Europa y España, entre integración y desintegración

Agosto se acaba y paso del frescor alpino de mi Pirineo natal a la brisa marina de Santander, pasando brevemente por los calores de la meseta. El Palacio de La Magdalena, sede en Santander de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP), nos acoge para la nueva edición del seminario que con el título genérico '¿Quo Vadis Europa?' vengo dirigiendo desde hace ya 16 años ininterrumpidos.

Este año su título específico es: “Europa entre la integración y la desintegración”. No podría ser más apropiado a las actuales circunstancias, porque después del 'Brexit' y de las permanentes tensiones acerca de las políticas económicas y de las más recientes sobre la inmigración, la UE se debate entre profundizar en la integración, o desintegrarse reduciendo sus políticas comunes.

Esa dinámica “desintegradora” no se limita a la unión entre sus Estados, sino que afecta a la unidad de algunos de ellos, en particular al Reino Unido por Escocia y a España por Catalunya. En Italia las fuerzas separatista del Norte o la tendencia a la división en Bélgica parecen haber perdido fuerza

La disyuntiva integración-desintegración no es nueva en la accidentada historia de la UE. Pero esta vez es más grave, porque la crisis del euro creó una profunda división entre el Norte y el Sur de Europa y la crisis migratoria, de asilo de los refugiados o como queramos llamarle, ha creado otra no menos grave entre el Oeste y el Este. Y en casi todos los países, entre las élites defensoras de la integración europea y de la globalización, o los nómadas cosmopolitas como ahora se les llama, y las clases populares, los sedentarios reacios a la apertura y temerosos de las inmigraciones.

El encuentro de Santander puede ser un buen escenario para, como proponía en mi anterior crónica, profundizar en los argumentos de Stiglitz acerca de los problemas del euro y sus posibles soluciones, entre otras cuestiones de las que depende el futuro de Europa. Aunque, como también anticipaba, los avatares de la política española van a monopolizar la atención en su realidad más inmediata al coincidir con el debate de investidura de Rajoy.

Un debate que se producirá en unas fechas que parecen cuidadosamente escogidas para que la tercera vuelta de las elecciones, si la hubiera, fuese a coincidir con el día Navidad.

Pero, ¿de verdad no había otro calendario posible?. Las fechas escogidas parecen pensadas para disuadir a los que piensen en la posibilidad de acudir de nuevo a las urnas: ¿queréis terceras elecciones?, ¡pues vais a votar por Navidades!.

No es de muy buen estilo político. Más bien es un despropósito que desprestigia a los responsables de esa decisión. Formalmente no es Rajoy el que la ha tomado, porque a quien le corresponde fijar la fecha del inicio del debate de investidura y por ende de forma automática la de unas posibles nuevas elecciones es a la presidenta de las Cortes. ¿Alguien se cree que no ha sido en connivencia con Rajoy o a su dictado? Esa decisión no contribuye precisamente a reforzar le imagen de su independencia política con respecto al ejecutivo.

La respuesta del PSOE, apoyada por C’s y Podemos ha sido la de modificar la Ley Electoral reduciendo la duración de la campaña para que, en el caso de que se celebraran unas terceras elecciones que nadie parece desear, estas no coincidieran con fecha tan poco propicia a facilitar la participación. Por otra parte es razonable pensar que los ciudadanos ya habrían recibido información suficiente sobre las propuestas de los partidos para justificar que esta vez la campaña fuera más corta.

En cualquier caso hay que situarse ya en los escenarios posibles para después de que el Congreso rechace la investidura de Rajoy. Que es lo que va a ocurrir aunque C’s y PP culminen su pacto, después de la escenificación dramatizada de sus tiras y aflojas, porque la firme posición enunciada por Pedro Sánchez ya no tiene marcha atrás. El pacto C’s-PP será el ultimo elemento de presión, pero la verdad es que Rajoy no ha hecho muchos méritos para conseguir sumar más votos a su candidatura, aparte de las llamadas a la responsabilidad y al sentido de Estado que él mismo no practicó cuando prefirió que se convocasen las segundas elecciones.

¿Hay otros escenarios posibles? Tiene razón Iceta cuando dice negarse a aceptar la disyuntiva o “gobierna Rajoy o terceras elecciones”. No parece razonable pensar que después del fracaso en la investidura de Rajoy nos vamos a quedar quieto parados dejando que transcurran dos meses sin que nadie intente nada, antes o después de que las elecciones gallegas y vascas aporten nuevos datos al tablero político.

Cierto que una abstención socialista sin condiciones para facilitar el gobierno de Rajoy hubiera colmado las aspiraciones de Podemos, que se hubiera presentado como la verdadera oposición. Hasta ahora ausente y silencioso después del fracaso de su intento de sorpasso al PSOE, tendrá que decir algo después de que su escenario soñado se haya desvanecido. Pero después de lo ocurrido en Galicia, con la claudicación personal de Pablo Iglesias que ha aceptado el 100% de las condiciones de En Marea ante la alternativa de tener que competir electoralmente con ella, Podemos tiene también un problema de desintegración territorial. El resto de sus aliados regionales tomaran buena nota de lo ocurrido, a la espera de lo que ocurra en Catalunya con el nuevo partido que anuncia Colau.

Podemos fue una marca a cuyo amparo se organizaron los activistas de los distintos nacionalismos y localismos, obteniendo buenos resultados electorales. Y, cría cuervos, ahora que los han conseguido exigen de Podemos que acepte sus condiciones para seguir juntos o que pruebe fortuna como una marca nacional privada de sus apoyos locales.

Pero a la espera de lo que vaya a ocurrir, dediquemos esta semana a los problemas que acechan a la integración europea y a la integridad territorial de algunos de sus Estados miembros, en particular a España. Porque no olvidemos que el proceso secesionista en Catalunya sigue adelante y que después del debate de investidura vendrá el voto de confianza a Puigdemont al que la CUP pone como precio poner fecha a la desconexión con España, y las celebraciones del 11 de septiembre que ha dejado de ser la fiesta nacional catalana para pasar a ser patrimonio de la parte independentista de su sociedad.

La integración de la UE y se enfrenta a tres amenazas importantes de las que dependerá el futuro de la zona euro: la deflación, el abandono de alguno de sus miembros, porque la cuestión de la permanencia de Grecia en el euro no ha sido todavía resuelta, y el paro, en particular el de los jóvenes que es el doble del conjunto de la población activa. Las sociedades europeas tardaran en que esa herida cicatrice y no lo hará sola. Tiene razón el “trio de Ventotene” (Merkel, Hollande y Renzi) de colocar ese problema entre sus máximas prioridades. Porque a fin de cuentas nuestro futuro depende de la productividad de esos jóvenes de hoy cuando mañana sean adultos.

Y el mayor problema para la integridad territorial de España es la creciente falta de vinculación con ella, la perdida del “afecto societatis”, por una parte importante de los catalanes, especialmente entre los jóvenes. He podio comprobarlo después de haber pasado unos días en tierras catalanas.

Como ocurrió con el 'Brexit', son las emociones y no los datos lo que cuentan. En realidad las emociones son impermeables a los razonamientos. Por ejemplo, en Catalunya esta muy extendida la creencia de que la financiación autonómica va cada vez peor y que las sucesivas negociaciones, en particular la del 2009, han empeorado su situación relativa en el conjunto de las CCAA, agravando los problemas de la “ordinalidad” y del desajuste entre la financiación disponible y su capacidad fiscal.

Y sin embargo, los datos más recientes demuestran que Catalunya está siendo la Comunidad más beneficiada por la mejora de los ingresos tributarios que se está produciendo con la recuperación económica. Según las liquidaciones y las entregas a cuenta de los dos últimos años, ha aumentado sus recursos un 15% entre el 2014 y el 2016, el mayor aumento de todas las CCAA en cifras absolutas y en tasas de crecimiento. Una información a la que no se le ha prestado la menor atención ni tenido ninguna trascendencia.

Seria bueno explicar, si hubiera medios dispuestos a hacerlo y alguien dispuesto a escucharlo, que el denostado modelo del 2009, que sin duda precisa de muchos cambios me apresuro a reconocer, fue concebido para premiar la capacidad recaudatoria, pero esta se redujo mucho con la crisis y hasta ahora no ha empezado a producir efectos positivos para Catalunya.

En términos de habitante ajustado, el sistema del 2009 ha permitido reducir mucho las desigualdades, que el sistema anterior había aumentado un 55% entre 2002 y 2009. Baleares, Canarias, Valencia, Madrid, Cataluña y Murcia, todas ellas con niveles de financiación inferiores a la media en 2009, han sido las que más han mejorado Y las diferencias entre la capacidad fiscal y la financiación se han reducido, situando a Catalunya (97,6) ,y a Madrid (97,8) en una financiación muy cercana, aunque todavía por debajo, a la media (índice 100).

Es decir, ni todo va a peor, ni Catalunya está siendo cada vez peor tratada por el sistema de financiación. En los últimos años ha habido una notable reducción de las desigualdades. Y la situación debería mejorar si la recuperación económica continúa. Paradójicamente, la negociación, por otra parte inaplazable, del nuevo sistema de financiación se producirá justo cuando el actual está empezando a favorecer, como estaba previsto, a las Comunidades con mayor capacidad fiscal. Pero probablemente este tipo de argumentos lleguen tarde. Esperemos que las soluciones a los problemas de la UE no lleguen también tarde.