Sobre la estupidez y la maldad

En estos días de caluroso verano ocurren demasiadas cosas que muestran la estupidez y la maldad humanas. O la mezcla de ambas, que uno ya no sabe a cual de las dos atribuirlas.

Me siento ante el teclado para evacuar la indignación que me producen. La escritura es una buena terapia para que las cosas que duelen no se queden dentro del espíritu. Antes de que no te dejen dormir, mejor evacuarlas convirtiendo las emociones y las razones en un texto que se pueda compartir con los lectores de estas páginas digitales, a quienes pido disculpas por el desahogo.

Hay tantas muestras de estupidez y maldad que no se sabe por cuál empezar. Podemos recordar que hace 19 años que ETA asesinó al concejal de Ermua por el PP Miguel Ángel Blanco. Aunque haya pasado mucho tiempo, recuerdo muy bien las manifestaciones de repulsa por esa barbarie. Como diputado por Barcelona, hacía poco más de un año que los socialistas habíamos dejado el gobierno, participé en una de ellas en la puerta del Ayuntamiento de Barcelona. Ese día tenía que haber acompañado, y no pude hacerlo, a mi amiga Anna Lindh, entonces Ministra de Exteriores de Suecia, a mi casa de Taull en el Pirineo de Lleida, donde iba a pasar unos días de vacaciones con su familia. Poco tiempo después moría asesinada a cuchilladas mientras hacía sus compras, sin escolta, en un supermercado de Estocolmo.

Quizás esa triste circunstancia me hace recordar con más precisión el sentimiento que nos embargaba a los que estábamos en la plaza San Jaume como a los de casi toda España. Ese día marcó un giro en la lucha contra ETA y fue el principio de su fin, aunque todavía tenia que tardar mucho tiempo antes de que llegara. Pero cuando leo que el ayuntamiento de Vitoria, con un alcalde del PNV que gobierna con el apoyo de los socialistas, se ha negado a participar en el acto en memoria de Blanco organizado por su familia y sus compañeros de partido, me pregunto que fue de la repulsa general que mereció entonces ese asesinato. Y la excusa-razón que da el Ayuntamiento para no participar, porque Blanco no era de Vitoria ni tenía ninguna relación con la ciudad, me retuerce todavía más las neuronas. Como si aquél no hubiera sido un asesinato político y Vitoria no fuera la capital política del País Vasco…

Pero reconozco que el catalizador de este articulo contra la estupidez y la maldad humanas han sido los tuits que acabo de ver en el telediario a propósito de la muerte en la plaza de Teruel del torero Víctor Barrio. Se puede ser antitaurino, pero por Dios bendito, ¡qué almas enfermas son las capaces de escribir tanta basura aprovechando una desgracia¡ No la reproduzco porque seguro que la conocen, pero tanta combinación de maldad y estupidez produce vómito. Esa gente está enferma. No hay otra explicación para que alguien pueda proclamar en el amplio e instantáneo universo de la red social que “irá a mear sobre las flores que depositen sobre la tumba de Barrio”…. Y ésta no es lo peor de la basura que ha circulado estos días.

No sé si la ley permite castigar esa clase de expresiones públicas. Siempre habrá quien las defienda en nombre de la libertad de expresión. Desgraciadamente la estupidez y la maldad humanas han convertido un fantástico instrumento de comunicación en un gran basurero. Da la sensación de que la soez y frustración que antes se escribía tras la puertas de los waters ahora se propaga por la red de comunicación social.

No todo lo que circula por allí es así, afortunadamente. Pero la intolerancia y la violencia verbal que se manifiestan en ella son preocupantes. Sobre algunos comentarios políticos, siempre queda creer que están organizados y que los escriben de forma sistemática gente pagada para ello. Yo soy frecuente víctima de esa clase de comentarios. Por ejemplo, después de un reciente debate con el señor Junqueras en la televisión de La Vanguardia, porque sigo vetado en TV3. Cierto que la mayoría de los comentarios eran elogiosos, pero me quedo anonadado cuando leo que alguien puede escribir cosas como “fora d’aquest país, no et volem aquí”, o “quina vergonya que qui porte un dels cognoms mes antics de Catalunya, sigui tan mal catala”. Y no reproduzco las peores. Eso es fascismo puro, fascismo de alpargata, pero con todos sus ingredientes mentales.

Pero no cabe ni siquiera escudarse en esta explicación para el alud de comentarios inaceptables que algunos descerebrados se permiten lanzar a los cuatro vientos digitales contra Barrio, sus compañeros de profesión y su familia. Quiero acompañar la repulsa con la solidaridad con todos ellos. Aunque ya sé que los responsables políticos solemos proclamar solidaridad sin hacer nada para demostrarla, y así la convertimos en una palabra hueca, sirvan estas líneas para contrarrestar tanta abyección.

Otra causa de indignación es la campaña lanzada por la dirección del Barça, ya saben que es más que un club, en apoyo de su jugador Messi, condenado por fraude fiscal a 21 meses de cárcel. Para quien fue secretario de Estado de Hacienda y utilizó en las primeras campañas de declaración de la renta el motto “Hacienda somos todos” es especialmente inaceptable que esos señores tan respetables, dignos exponentes de la burguesía catalana, se permitan lanzar una campaña de apoyo a quien acaba de ser condenado por fraude fiscal diciendo que “Messi somos todos”. Afortunadamente no todos somos Messi, porque si no no sé quien pagaría los hospitales, las escuelas y las pensiones. Ya es bastante con que la abogada del Estado diga en defensa de la Infanta que eso de que “Hacienda somos todos” no era sino un eslogan publicitario, como si de vender un producto comercial se tratara. Pero que ahora se le dé la vuelta y se utilice el mensaje solidario entre una comunidad de ciudadanos que ese “eslogan” pretendía transmitir, para reclamar la solidaridad con quien, no contento de ganar una millonada, todavía esquiva pagar sus impuestos, es realmente demasiado. Solo falta que pidan una cuestación para contribuir a pagar su sanción fiscal. Ya hubo quien lo intentó. Pero creía que desde entonces habíamos progresado algo.

Y, por cierto, los que se han roto las vestiduras argumentando que la Infanta no podía alegar ignorancia de la conducta de los negocios de su marido, no han dicho ni mu de que Messi argumentara igual ignorancia con respecto a la administración que su padre hacia de sus rentas.

Messi será un gran jugador de futbol y habrá dado días de gloria al Barça. Como la señora Flores habrá sido sin duda una gran artista del flamenco. Ni sobre lo uno ni sobre lo otro tengo conocimientos para pronunciarme, ni interés en hacerlo. Pero que más da, no se trata de su calidad como profesionales, sino del cumplimiento de sus obligaciones como contribuyentes. ¡Qué diferencia con otros países con una conciencia colectiva más desarrollada! Recuerdo que durante mi época de Hacienda, se descubrió que un atleta británico, cuyo nombre no recuerdo, que había dado mucha gloria deportiva al Imperio, era un defraudador fiscal. La reacción de Su Majestad fue retirarle todos los honores y condecoraciones que se le habían concedido, en particular su condición de Caballero del Imperio Británico. En cambio, aquí no hemos leído ni oído reprobar ese comportamiento. No digamos ya de parte de ninguna autoridad pública u organización ciudadana.

En una tierra y en una sociedad en la que se ha lanzado con tanta facilidad el eslogan “España nos roba”, porque supuestamente se queda con los impuestos de los catalanes, nadie ha osado decir “Messi nos roba”. Claro que antes tendrían que haberlo dicho del exhonorable Pujol y de su familia. Y obviamente nada de eso ha ocurrido. Al contrario, el colmo de la estupidez es oír y leer, también las redes sociales, comentarios del tipo “para que nos lo roben los de Madrid, mejor que se los quede Pujol” (sus impuestos). Cuando en realidad el impuesto evadido, el del patrimonio, alimenta directamente la Hacienda catalana.

Otros acontecimientos, de mayor nivel político, resultan también sorprendentes. Me refiero a la cuestión de la multa a España porque su gobierno, el de Rajoy, el nuestro, ha incumplido a conciencia sus obligaciones de contener el déficit publico. Y también al problema de los bancos italianos. Ambos casos demuestran que la UE adopta solemnemente reglas que pretende aplicar en todo caso y situación, pero que cuando llega el primer momento de aplicarlas ve que no es conveniente hacerlo porque no haría sino empeorar el problema. Con lo cual su descredito aumenta.

Este articulo seria demasiado largo para entrar ahora en el fondo del asunto. Pero cuando veo a nuestro ministro de Economía, en funciones, excusarse diciendo que seria paradójico que se multase al país cuya economía más ha crecido en el ultimo año, me pregunto si nos toma por imbéciles a los españoles tanto como a sus colegas del Consejo. Porque la sanción no tiene que ver con haber crecido mucho o poco, sino por no haber mantenido otra variable macroeconómica, el déficit, fuera de unos determinados limites que habían sido aceptados por nuestro Gobierno. Como cuando el ministro italiano de Economía, el serio y respetado economista Padoan, pide que no se aplique a Italia el mecanismo de resolución bancaria previsto en la recién aprobada Unión Bancaria porque mientras ésta se estaba discutiendo en Europa, la Banca italiana colocaba miles de millones de euros de obligaciones entre los ahorradores de su país y que ahora la aplicación de esas norma (el bail-in en vez del denostado bail-out) puede provocar una explosión social.

Pero esos no son ya casos de maldad ni de estupidez, sino de la adecuación entre el sistema que estamos siguiendo para profundizar en la integración europea y sus consecuencias no previstas sobre las realidades sociales. Tema para las siguientes reflexiones.