Deseos de felicidad y amenazas terroristas

Los distintos buzones de la comunicación digital, sms’s, mails, whatsApp, desbordan de mensajes deseando Felices Fiestas. Suelen ir acompañados de fotos y videos de simbologías navideñas… Bienvenidos sean, aunque algunos respondan a un ritual al que la tecnología ha dado una capacidad de difusión infinitamente mayor que cuando había que escribir a mano las felicitaciones y franquearlas en correos.

Confieso que no soy de los que aprovecha la facilidad tecnológica para felicitar (¿felicitar qué, exactamente?) a todo el mundo, y ni siquiera para contestar todas las que recibo. Y los deseos retóricos de felicidad no servirán de mucho a mucha gente, desde Berlín a Alepo, ni para presagiar tiempos mejores en un momento que se caracteriza, desgraciadamente, por el retorno de la guerra fría y las nuevas amenazas que se ciernen sobre Europa, sean las del terrorismo o las de la actitud belicosa de la Rusia de Putin.

Lo ocurrido en Berlín ocupa inevitablemente el primer lugar de estas reflexiones navideñas. Llegado a mi refugio en mi Pirineo natal, la casualidad quiere que el viejo periódico con el que me dispongo a encender el fuego, datado del 12 del pasado agosto, titulaba en portada “Alemania se dispone a endurecer la lucha contra el terrorismo”.

Una casualidad que días después del atentado contra el mercado navideño de Berlín, más parece obedecer a los designios de un duende. Ese texto de agosto explicaba como los últimos atentados ocurridos ( como el ataque al arma blanca de un demandante de asilo afgano a los pasajeros de un tren regional en Baviera) habían hundido la popularidad de Merkel, y como el gobierno se preparaba a tomar toda una serie de medidas de seguridad, expulsiones de refugiados con antecedentes, retirada de la doble nacionalidad, etc..….

Pero desde agosto Merkel remontó en los sondeos, ha sido de nuevo proclamada candidata a la cancillería por su partido y Obama la ungió como líder del mundo libre en su visita-despedida a Europa. Y, al mismo tiempo, la amenaza terrorista se ha manifestado de forma mortífera (12 muertos y 50 heridos) en ese ataque contra un mercadillo navideño, una de esas instituciones que representan de forma simbólica a la vieja y cristina Europa.

Probablemente los alemanes se sentían al abrigo de ataques terroristas masivos de esta índole. Pero la identidad del sospechoso, finalmente muerto a tiros por la policía en Italia, demuestra muchos fallos en la seguridad y la capacidad policial, que no dejaran de ser utilizados contra Merkel y en la demanda de cierre de fronteras.

En efecto, el autor del atentado estaba identificado como un peligroso islamista. Su solicitud de asilo había sido rechazada en junio pasado pero había podido seguir en Alemania. Desde hacia meses estaba identificado como uno de los islamistas más peligrosos y aunque su documento de identidad se había encontrado en el camión con el mató e hirió a los visitantes del mercadillo navideño, no pudieron detenerlo en su fuga hacia Italia. El Departamento Federal de policía criminal tardó tres días, desde el lunes 19 de diciembre hasta las 18 horas del miércoles 21, en lanzar un aviso de búsqueda y captura a toda Europa, advirtiendo de su peligrosidad.

Según las autoridades alemanas, el joven tunecino Amri, un pequeño delincuente convertido al yihadismo, llegó a Alemania en junio del 2015 y tuvo hasta 6 identidades diferentes, unas veces aparecía como egipcio, otras como libanes, con edades diferentes y con una extrema movilidad en el interior de Alemania, aunque al final fijo su residencia en Berlín.

Amri figuraba desde el mes de marzo en una lista de 500 personas consideradas como muy peligrosas por la policía. Se había detectado su proximidad con un predicador salafista de una mezquita de Baja Sajonia muy activo en su actividad de reclutamiento de voluntarios a unirse al Estado islámico, quien le habría ayudado a obtener documentación falsa.

Todo ello pone a los servicios de seguridad alemanes en una posición delicada. Ya no es solo la policía belga la que recibe criticas por su incapacidad en el control de los potenciales terroristas que anidan en su territorio. Y no son solo los tabloides sensacionalista tipo Bild los que ​​resaltan la incompetencia de los responsables de la seguridad, que pretenden que afecte directamente a Merkel.

Algunos de mis amigos alemanes con los que discuto de la cuestión se preguntan que hacia Amri en Berlín si su solicitud de asilo había sido rechazada en junio. ¿Cómo pudo permanecer en el país casi medio año a pesar de ello?. La respuesta del Ministro del Interior de Westfalia del Norte fue que Túnez no reconoció que fuese uno de sus nacionales y el procedimiento necesario para configurar un documento alternativo de trasporte fue muy largo …. Una explicación que puede estar justificada en términos burocrático-legales pero políticamente inaceptable por la opinión publica.

Los comentarios de la prensa europea, especialmente la francesa, la consideran explosiva para la propia canciller Merkel, que desde hace varios meses se había comprometido personalmente en acelerar las expulsiones de solicitantes de asilo rechazados. Que uno de los causantes del ataque más mortífero reivindicado por el Estado Islámico en Alemania no haya podido ser expulsado ​​por razones de procedimiento, cuestiona la credibilidad de sus argumentos en materia de inmigración y lucha contra el terrorismo, que pueden resultar inaudibles para los votantes.

Tampoco está claro el intercambio de información entre Italia y Alemania, porque según algunos medios, Amri había llegado a Lampedussa en el 2011 declarado como menor no acompañado, y había sido condenado a 4 años de prisión por su comportamiento violento antes de marchar a Alemania…

Al final de su huida, ha acabado siendo abatido por la policía italiana en un control rutinario, lo que salva la percepción de la capacidad de la cooperación policial a través de las fronteras de Europa, aunque no quita sus argumentos a los que se preguntan como pudo haberlas atravesado con tanta facilidad.

Se mire por donde se mire, esta clase de acontecimientos, como la historia de un refugiado afgano acusado de la violación y asesinato de una estudiante en Friburgo (Baden-Württemberg) del que más tarde se supo que ya había sido condenado a prisión en Grecia por agredir a otro estudiante en la isla de Corfú sin que esa información llegara a las autoridades alemanas, dan argumentos a los que piden el cierre de fronteras y la marcha atrás en la libertad de movimientos.

Y sin embargo, a pesar de todo, cuando se habla con franceses y con alemanes, creo observar una diferencia fundamental en sus actitudes. Francia se siente en guerra contra el terrorismo, una verdadera guerra, una expresión que han utilizado sus máximos dirigentes, en particular el ex primer ministro Valls, hoy candidato a la Presidencia de la Republica. Y los alemanes no, o no tanto o no todavía. Nadie ha utilizado esta expresión. Las autoridades alemanas tienen y tendrán muchos problemas para justificar ante su opinión pública la falta de un control estricto del más de un millón de refugiados que han acogido país desde el 2015, pero, por el momento al menos, Alemania no se ve en un guerra contra el terrorismo, en el sentido militar del termino, como se ha declarado Francia.

El ministro del Interior Thomas de Maizière, había advertido desde los atentados de Paris en el 2015 que el riesgo para Alemania era muy alto. Pero Francia aparecía como el blanco privilegiado de los atentados terroristas. Los del verano del 2016 a los que se refería el viejo periódico con el que he encendido el fuego, no parece que hubiesen verdaderamente cambiado ese sentimiento.

El ataque del 19 de diciembre aparece como el primer ataque yihadista contra Alemania. La constatación efectiva de que la amenaza era, es, real, masiva, que puede afectar a cualquiera y en igualdad de riesgo con sus vecinos franceses.

El debate sobre la amenaza terrorista y la protección de los ciudadanos se producirá desde el reconocimiento de que Alemania se ha convertido en un país menos seguro. Pero hay que reconocer que la mayoría de los medios de comunicación han evitado las especulaciones sin fundamento y hasta el momento casi todos los responsables políticos han tomado las preocupaciones de la población sin pánico. Siempre hay excepciones como los de los populistas de derecha de la Alternativa für Deutschland ("Alternativas para Alemania") o las de los que dicen que l”as muertes de Berlín eran los muertos de Merkel." Y por supuesto el tema afectara a la pre-campaña electoral, puesto que la renovación del Bundestag está prevista para el otoño de 2017.

Pero no ha aparecido una retórica de guerra y no se ha pedido la declaración del estado de emergencia. Y tampoco parece probable que, como ha ocurrido en Francia, se produzca un despliegue del Ejercito. El equivalente alemán de la Operación Centinela francesa es imposible por razones históricas y la Ley Fundamental prohíbe el uso de las fuerzas armadas en suelo alemán.

Los alemanes no necesariamente ven el terrorismo como una cuestión puramente de seguridad y no está tan clara como para los franceses la relación entre seguridad interior y exterior. La diferencia con Francia es el escepticismo sobre que el problema del terrorismo puede ser resuelto por medios militares, Y el ataque del 19 de diciembre no parece que vaya a ser la ocasión para que Berlín revise su política exterior.

Cierto, los militares alemanes también están en Afganistán e incluso en Mali, pero más como una forma de solidaridad con Francia que como una forma efectiva de defender la seguridad de Alemania. Para los alemanes, la contribución de sus fuerzas armadas esta más en asegurar el flanco Este de Europa donde juegan, dentro de la Otan, un papel mas importante que el de Francia

Y esto nos lleva a la cuestión que citaba al principio acerca del resurgir de la guerra fría y de la actitud belicosa de Putin con la Unión Europea, plasmada en un reciente documento sobre la política exterior y de seguridad rusa del que apenas nadie parece haberse enterado

Pero este tema adicional de preocupación lo podemos dejar para después de que pasen estas fechas señaladas, que son más fruto de la mercadotecnia de Papas Noeles que de otras especiales razones para desearnos felicidad. Pero todas las que recibo son muy de agradecer y todas las ocasiones son buenas para desear que lo seamos, todos y todo lo posible.