El amigo americano

Cuando todavía no se han apagado los ecos del discurso del Presidente Obama en Hanover recordando a los europeos de donde venimos, lo que hemos sido capaces de hacer y lo que representamos para el mundo, el jefe de su Consejo de Asesores Económicos, el profesor Jason Furman, ha pasado por Bruselas señalando algunos aspectos de la situación económica de la UE, que son especialmente relevantes para España.

Su diagnóstico no habrá gustado en Alemania, pero no puedo estar más de acuerdo con él. La recuperación económica en la zona euro es débil. Y frágil ante los riesgos de la economía global, especialmente los que pueden venir de China y de los demás países emergentes que están en el “epicentro de la tempestad”, dentro de un escenario de crecimiento de la economía mundial claramente más bajo que antes de la crisis. Sin olvidar los riesgos domésticos, como lo que pueda ocurrir con el Brexit, una nueva crisis de solvencia en Grecia, una crisis bancaria en Italia o la inestabilidad política en España , la amenaza terrorista, los flujos de emigrantes, etc..

Y esta débil recuperación se debe a los errores de política fiscal que se han cometido para hacer frente a la crisis del euro, que empezó en Grecia a finales del 2009. La interpretación de esa crisis como un exceso de déficit publico, cierto en el caso de Grecia pero no en el conjunto de la eurozona, llevó a la aplicación de políticas de excesiva restricción fiscal, “austeridad” se ha venido en llamarlas, que han cercenado el crecimiento sin resolver, más bien agravándolo, el endeudamiento.

Como dice nuestro Ministro de Exteriores, “en materia de austeridad, nos hemos pasado varios pueblos”. Tiene toda la razón, pero habría que ver quién es el sujeto activo de la frase, quiénes son, o somos, los que “nos” hemos “pasado” en la aplicación de esas políticas.

Las palabras de Furman son un claro mensaje a Alemania y a la Comisión. Hay que flexibilizar la aplicación de las reglas fiscales y hay que aplicar una expansión fiscal allí donde haya margen para ello. En lo primero se refiere a España, y en eso el americano actúa como un buen amigo que aconseja que no se nos impongan las sanciones a las que nos hemos hecho acreedores por nuestro reiterado incumplimiento de los objetivos de reducción del déficit publico. Y en lo segundo se refiere a Alemania, que tiene todo el margen del mundo para estimular su economía y de paso la de sus vecinos.

Alemania presenta hoy un superávit comercial del 8 % de su PIB. Tiene un exceso de ahorro que debería canalizarse a un aumento de la inversión publica y de la renta disponible de sus trabajadores pobres, que los tiene y mucho, para relanzar la demanda interna. Pero no parece que esta sea la intención de Berlín, a quien no le habrán gustado las recomendaciones de Furman.

De hecho, la Comisión Europea acaba de poner bajo vigilancia a Alemania en aplicación de las nuevas normas de coordinación de las políticas macroeconómicas, por su abultado superávit exterior. A los alemanes les cuesta entender que un superávit comercial excesivo puede no ser una buena cosa. Para ellos es el símbolo de la virtud económica y cuento más mejor. ¿Por qué limitarlo?. Porque dificulta el equilibrio de la economía global y en particular de la europea es la respuesta. Pero que no les convence. Costó Dios y ayuda que se aceptara que un superávit exterior superior al 5,5 % se consideraría un desequilibrio económico a corregir, aunque sin que comportara sanciones como en el caso del déficit publico excesivo.

Cuando se adoptó esta decisión, Alemania tenía un superávit exterior del 5 %, de manera que el límite parecía fijado para que no afectara a Alemania. Pero desde entonces ha seguido subiendo hasta el actual 8 %, que debería obligar a la Comisión a pedir a Alemania que tome medidas para corregirlo.

Frente al escepticismo del amigo americano, se puede argumentar que la eurozona, con un crecimiento del 0,6 % en el primer trimestre del 2016, ha recuperado los niveles máximos de PIB del primer trimestre del 2008, antes de que la economía europea sufriera un par de graves recesiones de efectos económicos sociales y políticos desastrosos.

Es estadísticamente cierto que, en su conjunto, estamos donde estábamos hace 8 años, a diferencia de EE.UU. que recuperó lo perdido en solo 5 años.

Y ha sido así porque las respuestas de política económica aplicadas en ambos lados del Atlántico han sido muy diferentes, en su naturaleza y en su ritmo de aplicación. Los EE.UU. sanearon rápidamente su banca, y aplicaron una combinación pragmática de políticas fiscales expansivas y políticas monetarias no-convencionales, que el BCE ha imitado muy tarde, en el 2015, después incluso de subir los tipos de interés en el 2011 argumentando que veía venir “tensiones inflacionistas”. Que Dios les conserve la vista.

Por no hablar del saneamiento vacilante e incompleto del sistema bancario que sigue lastrando el crecimiento. En materia de paro, la tasa de desempleo de la zona euro esta por encima del 10 por ciento y, aunque se reduce muy ligeramente, es más del doble del de los Estados Unidos. La continua caída de los precios que en la zona euro se redujeron en un 0,2 % en abril, es un signo de estancamiento económico que sigue resistiéndose a los esfuerzos del BCE para aumentar la inflación a través de aumentos del gasto y del crédito.

Por lo tanto, aunque en términos macroeconómicos volvemos a los niveles previos a la crisis, decenas de millones de ciudadanos europeos, entre ellos muchos españoles, cuyas vidas y haciendas no se han recuperado en absoluto, no tienen nada que celebrar.

Y además, la recuperación se está produciendo de una manera muy desigual y desequilibrada. Las economías más fuertes de la zona euro, los principales exportadores como Alemania y los Países Bajos, se han recuperado más fácilmente. Sin embargo, en los países más afectados por la crisis, Chipre, Grecia, Irlanda e Italia, España y Portugal, las clases populares y buena parte de las clases medias continúan luchando con las consecuencias de la pérdida de sus empleos y los recortes salariales que han reducido sus ingresos.

En términos de PIB , Irlanda es el país que más se ha recuperado, aumentando un 14 % el del 2008. Grecia, sin sorpresas, el peor, con un PIB 28 puntos porcentuales mas bajo. Italia 10 % menos , España 4,5 % menos , y Alemania (6,5 %) y Francia (3 %) por encima.

No es extraño que el amigo americano exprese las muchas dudas sobre la capacidad de la eurozona de lograr un crecimiento fuerte y sostenido. Y no hay muchas señales de que las cosas vayan a mejorar pronto. A pesar de la lluvia de liquidez, los grandes bancos de todo el continente siguen reacios a conceder prestamos, Y la desaceleración en China ,amenaza con afectar a las exportaciones europeas que han sido un motor fundamental de la recuperación.

No es solo el amigo americano el que pide clemencia para España, y también para Portugal. El FMI y el BCE piden que se dé al euro el apoyo fiscal que necesita. El cumplimiento estricto de las reglas fiscales, que Alemania incumplió cuando le convino, no puede sustituir a la toma en consideración de perturbaciones de tipo sistémico que ninguna regla automática puede prever ni resolver.

Volviendo al discurso de Obama, que algunos pueden decir que llega tarde, después de años de desinterés hacia Europa, hay que reconocerle el merito de aportar la visión de un amigo que nos invita a reconocer le dimensión histórica de la construcción europea, a pesar de todos nuestros actuales problemas. Tema para la siguiente reflexión, porque en esta campaña electoral que se acerca haríamos bien en considerar seriamente lo que representa el proyecto europeo, con sus luces y sus sombras.