Madrid, ¿hay alguien ahí?

En Bruselas andan muy enfadados porque el gobierno español ha incumplido claramente sus compromisos de reducción del déficit publico. Y más enfadados están porque lo ha negado cuando ya era evidente que no cumpliría. Y porque ya sabía que las rebajas de impuestos electorales eran incompatibles con la disciplina fiscal exigida por la UE. De manera que, como señalaba en mi ultimo artículo en estas paginas digitales, el nuevo gobierno, sea cual sea y cuando sea que asuma sus funciones, tendrá que hacer frente de forma prioritaria a la ingrata tarea de cumplir con las exigencias europeas en materia de déficit publico. Eso va a complicar la posibilidad práctica de una política expansiva que a todos le gustaría poder hacer. Seguramente dispondrá para ello de más tiempo, seguramente nos concederán el año adicional que ya ha pedido el gobierno en funciones, entre otras cosas porque es imposible, sin someter al país a una recesión de caballo, reducirlo en menos tiempo por debajo de la consagrada cifra del 3% del PIB.

Pero no será sin contrapartidas en términos de reformas, lo que también complicara la vida al nuevo gobierno. El Ejecutivo comunitario ha estado afilando el arma de la sanción económica por déficit excesivo, lo que sería una bomba atómica política. No la han aplicado porque estaban esperando si se formaba o no gobierno. Y ahora que ya parece seguro, salvo sorpresa de última hora “a la catalana”, que vamos a nuevas elecciones, sería políticamente más difícil aplicar sanciones a un país que está en segunda vuelta electoral. Recordemos que las sanciones económicas por déficit excesivo consisten en que el país incumplidor debe depositar en las arcas comunitarias un porcentaje de su PIB, en función de la cuantía del incumplimiento, que va del 0,2% al 0,4% si el déficit alcanza el 5 % del PIB que es lo que tuvimos en el 2015.

Pero esperar hasta el verano a que un nuevo gobierno tome medidas se hace muy largo. Desde Bruselas han estado llamando a Madrid preguntando si había alguien ahí que pudiera tomar medidas cuanto antes, porque tampoco pueden estar silbando y mirando para otro lado. Por eso nos han lanzado el ultimo aviso antes de aplicar esas multas por déficit excesivo previstas en los Tratados. Tendríamos el dudoso honor de ser el primer país al que se le aplican. Y para evitarlo el gobierno en funciones tendrá que presentar en Bruselas, antes del mes de mayo, es decir ya, el nuevo programa de estabilidad. Una responsabilidad muy grande para un gobierno en funciones

El Ministro Guindos puede ponerse muy digno y decir que las sanciones no le importan, que lo que le importa y preocupa es la credibilidad de las cuentas públicas. Y tiene toda la razón, porque precisamente ahí esta el problema. La realidad es que el gobierno Rajoy ha incumplido sistemáticamente los objetivos fiscales. Tiene la suerte de que la mala situación de la economía global no milita para endurecer la aplicación de disciplinas presupuestarias, que cada vez más voces autorizadas las consideran excesivas. Pero nuestro record de incumplimientos nos ha quitado mucha credibilidad. ¿Recuerdan cuando al principio de su mandato Rajoy se enfrentó a la Comisión pretendiendo fijar unilateralmente los objetivos de déficit que España debía cumplir?. Naturalmente tuvo que envainársela, pero en Bruselas se acuerdan todavía de cómo se retrasó artificialmente la presentación de los Presupuestos hasta después de las elecciones andaluzas, cuando no había ninguna excusa ni razón, aparte de las conveniencias electorales, que lo justificase. Y también saben que la reforma tributaria del final de la legislatura era también electoralista y se hizo sin el margen necesario para que fuese neutral desde el punto de vista del déficit.

Bueno, dirán algunos, al menos así se ha aplicado de tapadillo una política fiscal más expansionista que habrá ayudado también a mantener la recuperación. Cierto, pero al precio de pasar una patata envenenada al siguiente gobierno y hacer que la economía española sea más vulnerable frente a la percepción de los mercados que nos tienen que financiar.

De momento el gobierno, en funciones, ya ha elevado el objetivo de déficit para este año al 3,6% del PIB en vez del 2,8% que había venido manteniendo a pesar de que ya no se lo creía nadie después del 5% registrado en el 2015. Nadie en su sano juicio, ni siquiera los más ortodoxos centroeuropeos pueden pretender que se puede pasar del 5 al 2,8 en un año sin provocar graves tensiones sociales y una recesión económica. No sería la primera vez sin embargo que Bruselas exige metas inalcanzables, y ahí esta el caso de Grecia, para recordarlo. Pero los tiempos han cambiado y ahora esta cada vez más claro que es necesario una política económica que no descanse solo sobre el BCE y su quantitative easing para relanzar la economía.

Y buena falta nos hace que se apliquen otras medidas de relanzamiento, porque lo que ha contado el Ministro en el Congreso es que nuestra economía se desacelera y tendremos mas déficit, mas paro y más deuda a final de año. Como para dar la bienvenida a su sucesor…

Es posible que, al menos en parte se deba al contexto de incertidumbre global que aqueja a la economía mundial , que también he tenido ocasión de comentar en anteriores artículos. Cierto, la economía china, los precios de las materias primas, empezando por el del petróleo, la inestabilidad financiera, los tipos de interés entrando en territorio negativo, etc… todo ello no nos favorece. Pero en lo que sí dependía del gobierno, tampoco se ha hecho lo que se debía y en Bruselas saben muy bien que el aumento de la brecha fiscal ha sido creado a conciencia para poder ofrecer rebajas fiscales preelectorales. Con el ajuste presupuestario que ahora toca, el PIB crecerá menos y tendremos más paro, tres decimas más según las nuevas previsiones del gobierno.

Lo que nos vaya a ocurrir dependerá naturalmente del gobierno que salga de una segunda vuelta electoral que parece ya inevitable. Pero también de cómo en Europa se conciba el papel de la política fiscal en esta nueva etapa. El 9% del PIB de la zona euro que el BCE ha inyectado en el circuito económico con su expansión monetaria no parece funcionar bien. Y el plan Juncker tampoco tiene la talla ni se ejecuta con el rimo que la situación requiere. Por eso hay que pensar en que podría consistir un plan de relanzamiento económico a escala europea. Relajar las restricciones presupuestarias para hacer frente a la crisis migratoria seria una buena política. O acelerar la transición energética hacia una economía baja en carbono. Aunque solo sea para evitar que cuando el precio de la energía fósil importada vuelva a aumentar, Europa se encuentre de nuevo con la necesidad de pagar un coste elevado de su factura energética. Una transición que podría tener el favor de las opiniones publica, incluso la alemana, muy sensibilizada con esta cuestión. Y que tendría efectos redistributivos Norte Sur, porque es en el Sur, donde hay más sol, donde habría que hacer más inversiones. Pero aprovechando e impulsando las capacidades tecnológicas del Norte.

Nada de todo eso se puede hacer desde un solo país, o desde todos aisladamente. Cuando desde Bruselas se preguntan si hay alguien responsable en Madrid, desde todas las capitales europeas se puede también preguntar si hay alguien en Bruselas que este pensando en estas cosas,