Lecciones de las elecciones en Europa

Esta pasada semana hemos celebrado el 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas en España, se han iniciado las negociaciones del Brexit, ha tenido lugar una interesante controversia sobre la nueva posición del PSOE acerca de la ratificación del hasta ahora desconocido Ceta (tratado de comercio e inversiones entre la UE y Canadá), Macron se ha estrenado como nueva estrella en el Consejo Europeo defendiendo “la Europa que protege”, Pedro Sánchez ha retomado su diálogo con los líderes de Ciudadanos y Podemos, y el gobierno de la Generalitat ha declarado desierto el concurso para comprar las urnas para celebrar el anunciado referéndum del próximo otoño.

Esos acontecimientos resultan de las pasadas decisiones de los electores, que conviene analizar comparativamente desde una perspectiva europea. Algo de eso hicimos en  la presentación del libro del periodista  Jesús Maraña “Al fondo la izquierda” en la que intervine junto con Iñigo Errejón con gran afluencia de público. El libro narra la crisis del PSOE y los debates internos de Podemos, y de alguna manera es complementaria del mío ,“Los idus de octubre”, y del de Jordi Sevilla, “Porque no fue posible un gobierno del cambio”.

Y habrá que seguir haciéndolo, con el mayor rigor posible, porque las elecciones primarias en el PSOE han abierto una nueva etapa que algunos simplifican como la de la búsqueda del voto perdido que se nos fue a Podemos, para lo cual habría que escorarse a la izquierda con el riesgo de perder el centro y con ello toda posibilidad de formar una mayoría.

La abstención sobre el Ceta sería el claro ejemplo de esta tendencia. Personalmente no lo creo así, y para los que asistieron a los debates del Congreso del PSOE no debería haber sido una sorpresa esa decisión porque las enmiendas introducidas ya mostraban una posición critica con el Ceta, que no se había manifestado durante el mandato de la gestora.

Pero muchos repiten el mantra de que la intención de Sánchez es radicalizar al PSOE por la izquierda y que, como las elecciones se ganan en el centro, esta es una táctica condenada al fracaso electoral. Que es lo mismo que le vaticinaban a Corbyn, cuya esperada catástrofe electoral era uno de los argumentos utilizados para advertir de los peligros del “izquierdismo” de Sánchez.

En efecto, en los últimos años y en casi todos los países,  la sabiduría convencional ha defendido que los partidos socialistas y socialdemócratas deben ocupar el centro para ganar las elecciones y acceder al gobierno. Y  lo que le iba a ocurrir a Corbyn seria la prueba del algodón de esa tesis.

Pero la realidad ha sido que el Partido Laborista británico, liderado por el izquierdista Corbyn, consiguió el 40 % de los votos. Ganó tres millones y medio más de votos que los que había conseguido su “pragmático” predecesor, Ed Milliband, y más que los que había conseguido ningún otro líder laborista desde Tony Blair.

Este claro éxito electoral, desde una posición inequívocamente de izquierdas, no es solo un punto de inflexión en la política de la izquierda británica, sino que debería inducir reflexiones e implicaciones par las fuerzas progresistas en todo el mundo democrático. Lo que indica es que existe una nueva y mayor demanda de una política progresista, que combata mejor la desigualdad y la debilidad del crecimiento económico del capitalismo globalizado. La misma razón que explica el surgimiento de nuevas fuerzas de izquierda en Grecia,  en Portugal, en España y  también en el interior del Partido democrático en Estados Unidos,

Los recientes resultados electorales en Francia y en el Reino Unido, y a la espera de lo que vaya a suceder en Alemania este  otoño, ofrecen interesantes lecciones para todos los partidos de centro-izquierda. Y una de esas lecciones es que el temor de que la UE se iba a desmoronar bajo las corrientes populistas y contrarias a la integración era exagerado. El nuevo presidente francés está inequívocamente comprometido con el proyecto europeo y ha mostrado los límites electorales de las posiciones proteccionistas y antiinmigrantes de Le Pen. Y al mismo tiempo la mayoría del electorado británico no ha respaldado el hard Brexit  que defiende la líder conservadora, que jugó la carta de las elecciones anticipadas para aumentar una escasa mayoría parlamentaria y se quedo en minoría.

A la vista de lo que suele ocurrirles a los que anticipan las elecciones sin causa justificadas, no parece que el prudente y poco proactivo Rajoy vaya a hacerlo, y por lo tanto la estrategia de la oposición socialista debería inscribirse en el largo plazo de lo que queda de legislatura y aprovechar ese tiempo para elaborar una alternativa tan innovadora como creíble. Pero también cabe preguntarse porque los socialistas tuvieron resultados tan diferentes en el Reino Unido y en Francia cuando en los dos países estaban representados por líderes tachados de “izquierdistas”.

En efecto, ¿ porque a Corbyn le fue bien y en Francia a Hamon, el candidato socialista que también fue presentado como un peligroso izquierdista, le fue tan mal que acabo en quinto lugar?

Probablemente, entre otras razones, por la impopularidad del Presidente  Hollande y el poco tiempo  que tuvo Hamon para distanciarse de sus políticas y dar nueva vida a las propuestas de un PS que no tenia credibilidad y estaba dividido internamente de forma irreconciliable.

A los que gobiernan en épocas de estancamiento económico y de austeridad fiscal, les resulta difícil ganar elecciones. Le ocurrió a Zapatero, mejor dicho a su sucesor Rubalcaba, como les ocurrió a los laboristas británicos que gobernaron con Gordon Brown durante la crisis financiera de 2008. Y ahora, después de siete años de austeridad, los electores británicos han castigado a los conservadores tanto en el referéndum de junio del 2016 como en las recientes elecciones parlamentarias.

También  a Rajoy le han costado electoralmente las políticas de ajuste, pero puede seguir gobernando gracias  al división de la izquierda,

Hollande se benefició de la recesión que sufría Francia y que Sarkozy no había sido capaz de corregir. Pero no cumplió con sus promesas y expectativas electorales. Se dirigió rápidamente hacia el centro, aceptó las duras normas europeas sobre la reducción del déficit y, a pesar de introducir medidas de flexibilidad laboral, la eurozona no recupero el crecimiento y arrastró  al PS en su caída.

Por eso hay que relativizar también la victoria de Macron, que no es la traducción electoral del respaldo a políticas de centro liberal, como rápidamente quiso apropiarse Ciudadanos, ni de un nuevo entusiasmo europeísta. En la primera vuelta de las elecciones, el 40 por ciento apoyó a candidatos que explícitamente rechazaban las políticas de austeridad europeas ( por la derecha Le Pen con el 21 % y por la izquierda Jean-Luc Mélenchon con el 19%). Sin los escándalos de poca monta de Fillon , seguramente Macron no seria hoy Presidente de la republica. A veces la gran Historia se escribe con letra pequeña.

En la segunda vuelta, la participación fue la más baja de unas elecciones presidenciales en la Quinta República, y además con un nueve por ciento de votos en blanco. En las siguientes elecciones legislativas, ocurrió lo mismo, con mínimos históricos de participación, de poco más del 40 por ciento en la segunda vuelta. En cambio, en el Reino Unido, la participación aumentó hasta el  69 por ciento  y los conservadores , con un 42 %, liquidaron a los populistas del UKIP.

Y finalmente, no olvidemos que el partido laborista elaboró ​​un ambicioso programa de izquierda con nacionalizaciones de ferrocarriles y empresas de agua, revertir los recortes en sanidad y educación y garantizar aumentos de pensiones. El costo de estas medidas se financiaría por aumentos de impuestos sobre los británicos de mayor renta y del impuesto de sociedades. Y ese programa atrajo muchos votos entre los jóvenes, que en elecciones pasadas se habían abstenido.

¿Qué consecuencias tendrá todo esto para Europa?. En lo que al Brexit se refiere, que ya no hay mayoría para que sea tan Brexit como quería May. Todo dependerá de la posición de los laboristas cuyo electorado, sobre todo los nuevos votantes jóvenes,  ha estado mayoritariamente  a favor de seguir en la UE.

Y en cuanto al deseo de Macron de impulsar una mayor integración europea, dependerá de lo que digan los electores alemanes en otoño. De momento todo son buenas palabras por parte de Merkel, mientras que Schultz esta girando a la izquierda. Pero habrá que conocer esos resultados electorales para saber a que atenerse. Pocas novedades tendremos en el frente europeo hasta entonces.

En cambio, las tendremos, muchas y potencialmente muy graves, en Catalunya. En los próximos meses habrá que prestar más atención a los asuntos domésticos que a los europeos. Pero sin echar en saco roto las lecciones que ya hemos aprendido de las elecciones europeas.