Un verano caliente

Este verano está siendo especialmente caliente, tanto en el sentido propio de caluroso como en el figurado de los muchos acontecimientos que estamos viviendo.

En efecto, desde el punto de vista del cambio climático, el año 2015 esta presentando un récord inquietante de todos lo parámetros que miden la intensidad del fenómeno. Según el informe presentado el pasado 2 de agosto por 450 científicos de todo el mundo, 2015 esta siendo el peor año de la historia moderna desde el punto de vista del aumento de las temperaturas, la subida del nivel de los océanos y de las emisiones de gases de efecto invernadero.

Pero inmersos en las peripecias de formación de gobierno, este nuevo grito de alerta ha pasado desapercibido. Habrá que analizarlo en las próximas contribuciones a estas paginas digitales, porque cada vez toma más pertinencia la pregunta ¿Por qué estamos esperando para actuar?, título del reciente libro de Nicolás Stern, el economista británico pionero en la economía del cambio climático.

Seguramente no actuamos ante una amenaza tan grave como cierta porque las sociedades europeas viven atenazadas por problemas mucho más inmediatos, como la permanente amenaza terrorista, que se manifiesta cruelmente de forma aleatoria aquí y allá y que parece imposible de prevenir y evitar. Nos quedan pocos recursos mentales para preocuparnos por problemas cuyas consecuencias no afectan, todavía, al presente de forma tan dramática.

Entre los acontecimientos que vivimos en este caluroso verano, destaca el inicio de los Juegos Olímpicos en Brasil, que nos trae el recuerdo de los que se celebraron Barcelona hace ya casi un cuarto de siglo. Que diferente era el ambiente político que se vivía en Catalunya en aquellos optimistas días del que se vive hoy, avanzando hacia un choque de trenes que el Gobierno y el Parlamento de Catalunya están empeñados en producir. Como dice Francesc de Carreras, es el combustible que necesitan los independentistas para mantener la tensión entre los suyos.

Pero el ambiente de Rio2016 también es diferente del de Barcelona92. Brasil está en plena crisis política, dando pasos hacia la destitución de su Presidenta y bajo la acusación de haber preparado mal la gran misa concelebrada del deporte mundial. Veremos cómo se desarrolla un programa que con sus 306 pruebas es el más grande de la historia de los Juegos Olímpicos.

También habrá que seguir la campaña de las presidenciales americanas, que se enrarece por momentos ante las extravagancias y salidas de tono del candidato republicano Trump, cada vez más contestado por los lideres de su propio partido. La pregunta que les ha hecho Obama: ¿si tienen que estar desautorizándole continuamente, porque le siguen apoyando? cobra toda su pertinencia ante las últimas provocaciones de Trump. Parece increíble que un personaje así pueda ganar unas elecciones democráticas en un país como EEUU. Afortunadamente, cada vez está más alejado de Hillary Clinton en las encuestas, pero también parecía imposible que ganara las primarias republicanas. El fenómeno Trump, o el de Le Pen en Francia obligan a considerar cómo las transformaciones sociales producidas por los contra choques de la globalización afectan a las sociedades desarrolladas y a las preferencias de los electores.

Parece que vivimos en una democracia post-factual en la que los hechos no cuentan en el debate democrático. Las pasiones son mucho más importantes que las razones. Y a los electores se les puede vender cualquier mercancía adulterada y embarcarles en decisiones trascendentales a base de engaños que al final no soportan el choque con la realidad.

Les ha ocurrido a los británicos con su Brexit, que solo ha empezado a traerles problemas, a ellos y de rebote a nosotros porque, según la Comisión Europea, la eurozona perderá 2 decimas de crecimiento este año y 4 decimas en el 2017 por culpa del Brexit. Al día siguiente de ganar el referéndum N. Farage, el líder del UKIP, tenía que desdecirse de su promesa de que con el Brexit se podría mejorar el sistema de salud gracias a recuperar los 350 millones de libras que el RU aporta cada semana a la UE.

Farage trato de disculparse argumentando que “nunca se fue tan claro”, y que esa cifra era “un error de cálculo”. Pero tuvo que dimitir de la dirección de su partido porque la promesa había sido clara y machaconamente repetida. Hasta con banderolas en los autobuses de Londres, acompañando la imagen de Boris Johnson. Que, por cierto, aquí lo tienen, ministro de exteriores después de haber tachado a Obama de “negro nacido en Indonesia” y a la UE “un peligro para el RU mayor que el de Hitler”. Un prodigio de urbanidad y diplomacia.

Algo parecido ocurre en EEUU con los argumentos del candidato Trump, que los analistas consideran falsos en un 60%. Y también en Cataluña. Si el Sr Junqueras llegase alguna vez a ser presidente de la República Catalana, le pasaría igual con sus famosos 16.000 millones de euros que “España nos roba” y que la independencia nos traería 'cash' para disponer libremente de ellos. Tendría, como Farage, que reconocer que esa cifra obedecía a un cálculo teórico por un método muy particular que no se corresponde con el beneficio fiscal de la independencia, que es lo que se ha hecho creer a la gente.

Si los independentistas catalanes se mirasen en el espejo del Brexit, verían reflejada la falsedad de las promesas que se les hacen acerca de que una independencia declarada unilateralmente no afectaría a su permanencia en la UE ni tendría efectos económicos negativos porque “vivimos en una economía global y esos cambios no afectan a los mercados”, Junqueras dixit.

De momento el Banco de Inglaterra ha rebajado su previsión de crecimiento del 2017 hasta el 0,8% y, para prevenir una recesión, ha bajado su tipo director hasta el 0,25%, su mínimo histórico. En consecuencia, la libra contínuo depreciándose hasta alcanzar sus mínimos históricos con respecto a las monedas de los países con los que el R U mantiene sus relaciones comerciales más importantes. Y la Bolsa subió hasta un 10% con respecto a sus mínimos post-Brexit.

Lo ven, lo ven, habrán dicho los independentistas catalanes, no es tan grave, los inversores ya se ha tranquilizado y los procesos de separación, a pesar de las transformaciones institucionales que implican, acaban mejorando la situación económica y las condiciones de vida de los ciudadanos.

Pero las apariencias bursátiles engañan, porque pasan fácilmente del pánico a la euforia. La realidad es que el Brexit tendrá graves efectos contractivos sobre la economía británica que el Banco de Inglaterra se esfuerza en evitar gracias a su credibilidad y el apoyo que le han brindado la Reserva Federal de EEUU y el BCE. Y a pesar de todo, le economía británica tiene un alto crecimiento potencial y el RU una muy alta calificación de su Deuda. Como dice José Carlos Díez, una situación nada parecida a la de Cataluña, una región sin autonomía monetaria, una deuda exterior muy elevada, con un nivel muy alto de endeudamiento, su Deuda calificada como bono basura y sin acceso a los mercados de capitales internacionales. Y además, enfrentado a un conflicto con su principal cliente que es el resto de España.

Pero una vez más, los hechos no importan. Estas consideraciones, suponiendo que las conozcan y las entiendan, no les importan a los Junqueras, Puigdemont y Forcadell. Ante sus provocaciones, la respuesta del Tribunal Constitucional ha sido a la vez firme y templada. Pero ellos quieren que el conflicto acabe siendo directamente con el gobierno español, sea cual sea este. Me temo que la temperatura no bajará cuando acabe este caluroso verano