Trump y los europeos

Dentro de unos días Donald Trump tomará posesión como nuevo Presidente de los EE.UU. Muchas cosas cambiaran en el orden mundial. Entre ellas la relación entre EE.UU y Europa, o mejor, la Unión Europea. ¿En qué sentido y con qué intensidad? El propio Trump nos da alguna pista en su entrevista a dos grandes periódicos conservadores europeos, significativamente uno alemán, Bild, y otro británico, The Times.

Sus declaraciones son todo lo iconoclastas que cabía esperar del personaje. Previamente había tenido lugar su polémica pública con el Director de la CIA, John Brennan, que ha advertido al futuro Presidente de que la “espontaneidad” con la que trata asuntos delicados, en particular las relaciones con Rusia, puede poner en peligro la seguridad nacional. La publicación en algunos medios de un informe sobre el papel jugado por Rusia en las pasadas elecciones americanas había provocado una airada reacción de Trump que acusó a los servicios de inteligencia americanos de utilizar prácticas que le recordaban las de la Alemania nazi. Una comparación que Brennan considero “infame”, preguntándose si era aceptable que el Presidente de los EE.UU. declarase públicamente no tener confianza en los servicios de inteligencia de su país.

Esas escaramuzas verbales son realmente chocantes. Sería difícil trasladarlas a nuestro escenario nacional. Imaginemos un cruce de descalificaciones públicas de este estilo entre el Sr Rajoy y el director del Cesid... Nadie entendería que algo así pudiera ocurrir sin que ese alto funcionario fuse cesado. Claro que Trump todavía no puede cesar a nadie, pero el Sr Brennan debe tener sus días contados como Director de la CIA…

Pero volviendo al mensaje que Trump nos ha dirigido a los europeos, hay algunas cosas de las que deberíamos tomar nota. La primera es una dura crítica a Merkel por su política migratoria. La segunda es la advertencia de que los EE.UU. no van a seguir pagando por la seguridad de Europa, manteniendo una organización como la Otan que califica directamente de “obsoleta”. Y la tercera es que el Brexit es un gran éxito para el Reino Unido que debería server de ejemplo a otros países para que dejen la UE.

No es precisamente una declaración de amor ni siquiera de buena voluntad. Puede entenderse que exija a los europeos que hagan un esfuerzo en situar su capacidad de defensa a la altura de los retos a los que tenemos que hacer frente. Y que para ello cumplamos con la obligación que tienen los miembros de la Otan de gastar en defensa un determinado porcentaje de su PIB (el 2 %) y que pocos países cumplen. Eso también nos lo recordaba Obama.

Pero en otros ámbitos su actitud es radicalmente diferente. En el caso del Brexit por ejemplo, Obama advirtió de los riesgos que implicaba salir de la UE y que el Reino Unido no podría esperar tener una relación privilegiada con los EE.UU. En cambio Trump se declara entusiasmado con el Brexit, que según el “ demostrará ser una gran cosa", y espera poder concluir pronto un acuerdo comercial preferencial con el Reino Unido.

Para Trump, la causa fundamental del Brexit fue el rechazo a la inmigración y la imposibilidad que tenían los británicos de controlarla dentro de la UE. Los británicos han tenido que salir para proteger su propia identidad. Y a continuación añade que “si el Reino Unido no se hubiese visto obligado a aceptar todos esos miles de refugiados sirios que la gente no quería, y con todos los problemas que han conllevado, seguramente no habría habido Brexit”.

Sorprendente desconocimiento de las obligaciones que, según Trump, ha tenido que asumir el Reino Unido en materia de acogida a los refugiados sirios. Seguimos instalados en la época de la post verdad, qué más da que las cosas sean o no ciertas si se parecen a lo que la gente les gustaría creer…

Pero desgraciadamente Trump parece coincidir con el líder laborista Jeremy Corbyn que acaba de dar un giro de 180° a su posición sobre el Brexit y la inmigración. Para Corbyn, “el laborismo construirá un Reino Unido mejor fuera de la UE”, y reconoció que la gente quiere ejercer la democracia y controlar la economía desde su propia casa. En otras palabras, nosotros nos lo montamos mejor solos. Es en el fondo el discurso de los independentistas catalanes o del Norte de Italia. El discurso contrario al de la integración europea. Y el paralelismo entre el mensaje de Trump y el de Corbyn es lo más preocupante para la política europea en materia de inmigración y de libre circulación de las personas.

Las mismas razones que llevan a Trump a aplaudir el Brexit le hacen criticar a Merkel y su política migratoria a la que califica de grave error.

Trump ya había criticado con dureza la política de la canciller alemana sobre los refugiados. Cinco días antes de su toma de posesión, insiste en la crítica de una política que jugará un papel importante en las próximas elecciones federales alemanas.

¿Qué habría que haber hecho entonces para evitar el alud de refugiados al que tuvo que dar respuesta la canciller Merkel en unas circunstancias dramáticas? Según Trump, haber creado zonas de seguridad en territorio sirio para asentarlos allí. Y además hacer que los países árabes del Golfo pagaran por ello. Fácil de decir pero difícil, sino imposible, de hacer. Salvo que se aceptara una involucración militar que Obama rechazó y que los europeos tampoco estaban en condiciones ni políticas ni militares de aplicar.

Da la sensación de que Trump tiende a resolver los problemas negando su existencia. Y cayendo en evidentes contradicciones de las que tendrá que salir un día u otro. Está bien establecer, como Trump ha propuesto reiteradamente, una alianza militar con Rusia para luchar contra el OEI, o el ISIS por sus siglas en ingles. Aunque represente un cambio de alianzas que desconcierta a los europeos, en particular a Francia que ha hecho del derrocamiento de Asad, y en consecuencia la hostilidad con Putin, un punto crucial de su política en Oriente próximo.

Pero aparte de esta contradicción con una parte importante de los países europeos, Trump tiene otra más importante, que es que Irán es uno de los aliados más importantes de Rusia en la región. Y Trump ha calificado como “un gran desastre” al pacto con Irán y otras seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní que entro en vigor en julio del 2015. Los republicanos ya se habían opuesto duramente a ese acuerdo en el Congreso y Trump se comprometió a desmantelarlo si llegaba a la Presidencia.

Romper ese acuerdo no sería tan fácil. Pero aunque lo fuera, en el teatro de operaciones de Oriente próximo los EE.UU. no pueden estar a la vez a favor de Moscú y en contra de Teherán.

La crítica a Alemania no es solo por las cuestiones migratorias. También en materia de relaciones comerciales las cosas cambiarán con la era Trump. Su actitud proteccionista debería provocar reacciones en Alemania, que ha defendido durante mucho tiempo el tratado de libre comercio entre la UE y los EE.UU., aunque unos días después de la elección de Trump, ya reconocía que tenía pocas posibilidades de éxito.

Trump cree que los americanos compran demasiados Mercedes (“en la 5ª Avenida de Nueva York todo el mundo ha aparcado un Mercedes fuera de su casa”). Pero los alemanes no compran bastantes Chevrolet, de los que no se ven casi ninguno en Berlín. Y Trump concluye que quizás a los europeos no les gusten los coches americanos, pero que sepan que para equilibrar sus preferencias los coches alemanes tendrán que pagar un impuesto del 35 % para entrar en EE.UU.

La misma amenaza que la que ha hecho caer al peso mexicano… ¿dijo Vd. Tratado de libre comercio o vuelta a los aranceles proteccionistas del pasado?

Por estas y otras muchas cuestiones, Trump plantea a Europa una trasformación casi existencial de la vieja relación transatlántica. Tanto en términos de valores, de sistema político, de alianzas militares y diplomáticas como de intercambios económicos. La única respuesta adecuada al “America first” que lanza Trump es la de aumentar la unidad entre los europeos, porque por encima de sus divisiones en otros muchos aspectos, sus intereses políticos y económicos son bastante convergentes en lo que se refiere a su relación con los EE.UU.