Perspectivas de Catalunya y de Europa

La mayoría de catalanes ha votado por partidos políticos que no apoyan la independencia. Si de un referéndum se trataba, Mas y Junqueras lo han perdido. Pero el independentismo sigue instalado en su realismo mágico. Con menos de un 48% de los votos, sus declaraciones han sido las mismas que las que hubieran hecho con el 60% de los votos: proclaman que existe un mandato democrático para empezar el proceso unilateral de independencia sin respetar la Constitución española ni el propio Estatut de Autonomía.

En el artículo que publica Mas en el periódico británico The Guardian, se presenta como el vencedor de un referéndum en el que la opción independentista ha ganado por mayoría de votos y de escaños. Esta gente no tiene ningún respeto por la verdad y el independentismo continúa sin aceptar cualquier hecho que no encaja en su narrativa de "liberación nacional."

Han perdido el “referéndum”, pero han ganado las elecciones, es la frase que más se ha utilizado para describir los resultados de este atípico proceso electoral. Cierto, en número de escaños el “aglomerado C (sin la U) +ERC" ha obtenido 62 diputados y el 39,6 % de los votos, más del doble del partido que le sigue. Pero la alianza de los partidos de Mas y Junqueras ha perdido 9 diputados con respecto a los que obtuvieron CiU y ERC por separado en las elecciones de 2012. Y además entonces obtuvieron el 44,4 % de los votos. Nunca en la historia electoral de Catalunya la suma de votos de CiU y ERC se había quedado por debajo del 40 % y nunca la suma de sus escaños había estado por debajo de los que ahora han obtenido.

Cierto, está la CUP, y con sus 10 escaños el independentismo sí tiene mayoría absoluta, aunque tampoco sumen la mayoría de votos. Por lo tanto, la mayoría de catalanes no ha votado por la independencia y, si la CUP es fiel a sus planteamientos, se acabó la declaración unilateral de independencia.

Pero con sus solos votos, Mas no puede formar gobierno, depende necesariamente de la CUP, fuerza anticapitalista que desea la salida de la UE y de la OTAN de la OMC y de todas partes. Con esta alianza, si se produce, el independentismo estará aún más aislado internacionalmente.

En las pasadas elecciones del 2012 Mas sufrió una gran pérdida de escaños y quedó rehén de ERC. Ahora los ha vuelto a perder y queda en manos de la CUP. Probablemente, al final la CUP, a pesar de sus reiteradas negativas, le prestará un par de votos para que sea investido President y evitar otras elecciones. Mas seguirá ganando perdiendo, pero hay que preguntarse por la solidez y la coherencia de esa alianza entre las clases medias de la burguesía catalana y un movimiento anti-sistema. Claro que como tampoco se trata de gobernar, sino de seguir con el “process” hacia la independencia, a lo mejor aguantan un poco.

Lo que ha quedado claro es que la sociedad catalana está profundamente dividida en dos y que la mayoría no apoya la independencia. Alguno de los descerebrados que este verano contestaba con insultos mis artículos en estas páginas digitales, rechazando que en la sociedad catalana hubiera ninguna clase de división, podría constatarla en los resultados electorales, si fuera capaz de un mínimo de raciocinio.

Esos resultados muestran como el territorio catalán se divide claramente en dos zonas claramente, en las que se concentra el apoyo electoral a los dos grandes bloques que se enfrentaban en estas elecciones.
El voto independentista se asienta en el interior de Catalunya, la “Catalunya vella”, caracteriza por municipios pequeños y medianos de base agraria, con cierta actividad industrial y con escasa presencia de inmigración castellanohablante. Este territorio era el feudo de CiU, allí empezó la expansión de ERC en los años noventa y hoy lo ha sido también de las CUP

Las fuerzas no independentistas se concentran en la conurbación de Barcelona, pero se extienden a lo largo de la costa desde la de Gerona a la de Tarragona. Son las ciudades más pobladas, los núcleos industriales del rededor de la capital donde se concentra la inmigración.

Ésta zona ha sido la cuna del voto de la izquierda y sigue siendo del voto de PSC o ICV y recientemente de C’s. Este territorio ha mostrado un marcado desinterés por las elecciones autonómicas, pero esta vez, entre el sí o el no, sus electores se han movilizado como nunca y han optado por el no a la independencia. La novedad es que lo han hecho también por la opción nueva, C’s, frente a la opción vieja, el PSC, que ha perdido una parte importante de su implantación en esa área.

Se puede pues decir que en el mapa electoral del 27 de septiembre no hay gran cosa de nuevo. Es el mismo que se repite desde 1977 y que marca la divisoria entre la Cataluña nacionalista y la de la izquierda, la rural y la urbana, la “catalana” y la “mestiza”. La novedad es la aparición de nuevos agentes políticos: la CUP haciéndose un hueco en el campo independentista, y convirtiéndose en un actor fundamental en lo que vaya a ocurrir, y C’s como fuerza más votada entre las que se oponen, o no apoyan, la independencia. Quizás sea el prólogo al papel importante que vaya a jugar en la escena política nacional, perdón quise decir estatal, después de que nos comamos el turrón.

En todo caso, el nuevo Gobierno catalán debería reconocer que no tiene apoyo electoral suficiente para declararse independiente, y en su lugar debería priorizar la reconciliación e iniciar el diálogo constitucional. Pero tengo pocas esperanzas de que eso ocurra, porque estas elecciones han sido las más delirantes que recuerdo. Recordemos la pregunta que le hacía el periodista de la BBC a un acorralado Romeva “¿Por qué no han sido honestos con la gente acerca de las consecuencias en la UE de la independencia para Cataluña?”, le preguntó. Como éste aseguraba una y otra vez que Cataluña no saldría de la UE, por artículo de fe, el periodista zanjó la cuestión con un “esto es lo que a usted le gustaría creer”. En Catalunya los partidarios de la independencia se han instalado “en lo que les gustaría creer. En realidad, a una sociedad a la que se la ha hecho comulgar durante años con las ruedas de molino del cuento de las balanzas fiscales alemanas que nunca existieron, hábilmente utilizado para crear sentimientos de agravio, y con las fábulas de Junqueras sobre cuán rica sería ahora Catalunya, si se hubiese independizado hace 25 años, o con los famosos 16.000 millones cash con los que evitar recortes o disminuir deuda, puede creer cualquier cosa.

En la campaña los independentistas han repetido todos los tópicos del agravio que no tiene más solución que la independencia. Con nuestro pequeño libro a cuestas, hemos recorrido, junto con Joan Llorach, la Catalunya profunda de Tarragona, Lleida y Girona tratando de explicar las cosas como son.

A la vista del resultado, con poco éxito. En mi pueblo natal del Pirineo, las candidaturas de C+ERC y de la CUP han obtenido el 75 % de los votos. Pero al menos los argumentos que exponíamos se han difundido notablemente, en quince días se han distribuido 22.000 ejemplares. También hemos visto como la cerrazón sectaria hacía que en algunas librerías, se negaban a venderlo. Quizás hayan sido pequeños casos aislados, pero en todo caso significativos. Lo que no ha sido una anécdota ha sido la actitud de TV3 que después de haber cancelado la entrevista concertada para presentarlo, “ara no toca” hubiera dicho Pujol, sigue sin querer hablar de este pequeño libro que tanto les ha molestado. Y lo grave es que hay gente a los que ese veto de una televisión pública les parece bien, porque “no hay que dar voz a los enemigos de Catalunya”.

En los últimos días de la campaña, el 24 de septiembre, se celebraba el aniversario del inicio de las Cortes de Cádiz. Con esa ocasión, di un salto a San Fernando, invitado por su alcaldesa, para pronunciar una conferencia. En los muros del viejo teatro donde se reunieron las Cortes por primera, estaba expuesto el decreto por el que se establecía la libertad de prensa y se suprimía la Inquisición

Libertad de prensa, carburante de la democracia. No pude por menos de considerar cuán grave es el problema democrático que representa el uso sectario de los medios de comunicación públicos en Catalunya.

Volviendo la vista a Europa, hay que constatar que algunos de los más importantes resultados de la UE están bajo una grave amenaza de desaparición. Europa se enfrenta hoy a un cocktail de problemas que no permiten creer que vaya a salir reforzada de esta crisis, como siempre ha ocurrido en el pasado.

La crisis del euro no se resuelve, a pesar del acuerdo de última hora con Grecia; la crisis de los refugiados que ha estallado este verano y ante la cual la respuesta europea ha sido, con excepciones, simplemente vergonzosa, no va a desaparecer; y es posible que El Reino Unido abandone la UE. Dos de los grandes activos de la UE, el euro y la libre circulación de personas, están en cuestión. Y el abandono de algún país importante como el Reino Unido plantea la cuestión de la reversibilidad del proceso hacia “una unión cada vez más estrecha” como dicen los Tratados, precisamente porque no se desea que sea cada vez más estrecha. Ser miembro de la UE podría ya no ser algo adquirido para siempre, y eso debilitaría inevitablemente la dimensión política del proyecto

Hay que ser conscientes que el control de las fronteras y la movilidad de las personas afectarán a las cuestiones relacionadas con los mercados del trabajo y los sistemas de bienestar social. Y de momento hemos visto como los 28 Estados miembros no son capaces de superar sus agrias discusiones y elaborar una respuesta efectiva a sus problemas comunes. Cada vez son más las voces que se preguntan por la pervivencia de la unión monetaria y del euro concebido como un instrumento al servicio de una prosperidad compartida. Habrá que escucharlas y analizarlas, porque de la misma manera que no se puede argumentar a los partidarios de la independencia de Catalunya que sus costes la hacen imposible, tampoco se puede defender la permanencia en el euro simplemente por los costes que tendría la ruptura. Tiene que haber razones positivas para justificar la permanencia de estructuras políticas y monetarias como las que están a debate en Catalunya y Europa.