Democracia y demoscopia

Una de las tres interrogantes a las que me refería en mi último articulo en estas páginas digitales (“Pelotas en el aire, 14 de diciembre”) ya ha tenido respuesta. Me refiero a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas que han dado como resultado la clara victoria del candidato conservador Sebastián Piñera, que le ha sacado 10 puntos de ventaja a Alejandro Guillier, candidato de la coalición de centro izquierda que iba desde la democracia cristiana al partido comunista.

Esta claro que las viejas y las nuevas fuerzas progresistas chilenas no han sido capaces, o no han querido, sumar sus votos para elegir a un Presidente que hubiera podido inflexionar las políticas liberales que han hecho de Chile uno de los países más desiguales de América Latina. Pero, además de esa nueva derrota de la izquierda tradicional latinoamericana, el resultado es claramente distinto del que preveían todas las encuestas. Dos días antes de la votación se anunciaba un virtual empate técnico entre los dos candidatos y una participación mayor que en la primera vuelta. Y en cambio la diferencia ha sido de10 puntos y la participación menor, bajando hasta un escaso 40 %. Una nueva “derrota” de las encuestas que cada vez parecen tener menos capacidad de prvision, sobre todo cuando las elecciones toman un carácter trascendental como era el caso de las presidenciales chilenas.

Como dice el sociólogo y experto en análisis electoral José Félix Tezanos, hasta hace poco “los procesos electorales que tenían lugar en los países desarrollados eran razonablemente predecibles, pero esta previsibilidad se ha visto trastocada en la mayoría de las ultimas elecciones”. Parece que hay un problema estructural en la elaboración de esas estimaciones estadísticas, al que probablemente contribuye su carácter telefónico, pero puede que la propia volatilidad de las opiniones del electorado haga muy difícil prever su comportamiento. O la singularidad de la cuestión que se somete a votación, como fue en el caso del Brexit o en la elección de Trump. El caso es que las encuestas no parecen ser un buen instrumento de anticipación de lo que los electores van a decidir, y puede que contribuyan a generar más incertidumbre al anunciar un numero muy elevado de indecisos que posiblemente no lo son sino que en realidad ocultan sus intenciones de voto.

Las elecciones chilenas ya quedan atrás y su resultado obliga, todavía más,  a analizar  las relaciones entre la “vieja” y la “nueva” izquierda que no son capaces de complementarse para formar gobiernos alternativos a los de la derecha, como ocurrió en España. Sólo en Portugal, de momento, prefirieron investir a un gobierno socialista en minoría y los resultados han sido muy positivos. Pero el ejemplo no ha sido seguido en ningún otro país.

El segundo interrogante, el de las elecciones en Catalunya, se estará dilucidando cuando estas paginas, que escribo en el Ave entre Barcelona y Madrid, se publiquen. La campaña se ha acabado y es el momento de votar después de haber reflexionado. No cabe ya anadir nada a lo mucho que se ha dicho, sino simplemente reiterar la llamada a la participación que se espera la mayor de la historia electoral, por encima del 80 %.

En realidad ya fue  del 81 % en la Catalunya interior en las pasadas elecciones autonómicas del 2015. Pero fue menor, 6 puntos menos en el área metropolitana de Barcelona. Todo parece indicar que esta vez la participación será más homogénea territorialmente, o al menos así lo indican las encuestas.

¿ Se equivocaran estas otra vez?. Es posible, porque el numero de indecisos, o de votos ocultos es también muy grande. Todo el mundo parece ser consciente de la importancia de estas elecciones tan atípicas y con una campana tan intensa. Pero debe ser difícil anticipar el cambio en el voto entre los dos denominados “bloques”, a los que se ha bautizado con los términos sintéticos de independentista y constitucionalista. Tanto como los cambios de posición en el interior de cada bloque, que se presentan mas divididos, por no decir enfrentados, que en el 2015, en particular el independentista.

Pero, como decía, ya no es tiempo de aportar argumentos a favor de unos o de otros sino de llamar a la participación, que siempre es importante, pero esta vez más que nunca. Esta vez lo de la jornada de reflexión no va a ser de trámite, y seguro que muchos electores habrán sopesado las consecuencias de su voto para el futuro de Catalunya y de España.

Y, si nadie obtiene la mayoría absoluta que le permita gobernar, se abrirá un interesante escenario político que pondrá a prueba la capacidad de negociación de unos y de otros

Y en cuanto al tercer interrogante, la formación de gobierno en Alemania, tan importante para toda Europa, la apertura de negociaciones entre el SPD y la CDU parece  anunciar un nuevo gobierno de coalición, porque seria raro que esas negociaciones fracasaran. Y además allí es el Presidente de la República el que tiene la capacidad de decidir acudir a nuevas elecciones y puede hacer toda la presión sobre las partes para que eso no ocurra. La última palabra la tendrán los militantes del SPD, pero mi apuesta es por una nueva grossen koalitionen que pueda desencallar la construcción europea.

Mientras tanto ocurren otras muchas cosas de las que ojala que podamos tener tiempo y ocasión de tratar una vez que esas incógnitas, en particular la de Catalunya de hayan resuelto. La regresiva reforma fiscal de Trump, por ejemplo, la más importante que se ha hecho en EEUU en los últimos 30 años, o las polémicas decisiones del Consejo Europeo de rebajar las ambiciones europeas en materia de cambio climático, o el imparable aumento de las desigualdades en el mundo.

Pero ahora, y por si no tuviera ocasión de hacerlo en los próximos días, permítanme desear a los lectores de La República de las Ideas un merecido descanso navideño.