Entre Munich y Zaragoza

He tenido el honor y la satisfacción de que la Cátedra Cervantes de la Academia General Militar de Zaragoza me invitase a pronunciar una conferencia a sus cadetes sobre las razones de ser y las perspectivas de futuro de la Unión Europea en el nuevo escenario geopolítico marcado por el 'brexit' y la Presidencia de Trump en EEUU.

Ha sido una experiencia muy interesante que me ha permitido apreciar cómo y porque nuestro Ejército es una de las instituciones que más se ha modernizado y superado la herencia del franquismo. Tratándose de una conferencia en una academia militar, he procurado dar especial relevancia a la Europa de la Defensa. Bueno es recordar que, antes del Tratado de Roma, los gobiernos europeos firmaron un Tratado por el que se establecía una Unión Europea de la Defensa, pero que el proyecto no prosperó porque no fue ratificado por el Parlamento francés.

Y por eso y desde entonces los padres de la integración europea decidieron seguir el camino de la economía, que parecía ofrecer menos resistencias políticas.

Sin embargo, hoy las cuestiones de la seguridad y la defensa europeas tienen una importancia tan grande como las económicas. Europa aparece cada vez más aislada y rodeada de conflictos. Y últimamente, con Trump, la especial relación trasatlántica ha entrado en una nueva fase de desconfianza, recelo y ambigüedad.

El general que dirige la academia y los oficiales que con el colaboran demostraron tener un gran conocimiento de estas cuestiones geopolíticas y fue enriquecedor comentarlas con ellos en un momento en el que se acababa de celebrar la Conferencia sobre la Seguridad de Munich en la que los EEUU estuvieron representados por el nuevo Vice-Presidente Mike Pence.

Los EEUU tienen razón en pedir a los europeos un mayor esfuerzo en materia de defensa. Obama ya nos lo había advertido y ahora Trump lo hace de una manera menos educada y más exigente. Pero en Munich los EEUU ofrecieron un penoso espectáculo de confusión y de contradicciones, que abre un incierto escenario acerca de cual es la política exterior americana y quien y cómo se decide realmente sobre ella.

La Conferencia sobre la Seguridad de Munich se celebra desde hace 53 años y, aunque siempre podía haber sensibilidades diferentes, los europeos y los americanos estaban del mismo lado, o dicho de una manera más rotunda, pertenecían al mismo mundo.

Esta situación ha cambiado en este febrero del 2017. Los europeos tenemos que empezar a hacernos a la idea de que estamos solos, de que Washington se ha vuelto impredecible y por tanto poco fiable. Trump nos dice un día que la Otan es un invento “obsoleto” pero manda a Munich a su vicepresidente a decir que le ha encargado que nos diga que en realidad es “insustituible”. Para Trump la UE era un invento de Alemania para dominar el continente y los británicos hacían muy bien en largarse, pero en Munich nos cuentan que la UE es algo maravilloso que ha contribuido enormemente a la felicidad de los europeos.

La verdad es que ya nadie sabe en que van a consistir las nuevas relaciones entre los EEUU de Trump y la Rusia de Putin. Ni cual es su posición con respecto a China. La política extranjera de los EEUU se ha convertido en un grave problema para Europa, porque en el sistema político norteamericano corresponde al presidente determinarla, pero no esta nada claro que es lo que realmente piensa Trump con respecto a las cuestiones más importantes de esa política.

Ante la manifiesta ruptura de la entente entre Europa y EEUU, en la que se basaba el orden internacional, no es extraño que el ministro ruso de asuntos exteriores Sergueï Lavrov, aprovechase la ocasión para reclamar un orden internacional “post-occidental”. Y Europa tendrá que dotarse de capacidades militares de las que ahora carece si quiere contar en ese nuevo orden. La mejor manera de hacerlo sería de forma conjunta, desarrollando de verdad una política común de Defensa que mutualizase los medios dispersos de los distintos países, sobre todo ahora que no podremos contar con los británicos que son con mucha diferencia los que más esfuerzo hacen en defensa. Pero está por ver que las opiniones públicas europeas lo entiendan y que los gobiernos lo quieran.

Todo dependerá naturalmente del resultado de la elecciones en Francia y Alemania, donde la aparición de un nuevo candidato socialdemócrata, el ex Presidente del Parlamento europeo Martin Schultz, parece haber cambiado radicalmente las expectativas del SPD. Lo que demuestra que la decadencia de la socialdemocracia no es algo inevitable, pero también muestra la volatilidad de la opiniones publicas en estos tiempos de cambio político.

Pero este sería un tema para otra contribución a estas paginas digitales. Aunque antes debería, como me propuse, analizar cual es el alcance de las executives orders del Presidente delos EEUU, que decisiones puede tomar a través de ellas y quien puede impedir que entren en aplicación. En otras palabras, ¿cómo funciona el sistema de controles y contrapoderes, el famoso check and balances, americano que limita la capacidad de Trump de cambiar con sólo su firma todas las políticas, interiores e internacionales, de los EEUU.

Les adelanto ya que, para mi sorpresa, esas executive orders que nosotros asimilaríamos a Decretos o Decretos Leyes del gobierno, no existen en la Constitución Americana. Son el resultado de una practica que surgió desde el principio en la política estadounidense y que todos los Presidentes han utilizado como forma de señalar la dirección que pretenden dar a su acción política, marcar sus prioridades e informar a los ciudadanos de la forma en la que pretenden cumplir sus promesas electorales.

Con Trump han revestido un carácter más teatral por las características del personaje, pero el propio Barack Obama firmó, al comienzo de su mandato, varias órdenes ejecutivas, entre ellas una que anunciaba su intención de cerrar la prisión Guantánamo, rompiendo con la política de su predecesor, George W. Bush.

Pero recordemos que todavía hoy Guantánamo sigue abierta, lo que muestra que a pesar de expresar solemnemente sus deseos, el Presidente debe tener en cuenta las otras instituciones políticas, principalmente el Congreso, que puede limitar o impedir que lleve a la practica sus proyectos. ¿Cómo y en que medida pueden hacerlo?. ¿Y cuál es la capacidad de limitar el poder del Presidente que también tienen los Estados federados y el poder judicial?. Mucha, afortunadamente, como espero tener ocasión de comentar en estas paginas digitales.