Otra forma de “Grexit” ¿?

Mientras en Madrid se discute quién debe ser el primero en intentar conseguir formar Gobierno, y en Barcelona si hay que declarar la independencia unilateralmente dentro de 18 meses o un poco más tarde, en el otro lado del Mediterráneo se juega, de forma mucho más dramática, el destino político de Europa.

El pasado viernes 22 de enero, fueron repescados a lo largo de las costas griegas los cadáveres de 42 emigrantes, entre ellos 17 niños. Hoy, jueves 28, las costas de Samos han recibido los cuerpos de otros 12, entre ellos 8 niños. Es la historia de todos los días, que ya no levanta emociones salvo cuando algún documento gráfico golpea nuestras consciencias con más fuerza que la de las cifras.

Las cifras son elocuentes. Según la OIM, desde principios de año han llegado a las costas griegas e italianas 37.000 emigrantes, 10 veces más que el año pasado. Y ya van 113 muertos ahogados. El mal tiempo no detiene el tráfico, incluso parece que los precios que ofrecen los traficantes es más bajo cuando el riesgo es mayor, como si se tratase de unos macabros saldos.

Grecia no puede hacer frente sola a esta avalancha. A los que llegan a su suelo los deja marchar a cualquier otra parte de Europa. Turquía dice no tener los medios de controlar el flujo que parte de su territorio. La UE le ha prometido 3.000 millones de euros para que los contenga. Una especie de rescate al revés, les pagamos para que se los queden. Pero no somos capaces de reunir esa cantidad y algunos Estados se niegan claramente a contribuir. Los planes de reparto de los refugiados que se han adoptado no se aplican. Mientras algunos Estados, pura y simplemente se niegan a recibir a ninguno, los más generosos como Alemania y Suecia se empiezan a cerrar. Dinamarca decide confiscar los magros bienes de los emigrantes para pagar los gastos de acogida. Y la mayoría de los gobiernos estiman que no son capaces de integrar ese flujo de personas. Los acuerdos de Schengen sobre libre circulación están a punto de morir mientras que en la práctica se suspende en varias fronteras.

Lo menos que se puede decir es que Europa está paralizada ante la magnitud del problema. Y sin embargo, es evidente que no hay una solución nacional posible a una cuestión tan trasnacional como la gestión de esos flujos migratorios. Hasta ahora eran mayoritariamente refugiados que huían de la guerra y pedían asilo. Pero, según el primer vicepresidente de la Comisión, Frans Timmermans, entre los que están llegando desde diciembre de 2015, la mayoría son emigrantes económicos, en gran procedentes parte de los países del Magreb, a los que habrá que identificar y devolver a sus países de origen.

Ante esta situación, habría al menos que decidir reforzar seriamente las fronteras exteriores de la UE, ayudando a los países que están en primera línea, hoy por hoy fundamentalmente Grecia, mientras se crea una agencia común de control de las fronteras exteriores de la UE. Si no se pueden controlar sus fronteras exteriores, la idea misma de la UE como espacio político que ha suprimido sus fronteras internas no sobrevivirá a estas tensiones.

La novedad es que, ante la urgencia, la Comisión Europa acaba de lanzar un procedimiento que, si se llega a aplicar, restablecerá durante dos años el control de las fronteras internas de Schengen, situando a Grecia en una especie de cuarentena con respecto a la aplicación de dicho Tratado

De esta manera se pretende conseguir que, a mediados de mayo, Alemania disponga de un período de dos años para mantener los controles fronterizos con Austria, si sigue la avalancha de inmigrantes procedentes de Grecia. Estos controles fueron reintroducidos en septiembre del 2015, pero solo se podrían mantener 8 meses sin el procedimiento que la Comisión acaba de activar, y Alemania podría acabar violando el Tratado de Schengen, lo que equivaldría a la muerte clínica de uno de los elementos más emblemáticos de la integración europea.

El problema es que este procedimiento, si se llega a aplicar, aumentará el aislamiento de Grecia. El gobierno griego ha reaccionado acusando a la Comisión de ejercer pura y simplemente un chantaje, en vez de responder a la reiterada petición de fortalecer la asistencia Frontex en logística y recursos humanos.

Los equipos de Frontex analizaron, a mediados de noviembre de 2015, la situación en la frontera terrestre entre Grecia y Turquía, así como en las islas de Samos y Kíos. Los resultados señalaban que existen graves deficiencias en la realización de controles en las fronteras exteriores que las autoridades griegas tienen que superar y resolver. Es posible que sea así, ¿Pero cómo puede Grecia resolver sola esos problemas con sus escasos recursos y en medio de grandes exigencias de recortes presupuestarios?

Pero incluso en medio de la urgencia, en la UE las cosas de palacio van despacio. Grecia tiene tres meses para corregir esa situación. Si a principios de mayo la Comisión señala que sigue habiendo graves deficiencias en el control de las fronteras, se activará el artículo 26 del Código de Schengen y se propondrá la introducción de controles por dos años en las fronteras interiores de Grecia con el resto de la UE. durante dos años en la mayoría, ciertas fronteras interiores. Recomendación a ser, también, con sujeción a los Estados miembros.

¿Y por qué se ha tardado tanto en proponer estas medidas? En realidad el tema ya estuvo en la agenda de los ministros del Interior en el otoño pasado. Pero entonces quizás se confiaba todavía en que el acuerdo con Turquía, concluido a finales de noviembre, limitaría el flujo de migrantes sería capaz de establecer de forma eficiente los hotsopts, es decir los puntos de control y selección de los solicitantes de asilo.

La Comisión asegura que esta decisión del miércoles no responde a la intención de excluir a Grecia de Schengen, lo que en cualquier caso no está previsto en los Tratados, como tampoco lo está la salida del euro. Se trataría de salvar transitoriamente la difícil situación actual para volver dentro de unos meses o años a la situación anterior a la crisis con los medios necesarios para ejercer adecuadamente el control de las fronteras exteriores de la UE.

Pero guste o no, esta clase de actitudes despierta de nuevo el fantasma del “Grexit”, es decir de la salida de Grecia de mecanismos o políticas comunitarias que le resultan difíciles de mantener y respetar sin una gran ayuda exterior, como ocurrió en el momento álgido de la crisis del euro en el verano de 2015.

Algunos Estados que están sujetos a una fuerte presión migratoria, y/o tienen movimientos populistas que azuzan una opinión pública cada vez más hostil a los emigrantes pueden verse tentados de utilizar esta nueva forma de “Grexit”. No es un secreto que Austria, Hungría y Eslovenia están pidiendo sotto voce una exclusión temporal de Grecia de la zona de libre circulación. Alemania de momento se limita a pedirle que cumpla con sus deberes y obligaciones. En cambio, Francia, Italia y España consideran que aislar aun más a Grecia dentro de Europa no resolvería ningún problema. Pero en este caso hay que decidirse a que el control de las fronteras exteriores de la UE sea realmente una obligación común de todos sus Estados miembros y no solo de aquellos sobre los que ejerce la presión de forma más directa.