Actualidad poliédrica

Participo en Málaga en unas jornadas sobre la enseñanza de la economía a las que asisten muchos profesores de secundaria. Explico mi punto de vista sobre la situación de una Unión Europea que se siente cada vez más rodeada por un entorno hostil, al que parece haberse añadido el Presidente Trump.

Tenemos un animado e interesante coloquio sobre los muchos temas de una poliédrica actualidad, tanto en el corto plazo de este fin de semana como lo será a lo largo de este año, en el que celebraremos el 60 aniversario del Tratado de Roma como un acontecimiento que a los jóvenes les parece ajeno y distante, de otro siglo como propiamente podemos decir.

Es tiempo de decisiones y de conflictos. En Madrid este fin de semana Podemos tendrá que resolver su crisis interna. La prensa europea le presta especial atención porque la pugna en el seno de Podemos reúne muchos de los elementos de la trasformación del paisaje político europeo. La clave es la relación que puedan tener en el futuro los partidos socialdemócratas, la izquierda de gobierno tradicional, con la nueva izquierda que ha surgido de la crisis.

En España es la relación entre PSOE y Podemos lo que determinara la capacidad de la izquierda de volver a gobernar. Y el futuro de esta relación, hoy por hoy muy mala a nivel nacional y por eso sigue gobernando Rajoy, dependerá de cómo se resuelvan las decisiones internas que tiene que tomar Podemos este fin de semana del 11-12 de febrero y de las primarias del PSOE, retrasadas, sin que entienda muy bien porque, hasta mayo.

Aunque lo parezca, y algunos medios de comunicación se esfuercen en presentarlo así, la pugna en el seno de Podemos no es una guerra de jefes. O no sólo. Lo que subyace, como analiza muy bien la corresponsal de Le Monde en Madrid, es el dilema entre que Podemos sea un partido político “funcional”, un factor de cambio y no de bloqueo como ahora aparece aislado en el Congreso, o seguir siendo un movimiento de protesta social hasta las siguientes elecciones. Puede tener corrientes internas, como toda gran formación política que pretende cubrir o representar un amplio espectro social, pero debe ser capaz de hablar con una sola voz sobre los temas importantes. No solo ser capaz de hacer que le teman las élites, sino de recibir la confianza de una mayoría social.

No solo protestar sino proponer alternativas viables. Y para ello, como decía Jean Monnet sobre la construcción europea, las personas son importantes pero nada perdura sin instituciones. Y Podemos tiene que abordar un proceso de institucionalización que por el momento parece que le conduce hacia una confederación de partidos de izquierda a nivel regional. Una especie de (CEIA), Confederación Española de Izquierdas Autónomas, como fue para la derecha de preguerra la CEDA de Gil Robles. Y ya sabemos cómo acabó.

En el otro lado del Atlántico, el decreto (executive order) de Trump sobre limitaciones a la inmigración ha vuelto a quedar bloqueado por una sentencia de una Corte de Apelaciones Federal de San Francisco. Se entrará en el fondo del asunto cuando la Administración apele esa decisión ante el Tribunal Supremo, pero de momento los tres jueces (dos demócratas y un republicano) del Tribunal de Apelación le han dado un buen revolcón jurídico a Trump. Este ha tachado la sentencia de un “juicio político”, utilizando más o menos las mismas palabras despreciativas de los Srs. Puigdemont, Homs o Mas con la justicia española.

Pero de momento el decreto de Trump no se va a aplicar. Y es una buena noticia que funcionen los mecanismos que equilibran el poder en esa especie de monarquía republicana que son los EE.UU. Un equilibrio muy sofisticado entre sus tres componentes, el Presidente, las dos Cámaras del Congreso (Senado y Cámara de Representantes) y el poder judicial.

¿Quién puede frenar a un Presidente como Trump? ¿Cuál es el alcance de sus executives orders, que decisiones puede el Presidente tomar a través de ellas y quien puede impedir que entren en aplicación? Como esta cuestión se planteara de forma recurrente, como se ha planteado en el coloquio de Málaga, me propongo analizarlo en una de estas próxima crónicas digitales, entrando más en la descripción del sistema institucional americano que en los temas de actualidad.

En Bruselas siguen queriendo jugar al apaciguamiento con el nuevo inquilino de la Casa Blanca y así hay que interpretar tanto las resoluciones de Malta como la visita de la Alta Representante Mogherini a Washington. El propio Trump también parece querer bajar la tensión, sino con los europeos al menos con China, que había sido objeto de duros ataques durante su campaña pero que ahora, después de sus conversaciones telefónicas con Xi Jinping y en uno de sus pocos cambios de actitud, parece aceptar el principio de “una sola China”.
Más cerca de aquí, un intento de aproximación parecido está haciendo Merkel con su visita a Polonia, país que ve en la victoria de Trump una forma de legitimar la política populista de su gobierno ultraconservador.

Y en Francia crece la inquietud por el resultado de las elecciones presidenciales. Con razón. La situación del candidato del centro derecha F. Fillon, hace temer que el duelo final sea entre la Sra. Le Pen y Emmanuel Macron. Y ese duelo no tendría nada que ver con el que enfrentó a Le Pen padre con Jacques Chirac después de la sorpresiva eliminatoria de Lionel Jospin en la primera vuelta. Entonces la izquierda se movilizó a favor de Chirac en defensa de los valores republicanos. Pero Marine Le Pen no genera el mismo rechazo que su padre ni Macron representa la derecha social de Chirac. Y estaría por ver que esta vez la izquierda se movilizase contra el Frente Popular como lo hizo entonces.

Solo faltaría que después del Brexit y de la elección de Trump, tuviésemos que sufrir una tercera calamidad, como sería la elección de Le Pen. Sigue siendo poco probable, pero también lo parecían los otros dos acontecimientos. Y en todo caso, si en la segunda vuelta Le Pen roza el 40 % del voto, el ambiente político en Francia sería toxico para una Europa que se ha basado en la reconciliación franco-alemana y en la Alianza Atlántica.

Algo de eso deben temer los mercados financieros, porque la diferencia entre los tipos de interés de la Deuda pública alemana y francesa se ha doblado hasta alcanzar 0,8 puntos básicos. Y los vientos de la geopolítica parecen serle favorables, porque a fin de cuentas Trump es peor que Le Pen en lo que a valores y a las reglas de la mundialización económica. Y el Brexit no parece, hasta el momento, sentarles tan mal a los británicos. Aunque le factura de la separación que les están preparando en Bruselas ronda los 60.000 millones de euros. Y la situación del Reino Unido en la UE no es para nada comparable a la de Francia.

Pero Le Pen propone francamente salir del euro y recuperar la plena soberanía territorial francesa, es decir las fronteras. ¿Qué sería de Francia con un franco devaluado?. Interesante cuestión que se plantea de nuevo ahora que las negociaciones con Grecia para continuar con su financiación asistida vuelven a patinar. ¿Cuáles son los costes de salir del euro?. Respuesta difícil que depende de qué país se trate. Pero es sintomático que empiecen a aparecer estudios sobre esta cuestión, como si no estuviera completamente fuera de la realidad. Otro tema de nuestra poliédrica realidad que guardo en la recamara del teclado.