Vísperas catalanas (III): Desbordamiento emocional y movimiento insurreccional

En Barcelona se vive un desbordamiento emocional en el que ya no hay sitio ni lugar para razonar. Y con unas actitudes por parte de los responsables de las instituciones catalanas y de los partidos políticos independentistas que no cabe sino calificar, y desde hace ya tiempo,  de abiertamente  insurreccionales contra el orden constitucional. Están llamando a la movilización popular contra lo que se presenta como el aplastamiento de los derechos y las libertades fundamentales de los catalanes y la supresión de facto de su autonomía por el Estado español.

La nueva consigna es que ahora ya no va de independencia, ahora se trata de defender la democracia y la libertad,  como acaba de hacer la inefable señora Colau solicitando el apoyo de los alcaldes europeos, o como una lucha contra un franquismo resucitado Y eso parece haber calado en una parte importante de la población dispuesta a responder a esa llamada a la movilización.

Es increíble que se hable de defender la democracia y las libertades, cuando en Catalunya hay una Presidenta del Parlamento que cree que su alta función es compatible con andar vociferando por las plazas que los que voten a partidos políticos como el PP o Ciudadanos, no son catalanes.

Ese es un lenguaje propio de los peores totalitarismos. Es increíble que eso ocurra en una democracia avanzada, y más lamentable aun es que a millones de ciudadanos la justifiquen y la sigan.

Es increíble que un miembro del Gobierno de la Generalitat, abundando en la misma idea, pueda decir que los que no quieran participar en ese referéndum, simplemente “no son ciudadanos sino súbditos”. Y no hay más que ver las oleadas de miseria moral que inundan las redes llamadas sociales insultando y acosando a los que se atreven a explicar por qué no van a participar.

Pero esas actitudes no representan a todos los catalanes, aunque a un marciano que observara a distancia lo que ocurre en Catalunya, le parecería que hay una absoluta unanimidad en torno a la voluntad de independencia, puesto que solo percibiría la fuerza, el entusiasmo y la movilización entorno al relato independentista.

Estos cabalgan a lomos de sus emociones desbocadas, envueltos gozosos en una bandera, una épica histórica y una ilusión para construir el futuro, con un himno que cantar y otro al que silbar. Y aunque estas emociones se basen en muchas falsedades, a fuerza de repetirlas se han convertido en verdades inapelables.

Tienen un enemigo, el Estado español, y creen que el mundo les recibirá con los brazos abiertos porque el derecho internacional reconoce y defiende su derecho a la autodeterminación. Y, por supuesto, que el nuevo Estado independiente seguirá siendo de forma automática, o con muy breves negociaciones, miembro de la UE y del euro.

Muchos corresponsales extranjeros, abrumados por el peso de la propaganda oficial, me preguntan por qué la otra parte de los ciudadanos de Catalunya, que según las últimas elecciones son algo más de la mitad, ha estado silenciosa.  Mi respuesta es que es por temor o por desinterés. Pero sobre todo porque les falta un relato movilizador. Y porque la política de comunicación del gobierno español ha sido un desastre.

Pero el problema es más grave. Desgraciadamente, España no tiene quien le escriba. En el peor de los casos, su relato se caricaturiza en esos castizos e inoportunos ¡oé, oé!,  a por ellos!

Lo que vaya a ocurrir mañana dependerá fundamentalmente de lo que hagan los mossos, la policía autónoma catalana. Si alguien creyó las promesas de sus mandos de que iban a cumplir lealmente con las órdenes de la fiscalía primero y del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya después, realmente no saben en qué país viven.

Ahora ya está claro que los responsables políticos de la Generalitat y los mandos operativos de los mossos han advertido que sus actuaciones tendrán que tener en cuenta los problemas de orden público que se pueden crear si intentan que se cumplan las instrucciones judiciales de impedir la votación. Es decir, que sus mandos que se pondrán de perfil y dejaran que la votación se produzca alegando que son impotentes para impedirla sin producir inevitables enfrentamientos

Lo que pasa en Catalunya estos días tiene algo de ubuesco y produciría hilaridad si no fuera tan dramática la situación. ¡!El mismo gobierno que convoca un referéndum ilegal y mantiene a gritos su in tención de celebrarlo a pesar de lo que digan el Tribunal Constitucional y los jueces, es el que convoca y preside la reunión de la Junta de Seguridad que debe coordinar las medidas para impedirlo ¡!. Y naturalmente no se llegan a ningún acuerdo sobre cómo hacerlo.

Y cuando ese desacuerdo se materialice este domingo, ¿es imaginable que el gobierno movilice sobre la marcha la policía nacional y la Guardia Civil para “auxiliar” a los mossos en su misión, que en la práctica equivaldría a substituirles en ella?

Rajoy ha prometido que la votación no se producirá. Le asiste la Ley para ello, pero a estas alturas no sabemos todavía como lo va a hacer. Ni a qué coste.

Pero el independentismo ya habrá conseguido su verdadero objetivo, el de aumentar la tensión, seguir provocando al gobierno hasta generar una situación de conflicto irreversible. Es lo que dice Forcadell cuando clama que hay que poner al Estado contra las cuerdas.

Hay mucha gente de buena voluntad que se cree que la independencia, y con ella un país mejor, están al alcance de la mano. Pero los líderes independentistas saben que este referéndum, tal como se va a celebrar, no tendrá ningún efecto práctico porque una declaración unilateral de independencia estaría vacía de efectos reales, aunque cargada con todos los elementos de un grave conflicto social.

Lo ha dicho claramente el mesiánico Junqueras : “sólo con la foto de la policía impidiendo una votación ya hemos ganado”. Y va a conseguir muchas fotos de catalanes haciendo cola para querer votar y la policía tratando de impedirlo. Esto es ya inevitable. No serán fotos simpáticas, explotadas mediáticamente para presenta a España como un Estado opresor.

Pase lo que pase el día 1, es de temer que en su fuga hacia delante, el independentismo pretenda llevar a la práctica las previsiones de su Ley de desconexión y declarar la independencia de forma unilateral. Algunos dirigentes de PdeCat, lo que podríamos llamar la burguesía de la ex Convergencia, se muestran más prudentes. Pero los radicales de la Cup están ahí para evitar deserciones.

Ahora ya se trata solo de dar razones, para quien las quiera escuchar, por las que no se debe participar en este referéndum ilegal que no reúne ninguna garantía democrática. Lo han hecho muy bien Xavier Sarda en un artículo publicado hace días en El Periódico de Catalunya y el profesor Oriol Bartomeu de la Universidad de Barcelona (http://oriolbartomeus.blogspot.com.es/2017/09/per-que-no-hi-anire.html?m=1)

No sabría hacerlo mejor que ellos lo hacen. Solo quiero señalar la oleada de ataques que han recibido, sobre todo Bartomeu que ha sido el último en escribir para explicar todas las razones jurídicas y políticas por las que no participara en esa votación que no puede conducir a ninguna parte más que a dividir todavía más a la sociedad catalana. Y más aún Miquel Iceta, primer secretario del PSC, por difundir su texto.

Como ellos, yo también temo que Catalunya y España, saldrán más debilitadas, crispadas y divididas del 1 de octubre. Y no creo que a una buena parte de los convocantes les preocupe que así sea, más bien es lo que buscan.

Sera difícil volver a contener las emociones, de uno y de otro lado.  Al llegar a Madrid me encuentro con un mar de banderas rojigualdas de una manifestación en defensa de la unidad de España. Los demonios de ayer que creíamos vencidos, despiertan de nuevo. Esperemos que el gobierno tenga algún plan para mañana y sobre todo para pasado mañana, cuando todo esté de nuevo por hacer.