Ventotene, 75 annos después

Ventotene es una pequeña isla del archipiélago Ponzino, situado entre Roma y Nápoles. Tiene una impresionante historia acuñada en siglos. Aunque no sea muy conocida, es uno de los lugares fundacionales de la construcción europea y lugar de peregrinación de los federalistas.

Desde la antigüedad, Ventotene fue utilizada como isla-cárcel. Los emperadores romanos acostumbraban a desterrar allí a los personajes incómodos, que solían acabar asesinados. Por allí pasaron y murieron Julia, la hija de Augusto, y la madre de Calígula. En los tiempos previos a la Revolución francesa los Borbones construyeron sobre un cercano islote un gigantesco penal, el lugar ideal para que Alejandro Dumas situase la historia del conde de Montecristo. Fue cárcel hasta los años 60 y hoy su inmensa masa de piedra labrada se desmorona lentamente frente al mar.

Siguiendo con la tradición, Mussolini lo convirtió en cárcel para sus oponentes políticos. Varios centenares de ellos se pudrieron decenas de años en una pequeña ciudad dividida en barrios autogestionados por las diferentes familias políticas de los prisioneros-desterrados. Las lápidas en los muros todavía lo recuerdan: mensa (comedor comunitario) de los comunistas, mensa de los anarquistas, mensa de los socialistas,...

Sandro Pertini, futuro presidente de la Republica Italiana, pasó por Ventotene. Y un largo etcétera de políticos que jugaron un papel importante en la reconstrucción de la Italia de posguerra. Altiero Spinelli, que por su pensamiento y su ejemplo vital es considerado uno de los padres de la idea moderna de Europa, fue uno de ellos.

Hoy descansa en Ventotene, en una sencilla tumba adornada con la bandera europea. Y uno de los edificios del Parlamento Europeo en Bruselas lleva su nombre. Pero para mis estudiantes en la Universidad Complutense es un perfecto desconocido, como para la mayoría de los ciudadanos europeos. Ni siquiera estoy muy seguro de que los eurodiputados sepan lo que representa su figura para la construcción de la Europa unida.

Y sin embargo, Spinelli es el autor, junto con Eugenio Colorni y Ernesto Rossi, del famoso (para los iniciados) manifiesto de Ventotene, considerado como la base doctrinal del movimiento federalista europeo, escrito clandestinamente en prisión en 1941 y publicado al acabar la guerra.

Un texto de lectura obligada en estos días en los que la UE vive una multi-crisis que se considera la más grave de su historia. Y especialmente porque el pasado día 23 de mayo se celebraba el 30 aniversario de la muerte de Spinelli y los 75 años de su Manifiesto, un acontecimiento que no se ha recordado como se merece, porque podemos decir que en Ventotene empezó todo, antes incluso que en la Declaración de Schuman del 9 de mayo de 1950.

El manifiesto fue escrito en junio del 41, cuando Hitler acaba de invadir la Unión Soviética. Pero sus autores ya anticipan que Alemania perderá la guerra, y entonces será preciso reconstruir Europa sobre una nueva base política que supere a los nacionalismos y al propio Estado-nación deslegitimados por la guerra.

Imaginaron un proceso constituyente a nivel europeo y la creación de una federación europea. Una visión excesivamente optimista y sin duda alejada de la realidad del momento. Lo que se reconstruyeron fueron los Estados y lo que se puso en marcha fue el proceso de los pequeños pasos de Monnet y Schuman que pretendía llegar tan lejos como Spinelli pero a través de acciones graduales y concretas que crearan, poco a poco, una solidaridad de hecho que legitimara la Federación Europea.

Spinelli y su gran salto adelante tuvo no pocas discusiones y enfrentamientos con la política de pequeños pasos de Monnet. Los europeístas se pudieron clasificar entonces entre monnetianos y spinellistas. Pero en estos momentos en los que el método Monnet o “comunitario” parece haber llegado al final de sus potencialidades, conviene recordar que el Manifiesto de Ventotene contenía ya muchos elementos que formar parte de la actual Unión Europea, entre ellos la moneda única y la “libertad de emigración”, hoy puesta en causa por acuerdos como el “Brexit”. También reclamaba una política única exterior y de seguridad, de la que estamos todavía muy lejos.

El Manifiesto contenía también una novedad que hoy es importante en la forma en la que se presenta el debate político. Me refiero a eso que se dice de que la diferencia entre izquierda y derecha ha dejado de tener sentido o por lo menos no es ya el eje fundamental de la política. Los que lo dicen son no solo los partidos emergentes de tipo populista como Podemos, sino también personalidades emergentes de un perfil bien diferente al de Pablo Iglesias como el del elegante ministro francés de Economía Emmanuel Macron, que parece creer que basta con decir ¡Adelante! (el nombre de su movimiento político) sin tener que precisar hacia adonde.

Esta idea la plantearon ya los autores del Manifiesto, argumentando que más relevante que la pelea ideológica del momento, no olvidemos que era en 1941, era la dialéctica entre los que querían construir una unión supranacional europea y los que seguían defendiendo el paradigma del Estado-nación.

Este es un análisis muy actual. La actual crisis ha hecho revivir los nacionalismos de todo tipo, incluyendo los que quieren pretendidamente hacer Europa rompiendo España primero. La línea divisoria entre los europeos es hoy entre los integradores y los desintegradores del proyecto europeo, más que entre izquierda y derecha en el sentido tradicional de esos términos o de la división Norte-Sur que ha creado la crisis del euro

Con ello no quiero decir que los valores y las políticas que se defienden desde la derecha o desde la izquierda sean irrelevantes para la construcción europea. Y es cierto que las políticas anti-crisis de la UE han contribuido a debilitar el estado social. La centralidad que ha tenido el mercado interior en la construcción europea ha implicado un sesgo neoliberal, que también ha sido el resultado de la correlación de fuerzas políticas, porque desde el 2004 el partido mayoritario en el Consejo y el Parlamento Europeo es el Partido Popular Europeo.

Pero, desgraciadamente, tampoco se puede decir que cuando los partidos socialdemócratas eran mayoritarios en Europa impulsaron lo que venimos en llamar la Europa social, cuyas carencias han influido en las actitudes antieuropeistas actuales.

Europa será más de izquierda o más de derecha, al menos en el marco de los Tratados (cuya reforma no es fácil) en función de las mayorías que prevalezcan en la Comisión, el Parlamento y el Consejo. El combate político a escala europea es tan importante como a escala nacional. Pero no cabe la vuelta al Estado-nación tirando a la papelera de la Historia el manifiesto de Ventotene 75 años después de que lo escribieran unos visionarios encerrados en las cárceles del fascismo.

En este aniversario, suenan bien las palabras del presidente Obama, reconociendo que la integración europea es una de los mayores éxitos políticos y económicos de nuestra época y recordándonos que somos los herederos de un combate por la libertad. El combate que libró Spinelli desde Ventotene y que ahora toma una nueva dimensión, la de reconstruir el Estado social, marca identitaria de la Europa de postguerra, en el escenario de la globalización.

Esta es una tarea que los europeos haríamos mejor unidos que cada país por separado. Pero ello requiere profundizar en la integración persiguiendo del sueño de Ventotene.