Blanca. No es la primera vez que ocurre, la última fue en el 2013, pero sí es la primera con un Presidente cuyo partido tiene mayoría en las dos Cámaras. Cierto que en el Senado hacía falta una mayoría calificada de 60 votos que los republicanos no tienen, pero el  fracaso de ultima hora en la negociación , y las razones por las que el acuerdo no fue posible, le deja en mal lugar y aumenta la fragilidad de su posición.

Aquí en Europa nos cuesta imaginar que una administración publica pueda cerrar, aunque sea transitoriamente, porque los parlamentarios no se ponen de acuerdo en votar los fondos necesarios para su funcionamiento. Pero en EE.UU. , donde la flexibilidad laboral es mucho mayor incluso en la función publica, a partir del lunes unos 850.000 empleados irán al paro, total o parcial, lo que hará que muchas agencias federales, que ejercen funciones consideradas “no esenciales”, desde las de recaudación de impuestos a los parques nacionales, funcionaran al ralentí. El ejército seguirá operando, pero los militares tendrán que esperar a que se llegue a  un acuerdo para cobrar sus sueldos.

Trump, en sus famosos tuits, ya había anunciado en mayo pasado que no vendría mal un shutdown para poner en orden el lío (“bazard”) de la administración. Bueno, pues ya lo tiene. Y no creo que le sirva para resolver los problemas administrativos, sino para hacerlos mayores. Hacer recaer la responsabilidad sobre los demócratas, como ha hecho con otro de sus tuits, acusándoles de tomar como rehenes a los ciudadanos y a los militares americanos para conseguir sus desmesuradas exigencias en materia de inmigración ilegal, es un mensaje que seguramente le comprarán sus bases. Pero la verdad es que al final Trump rechazó el acuerdo al que habían llegado los senadores de los dos partidos para encontrar una solución al problema de los “dreamers”, los hijos de los inmigrantes ilegales, que entraron ilegalmente con sus padres siendo niños, no han  conocido más país que EE.UU, pero a los que Trump pretende expulsar y que desde septiembre han perdido la protección que había establecido para ellos la administración Obama.

Los demócratas pedían, a cambio de su voto a la prórroga presupuestaria, una solución definitiva para ellos, que, según las encuestan, también pide una amplia mayoría de estadounidenses, republicanos incluidos, aunque la distribución territorial de esta actitud condiciona el voto de los senadores

De hecho, cuatro senadores demócratas  han votado a favor de la prorroga porque se enfrentan a una difícil reelección en la elecciones parciales al Senado del próximo otoño. Pero otros cuatro republicanos han votado en contra. La posición de ambas partes parece muy intransigente, pero, al final, si la situación se prolonga la opinión publica les responsabilizara a todos sin distinción.

Más allá de esta especial circunstancia, lo que destaca del balance de este primer año es la manifiesta poca preparación con la que Trump abordo su mandato. Sea o no verdad, según cuentan en el libro de moda Fire and Fury,  que Trump no imaginaba, ni quizás deseaba, ganar a Hillary, lo cierto es que la falta de preparación se demostró en la caótica transición de poderes con la administración Obama y los continuos cambios en los puestos de máxima responsabilidad nombrados por Trump.

Como ejemplo, un estudio de la Brooking Institution demuestra que el 34 % del equipo presidencial ha sido cesado durante este primer año, a comparar con el 6 % de Obama y el 11% de Bush hijo. En realidad Trump ha seguido en campaña electoral permanente después de su elección, dedicándose a excitar a sus bases, situándose muchas veces fuera de la realidad, mas que a dirigir el trabajo de su gobierno para enfrentarse a los problemas reales del país. ¿Les suena?. Algo así podríamos decir de la tarea de gobierno del independentismo capitaneado por Puigdemont y Junqueras.

Su balance contiene elementos muy claros de su orientación ideológica, como la super regresiva reforma fiscal, las desregulaciones masivas y el nombramiento  de jueces federales muy conservadores que seguirán allí durante decenas de años. Su impopularidad es muy grande, cuando históricamente los Presidentes americanos suelen ser muy populares en su primer año de mandato, pero puede presumir de que la economía americana va muy bien.

Parece que los americanos siguen divididos en tres bloques, como lo estaban durante la campana electoral. A un tercio le gusta Trump, su estilo y forma de comunicar, no están siempre de acuerdo en lo que dice pero les parece un tipo franco porque dice lo que piensa, lejos, ciertamente muy lejos, de la lengua de madera de los políticos tradicionales. Otro tercio le detesta y el tercio restante está en el medio y oscila. Trump no ha aumentado sus bases pero las ha radicalizado.

En la escena internacional no ha dejado de alterar los equilibrios que heredo y de provocar sobresaltos que han afectado a la lucha contra el cambio climático, los acuerdos comerciales, el conflicto Israel-palestina, el acuerdo con Irán y el pulso peligroso con una potencia nuclear como Corea del Norte. No ha dejado títere con cabeza, pero al menos no se ha metido en otra gran guerra imperial tan catastróficas para los EE.UU. como las de Vietnam e Irak.

Para muchos europeos, entre los que me cuento, sigue siendo incomprensible como un líder político que según todos los que pueden testimoniarlo es un personaje irascible, infantiloide, narcisista, mal informado, racista, incapaz de concentrarse seriamente en la solución de problemas complejos, hostil a las mujeres, a los afro-americanos, a los pobres haitianos, a los latinos, a los medios de comunicación… ha podido llegar donde a la cima del poder mundial .

Y más aun que pueda ser reelegido. Pero muchos de mis amigos americanos no lo excluyen y creen que las fuerzas progresistas hacen mal en minusvalorarle y ridiculizarle. O confiar en improbables impeachments después de las elecciones de otoño. Haría falta una aplastante mayoría demócrata en el Senado también difícil de imaginar.

Trump ha conseguido aprobar la reforma fiscal que había propuesto, que tendrá graves consecuencias para la cohesión social y aumentara las desigualdades, pero ha fracasado en su intento de desmantelar el Obamacare y de prohibir la inmigración de países musulmanes, los 3.000 km del muro con México siguen siendo una fantasía y todavía no ha dado un golpe de pico en sus grandes planes de infraestructuras. Además, su poder de acción está limitado, como se ha visto, por que no tiene mayoría de 60 votos en el Senado, (tiene solo 51 contra 49), por el contra poder judicial y por la estructura federal del país que permite a los Estados cortocircuitar la aplicación de las decisiones federales, como esta haciendo California en materia de cambio climático y de inmigración.

Pero aunque el shutdown  presupuestario le haya amargado la fiesta de aniversario, los demócratas tendrán que espabilar para evitar que, gracia  al desequilibrio del sistema electoral, pueda volver a ganar la Presidencia, aunque no tenga la mayoría de votos, como ha ocurrido en Catalunya, y como ya le ocurrió a el mismo frente  la Sra. Clinton.