Remontadas

Las buenas noticias macroeconómicas han continuado desde que nos fuimos de vacaciones. Nos llegan tanto de EEUU como de la Unión Europea, consolidando la opinión de que la crisis iniciada hace 10 años ha sido superada, al menos en las grandes magnitudes agregadas de la economía, y anticipando el cambio de rumbo en la política monetaria.

Empezando por la zona euro, el pasado martes 1 de agosto, Eurostat nos informaba de que el PIB de la unión monetaria había crecido un 0,6 % en el segundo trimestre y un 2,1 % interanual, la tasa más alta desde el 2011. Reconozcamos que hace un año, cuando el Brexit y el ascenso de los populismos nublaban el horizonte, nadie esperaba un comportamiento tan sólido y continuado. De momento, los únicos que están empezando a sufrir las consecuencias económicas del Brexit son los británicos, a pesar de todos los cuentos que les contaron sobre los beneficios que les reportaría.

Por países, de momento Eurostat solo ha dado los datos de Francia, Bélgica, Austria y España; a mitad de agosto conoceremos las de los demás, pero de momento vamos en cabeza con un 0,9 %. Una remontada económica en cuyo contexto es más meritoria todavía la remontada política del PSOE que , según la última encuesta del CIS, se queda a solo cuatro puntos del PP y es el primero en intención directa de voto. De nuevo, la realidad ha desmentido a los profetas de la desgracia.

Después volveremos a comentar la inesperada remontada del PSOE de Pedro Sánchez en la percepción de los electores. Siguiendo con los datos económicos de la eurozona, es de destacar que la inversión ha contribuido notablemente a su crecimiento, lo cual es una noticia especialmente buena. Incluso la producción industrial ha crecido en todos los países miembros. Y la exportaciones también han crecido tiradas por la expansión del comercio mundial.

Es posible que la apreciación del euro frene este crecimiento en el segundo semestre, pero puede verse compensada por el aumento de la demanda mundial. La incertidumbre política ha disminuido y los optimistas esperan ya un crecimiento del 2,2 % para el conjunto del 2017.

Pero no conviene dejarse entusiasmar demasiado por los datos coyunturales. El paro ha bajado, pero sigue en un 9,1 % para la eurozona y con diferencias abismales entre el cuasi pleno empleo de Alemania con el 3,8 %, al coste de una creciente precariedad en su sector servicios, y nuestro 17 %. Y buena parte de esta remontada mejor de lo esperada se debe simplemente a que estamos recuperando lo perdido. Estábamos por debajo de nuestro PIB potencial y poco a poco nos estamos acercando a el, de forma que en el 2018 estaremos de nuevo creciendo a nuestro ritmo de crucero, en torno al 2,4 %. Una tasa insuficiente para reducir los niveles de paro. Para superarla harán falta aumentos de la población activa, difícil en una sociedad que envejece, y sobre todo de la productividad.

Y aquí el problema es que el crecimiento potencial diverge entre los países. En general más débil en el sur, incluyendo a Francia, y más fuerte en el Norte, lo que aumentará la divergencia entre las economías europeas, que el euro se suponía que iba a reducir.

De manera que cuando nos preguntamos si hemos salido de la crisis, hay que contestar afirmativamente sí nos referimos a la fase aguda de la crisis, pero no sí nos referimos a que el enfermo haya recuperado la salud y superado las secuelas de la enfermedad. Hemos salido de la UVI pero quizás hemos entrado en una fase crónica de la crisis, arrastrando algunas de sus graves consecuencias que se han hecho estructurales en las economías y sociedades europeas.

Y ha sido así porque, en buena parte, las terapias aplicadas no han sido las adecuadas y no se han acompañado de otras. El propio BCE, en su nota del 1 de agosto, reconocía que la política de austeridad aplicada durante la crisis había fragilizado el crecimiento futuro. E invitaba a los Estados miembros del euro ha modificar sus políticas fiscales aumentando la inversión en infraestructuras, educación y sanidad para aumentar el potencial de crecimiento.

Que lo diga el BCE permite suponer que no es una receta dictada desde posiciones de la extrema izquierda. Pero en lo que a recetas se refiere, en Europa seguimos en el debate entre la mayor flexibilidad del mercado laboral, a la que se ha sumado Macron rápidamente, y el papel de la inversión publica como motor del crecimiento. Lo que es seguro es que necesitamos más innovación tecnológica, y desgraciadamente en este terreno Europa sigue perdiendo posiciones con respecto a EEUU.

Es en ese país donde la remontada económica sigue siendo la mayor y más prolongada. Las cifras de empleo en julio han vuelto a superar las previsiones. El desempleo en el 4,3 %, la menor tasa de los últimos 16 años. Y además la tasa de actividad de la población también ha aumentado. Es realmente impresionante que después de haber creado 17 millones de empleos desde las profundidades de la crisis financiera, se sigan creando puestos de trabajo a este ritmo. Wall Street esta en máximos desde el inicio de la crisis. Trump no ha dudado en apuntarse esos resultados, atribuyéndolos a su política de desregulación, y señalando que los negros augurios acerca de los efectos nefastos que su Presidencia iba a tener para la economía no se han producido.

Si Trump puede sacar pecho porque la economía americana sigue su remontada, la mayor satisfacción por los datos conocidos esta semana corresponde sin duda a Pedro Sánchez y a la nueva dirección del PSOE surgida de las pasadas elecciones primarias.

El barómetro de julio del CIS es sin duda la mejor noticia para el socialismo español en muchos años. Debería acallar muchas voces criticas internas, que siguen sin aceptar el resultado de las primarias. Reducir la diferencia con el PP en 5 puntos en solo un trimestre solo puede atribuirse al “efecto Sánchez” y al entusiasmo que ha provocado su victoria contra todo pronostico, frente a una candidata que parecía tener todos los apoyos políticos y mediáticos, simbolizados en la ya famosa foto de la primera fila del IFEMA y los despiadados ataques de los medios afines a los que allí se sentaban.

Cuando eso ocurre, hay movimientos de fondo en la opinión, no solo de los militantes a los que se les invita a avalar a un candidato pero luego en el secreto de las urnas votan a otro, sino de los ciudadanos que se reclaman de la izquierda en general. Otra buena noticia es que el PSOE no solo se acerca al PP sino que se despega de Podemos, que saca muy poco rédito de su teatral pero inocua moción de censura a Rajoy.

Guste o no guste a unos y a otros, la opinión detectada muestra su apoyo al llamado “giro a la izquierda” de Sánchez. El conjunto de la izquierda se fortalece frente al conjunto de la derecha o del centro derecha. Que, a pesar de una situación macroeconómica ciertamente tan buena como la actual, la opinión castigue al gobierno, quiere decir que al PP le empiezan a pasar factura sus problemas de corrupción.

Puede que, como en la economía, este resultado sea coyuntural y refleje ese pico de entusiasmo que la victoria del supuesto perdedor suele producir. Puede que también sea un premio al valor político que Sánchez ha demostrado, y a la madurez que ha ganado al pasar por una remontada que pocos políticos hubieran sido capaces de protagonizar. Pero es seguro que es una inyección de moral para sus seguidores y una advertencia a los que pudieran estar tentados de seguir la querella interna.