Un año incierto

El 2016 que viene se presenta lleno de incertidumbres. Nada nuevo, todos los años lo están; la incertidumbre es propia del futuro. Y al ritmo al que se desarrollan los acontecimientos, incluso del presente.

Los motivos de incertidumbre son numerosos. Difícil escoger él más importante. Quizás si la débil recuperación económica se va a mantener. Lo que depende a su vez de otros muchos factores de incertidumbre.

Por ejemplo, ¿qué va a pasar con la economía china, caballo de tiro de la economía mundial? Este año nos ha dado un par de buenos sustos, en verano estalló su burbuja bursátil y en los tres primeros trimestres su crecimiento, por debajo del 7 %, ha sido el más bajo de los últimos 25 años.

Y no parece que en el 2016 vaya a recuperar los pasados ritmos de crecimiento. Para los chinos puede ser un signo de “normalización”, y hasta una buena noticia porque representa el paso a un crecimiento de mejor calidad, sobre todo ambiental, y más centrado en el consumo interno. Pero, para ellos y para los demás terrícolas, todo dependerá del ritmo de la desaceleración. No creo que las autoridades dejen que caiga por debajo del 6,7 %. Les va en ello la estabilidad política. Cuentan con poderosos instrumentos para conseguirlo y además pueden utilizarlos con más contundencia que en un país democrático y con economía de mercado libre. Seguirán devaluando el yuan y aplicando una política monetaria flexible. En el 2015 bajaron los tipos de interés 6 veces seguidas y la Conferencia de Trabajo del Partido ha pedido que se sea, “más contundente”. Y ya se sabe quién manda allí.

Los europeos, y muy en particular los españoles, nos hemos aprovechado de un contexto económico internacional especialmente favorable. Petróleo barato, lo que no tiene solo ventajas, política monetaria expansiva con tipos de interés muy bajos y un euro por fin devaluado. En su conjunto representa un estímulo a las exportaciones, rebaja de costes para las empresas y un aumento de renta para familias. Una especie de impulso keynesiano gratis, caído del cielo, que explica el repunte del consumo.

¿Esas circunstancias van a continuar? Puestos a hacer apuestas, es probable que el precio del crudo no aumente debido a la mayor oferta proveniente de un Irán normalizado y a la contención de la producción de Arabia Saudí. Pero nadie había previsto en la primavera que bajaríamos de 100 a 38 $ barril, de manera que en materia de precios del petróleo hacer previsiones es un ejercicio difícil.

Más fácil es suponer que los tipos de interés no subirán en Europa. El fin de la época de tipos bajos en EE.UU. es sólo simbólico, porque 0,25 % no es gran cosa, y por aquí el riesgo de la deflación crónica no ha desaparecido. Pero difícil prever el factor de desestabilización que representan los flujos de capitales hacia los mercados bursátiles americanos atraídos por la mayor rentabilidad de los activos nominados en dólares. Y sino que se lo pregunten a los países emergentes como Brasil.

Pero para los españoles, los mayores y más próximos factores de incertidumbre son los domésticos. En sus últimos días, el 2015 nos ha legado interrogantes políticos especialmente importantes en la escena nacional (nacional de la nación española, y de la catalana también), que se suman a los muchos que se acumulan en Europa y en el mundo global.

Me refiero, claro está, a las dificultades para formar gobierno en Catalunya y en España. Pensaba que en Catalunya la incertidumbre habría desaparecido el pasado domingo 27 de diciembre, pero el insólito empate en la asamblea de la CUP en Sabadell ha dejado las espadas en alto. Seguimos sin saber si Mas será o no investido presidente de la Generalitat, aunque sea con un contrato de duración definida y a tiempo parcial. Y no lo sabremos hasta prácticamente el final del plazo, 9 de enero, en el que se convocarían de nuevo elecciones.

No sé si es una crueldad del la CUP para hacer sufrir a Mas y a lo que queda de la vieja CDC, o incapacidad de decisión por un sistema asambleario y permanentemente participativo. En mi opinión se parece más bien a los segundo, y aunque todo puede ocurrir, mi pronóstico es que al final la CUP le dará a Mas los dos votos que necesita para su investidura. La excusa-razón será no hacer “descarrilar” la marcha hacia la independencia, tragándose su promesa electoral de no dar el poder a un partido “burgués y corrupto”, tantas veces y con tanto énfasis repetida incluso cuando después de las elecciones Mas quedó en manos de un grupo anarquista cuyos planteamientos en materia de política económica y social están en las antípodas de los suyos.

No hace falta repetir los argumentos desplegados estos días en Catalunya para criticar a unos y a otros por la situación que algunos medios de comunicación no controlados por el régimen tachan de puro esperpento. Es bien de lo que se trata, pero lo que ocurre es consecuencia del autoengaño, uno más de los independentistas, cuando al día siguiente de las elecciones autonómicas que presentaron como plebiscitarias, proclamaron que las habían ganado con un 47,7 % y que con menos de la mitad de los votos tenían un “mandato democrático” para “desconectar” de España.

Los resultados de las pasadas generales han vuelto a confirmar esos errores de percepción de Mas. Ya se equivocó en el 2012 cuando pensó que podía acaudillar las manifestaciones y adelantó las elecciones esperando que “el poble” le daría la mayoría absoluta. El resultado fue que obtuvo 12 escaños menos. Salió derrotado, pero no lo asumió. Después de llamar a participar en una pseudoconsulta, convoca otras elecciones a las que da carácter plebiscitario convenciendo a Junqueras de concurrir juntos. Obtuvieron 62 diputados, muchos, pero no suficientes. Y ahora se sigue engañando, o pretendiendo engañar a sus electores, argumentando que la “CUP puede forzar celebrar otras elecciones pero no puede cambiar al President”. No, aquí no se trata de cambiar al President porque no hay President, Mas sólo está ejerciendo de President en funciones.

Lo correcto sería que Mas dijera que la CUP “no puede pretender cambiar al candidato a President que propone Junts*si”. Bueno, sí puede pretenderlo y de hecho lo pretende. Otra cosa es que el precio de no conseguirlo sea convocar elecciones otra vez. Lo que sería, en mi opinión, la única salida política digna para Catalunya. No hablo de la dignidad de Mas, porque ya no le queda mucha que perder. Pero volviendo a los pronósticos, ya que estamos hablando de incertidumbres, el mío es que al final la CUP investirá a Mas y este podrá decir que quien aguanta gana. Y después veremos para qué le servirá su victoria.

En la escena política española asistimos a la misma situación de bloqueo. Se acabó el tiempo en el que los españoles ya sabíamos al acabar el recuento quien seria presidente del gobierno. Ahora la incertidumbre es completa.

O quizás no tanto. En realidad, si todos hacen lo que pregonan, y no acaban desdiciéndose como la CUP, no veo como nadie podría obtener más votos a favor que en contra de su investidura. Con los resultados electorales, el PSOE ocupaba el centro del tablero de las negociaciones. Los escaños socialistas son insuficientes para formar gobierno, pero son los únicos que pueden permitir formar una coalición de gobierno o dar un apoyo pasivo suficiente, con condiciones, a otro candidato. Pero esas posibilidades se han perdido antes de empezar a negociar. La negativa a facilitar la investidura de Rajoy es cien por cien comprensible, Sánchez no puede haberle dicho que no reunía las condiciones de decencia requeridas para gobernar a los españoles y después mantenerle en la Moncloa. Pero con la rotunda negativa a cualquier otro candidato del PP, a diferencia de lo que ha dicho hasta ahora la Cup con respecto a Mas, ya solo queda como posibilidad la de una coalición de izquierdas encabezada por PSOE y Podemos con la ayuda de Unidad Popular y los votos de algunos partidos periféricos canarios, vascos o incluso de ERC.

Pero con las condiciones impuestas por el pasado Comité Federal socialista, tampoco eso, ya de por sí difícil, parece posible. Iglesias está demasiado condicionado por sus aliados en Catalunya y Galicia como para renunciar a su propuesta de referéndum en Catalunya (aunque no haya especificado de qué clase de referéndum se trata). Y a Sánchez le han dicho en el Federal que esa es una condición previa incluso para sentarse a hablar. Línea roja frente a línea roja, y entre las dos el conjunto vacío. Si esos posicionamientos no se cambian, no hace falta especular mucho para levantar la incertidumbre en lo que a formación de gobierno en España se refiere. La única solución serían nuevas elecciones. Pero veremos qué novedades nos traen los Reyes. Hasta entonces, mis mejores deseos para el 2016 para los lectores de estas páginas digitales.