Laberintos y bloqueos

En mi pasado artículo en estas páginas digitales me atrevía a hacer pronósticos sobre algunas de las incertidumbres que nos trae el nuevo año. Una de ellas era la decisión que debía tomar la CUP sobre la investidura de Mas. Y debo reconocer que me equivoqué. Vaticinaba que al final decidirían prestarle los dos votos que le faltan y lo justificarían con la necesidad de no interrumpir la marcha hacia la construcción de la república catalana.

Siempre pensé que ese sería el desenlace final de una bien orquestada operación de marketing político que ha dado a los “cupaires” una gran notoriedad. Pero no. Al final, y después de todas las vueltas que le han dado, con asambleas en polideportivos, sorprendentes empates que desafían a las leyes de la probabilidad y encarnizados debates en el seno de órganos de decisión colectiva, han decidido que la independencia de Catalunya no depende de que Mas sea President y que no van a permitir que lo sea.

La solución lógico-salomónica después del empate del polideportivo hubiera sido que la mitad de los diputados de la CUP, tiene diez, votaran a favor y la otra mitad en contra. Así se hubiera representado aritméticamente la voluntad expresada por los “cupaires” reunidos en cónclave. Pero en la práctica, esa reproducción a escala de escaños de los votos militantes conducía al rechazo de Mas, y esa disyuntiva binaria es lo que se estaba discutiendo. La lógica aritmética no reproducía la lógica política y hacía falta una última decisión que, por lo que parece, va a conducir a nuevas elecciones en Catalunya. Y probablemente contribuir a que lo mismo ocurra en España.

O quizás todavía no. Como dicen algunos comentaristas en la prensa catalana, no se vayan que la función no ha terminado todavía. Quedan 5 días durante los cuales la CUP se va a ver sometida a una enorme presión para que reconsidere su posición. Mas les ha echado su último guante y los Tamayos puede que no sean solo una especialidad madrileña. De entrada, la violencia verbal que se ha desplegado contra la CUP es espeluznante. De putas y traidores para arriba, agentes secretos del españolismo, toda una retahíla de insultos que refleja el clima de crispación en la que vive una parte importante de la sociedad catalana. Sería cómico sino fuera trágico.

En el fondo lo que está ocurriendo es la demostración de que con menos del 50 % de los votos populares y una exigua mayoría parlamentaria, que está lejos de los 2/3 requeridos para modificar una coma del Estatut, no es posible hacer efectiva de forma unilateral la independencia de Catalunya. No hay apoyos sociales suficientes para ello y las grietas del proyecto afloran por todas partes.

Los críticos de la CUP, con el retorico y desafiante discurso de Mas a la cabeza, le reprochan no tener el suficiente sentido de país y priorizar sus posiciones ideológicas frente a la construcción de la independencia. Parece que se reproduce una vieja polémica, la de las luchas dentro del bando republicano en la Barcelona de los años 36-39, ¿qué hacemos primero, la revolución o ganar la guerra? Ahora la elección del orden de prioridades es entre la trasformación social o la independencia.

Tienen razón los de la CUP de no fiarse un pelo de Mas y los suyos en lo que a trasformación social se refiere. Y por eso aseguraron por activa y pasiva durante la campaña electoral que no le investirían como President de la Generalitat. Y, desde la perspectiva de social, sus razones para no hacerlo eran muy fuertes. Por eso resultaba extraño y sospechoso que se embarcaran en una larga negociación, que parecía pensada, incluso en su ritmo y procedimientos, para acabar aceptándole a cambio de concesiones en política social.

Bien es cierto que siempre insistieron en su “no” a Mas. Pero no deja de ser curioso, en este laberinto en el que se han extraviado algunos, que uno de los que más vehementemente expresó su rechazo a Mas, el diputado electo de la CUP Antonio Baños, ahora dimita por no ser capaz de traducir con su voto la decisión de su grupo. Llenas están las hemerotecas de sus “nunca, nunca, nunca” a Mas. El día 22 de septiembre aseguraba que “no votaremos nunca la investidura de Mas. Y nunca es nunca”. Pero ahora parece que “nunca” no es “nunca” sino “ya veremos”. Tan férrea determinación ha desaparecido, porque el bueno del Sr. Baños ha descubierto ahora que la decisión de no votar a Mas es contraria a las razones por las cuales se presentó a la candidatura. O sea, que a los electores les pidió el voto argumentando lo contrario de lo que ahora dice?!?

De todo este embrollo, el ganador es Junqueras. De momento adopta actitudes de complaciente serenidad y teóricamente mantiene su compromiso con la candidatura de Mas, pero es probablemente quien más tiene que ganar de la repetición de las elecciones, recogiendo la parte de los votos de la CUP descontenta con esta decisión.

En Catalunya andamos perdidos por el laberinto y no hay que dejar la partida por terminada. Habrá que esperar que dan de sí 5 días de agitación y presiones, con “tamayazos” incluidos. En cambio, en la escena política española, parece que algunos quieren dar por terminada la partida antes de iniciarla. Más que de laberintos, estamos ante bloqueos. El PSOE estaba en el centro de las negociaciones, porque nada se puede hacer si su concurso, pero parece que se ha limitado voluntariamente todas las opciones. Lo cual es tanto más paradójico que no parece que sea el que más rédito puede sacar de una repetición de las elecciones.

De momento ha sido el partido que más divisiones internas ha mostrado. Y eso tampoco ayuda. En vez de dejar que el proceso fluyese de acuerdo con sus reglas y plazos, que imponen una lentitud que viene bien para negociar, parece que se ha dado prioridad a construir “líneas rojas” que conducen a un bloqueo de las negociaciones, o incluso a impedir que estas puedan iniciarse para construir una alternativa al gobierno del PP. Y la idea de hacer coincidir un proceso congresual con las negociaciones y las votaciones necesarias para formar gobierno, es cualquier cosa menos razonable y constructiva.

Pero encontrar la solución a estos bloqueos puede esperar hasta después del puente de los Reyes, pasado el cual sabremos si definitivamente, esta vez sí porque ya no hay más tiempo, la CUP ha dicho “no” a Mas, y Catalunya sigue dando vueltas a su laberinto.