Una semana horrible para Europa

La semana del 24 al 30 de junio del 2015 será recordada como una semana de rupturas y de amenazas para la Unión Europea, sus estados miembros y sus ciudadanos. Y todavía no sabemos cómo acabaran los acontecimientos que en esos días se han puesto en marcha y que pueden conducir a la ruptura de la zona euro.

En primer lugar la amenaza terrorista. Decía en mi anterior artículo que la primavera árabe había acabado desestabilizando todo nuestra área de vecindad más próxima y que la amenaza terrorista islámica cambiaba de denominación, ahora se llama Isis, pero era cada vez más peligrosa. No sabía cuánta razón me iban a dar los acontecimientos, pocos días después. Desde las playas ensangrentadas de Túnez hasta la decapitación de un ciudadano francés por un musulmán radicalizado. Todos los temores que se habían encendido con los atentados de Charlie Hebdo y el museo del Bardo, se han exacerbado.

Los políticos franceses hablan abiertamente de medidas fuertes para acabar con el islamismo y de guerra de civilizaciones (el propio primer ministro Valls) al estilo neo- con americano. Pero la realidad es que Europa, como tal, no tiene una respuesta ni común ni eficiente al problema del terrorismo. Y no le dedica tanto tiempo como merece ni como dedica a otros temas de menor cuantía como por ejemplo si la subida del IVA en Grecia tiene que ser efectiva el 1 de julio o el 1 de octubre.

Después vino el rotundo fracaso del Consejo Europeo del 25 de junio, sobre los problemas de los inmigrantes que acuden por millares a las fronteras sur y este de Europa. Dejando la vida en el empeño muchos de ellos. Las cifras son impresionantes: desde enero 100.000 emigrantes han conseguido atravesar las murallas reales o geográficas de la fortaleza Europa. Hay 40.000 demandantes de asilo esperando que se resuelva su petición, casi todos provenientes de siria y de Eritrea. Esos náufragos en tierra firme que están a caballo de las fronteras intraeuropeas, en Ventimiglia o en Calais, amontonados en las islas de Kos, Lesbos o Lampedusa, son el espejo vivo de las divisiones y los egoísmos nacionales, de los miedos, de los reflejos de autodefensa, del egoísmo que carcome las sociedades europeas.

Pero además esta crisis migratoria ha creado una nueva división este oeste en la UE, que se añade a la del norte sur creada por la crisis del euro. Mas que un desacuerdo, se trata de una ruptura mental sobre lo que la UE pretende ser y lo que implica pertenecer a ella. Algunos países están dispuestos a entreabrir sus puertas, Alemania, Francia, Holanda, otros sobre todo todos los del Este no quieren ni oír hablar de ello. No hubo ningún acuerdo operativo sobre cómo repartir la carga que esta avalancha humana representa ni como llegar a él en el futuro próximo. Nos gargarizamos con nuestros valores humanos, pero a la hora de la verdad no hemos sido capaces ni siquiera de votar en el Consejo sobre las propuestas de la Comisión, que eran ya muy moderadas. Cierto que no hubiera servido para nada más que para plasmar el descuerdo y la división

Este problema también no hará más que empeorar. Sobre todo si se sigue demostrando la incapacidad del nuevo Presidente del Consejo de actuar como tal y no como ex primer ministro polaco.

Y el tercer problema, evidentemente, ha sido y es el de Grecia. Que tampoco se sabe como acabara pero parece que los griegos están abocados a escoger entre la cólera y la peste, o más en su lenguaje, entre Scilla y Caribdis.

En la medianoche del 30 de junio, Grecia no pago lo que debía al FMI y se acabo el segundo plan de rescate sin acuerdo y sin haber recibido los 7.000 millones pendientes de desembolsar. De momento todavía no hay default técnicamente hablando, pero lo habrá a mitad de julio cuando no pueda pagar la deuda que vence al BCE, y eso son palabras mayores.

Todos los líderes europeos se están afanando desde entonces a decir que un Grexit no tendría consecuencias, que ahora estamos mejor preparados que en el 2010, que aquí esta Draghi con su QE, etc… Pero nada garantiza que la crisis griega llevada a sus últimas consecuencias no provoque movimientos incontrolables sobre los mercados financieros y una crisis de confianza sobre la moneda única. Con la salida de Grecia esta aparecería descarnadamente como lo que es, una especie de súper-sistema de cambios fijos, pero no irreversibles. Y esto tiene un coste político muy alto

No sabría muy bien que aconsejar a los griegos si me tocase hacerlo. Las dos soluciones son malas. Las consecuencias de una, seguir con la austeridad, son al menos conocidas. Las de salir del euro son una gran incógnita. Bien administrada, podría ser soportable. Pero si Grecia fuese capaz de administrar una salida de la moneda única, en la que nunca debió entrar, no estaría como esta. Y las situaciones caóticas, rara vez se resuelven en la calma.

Claro que si lo que le pasa a Grecia nos pasara a nosotros, no tendríamos que escoger, porque recordemos que nuestra Constitución, reformada por Zapatero con la ayuda del PP, ya establece que hay que dar la máxima prioridad al pago de las Deudas, y que entre pagar pensiones y salarios de los trabajadores públicos, y pagar lo que se debe al FMI, no tendríamos margen para escoger. Nos tendríamos que hacer default a nosotros mismos.

En Bruselas ahora todos tratan de echarle la culpa al otro. El gobierno griego tiene buena parte de responsabilidad pero no la única. En mi opinión, y de muchos economistas prestigiosos, la deuda griega no es sostenible, no quererlo reconocer es absurdo, y las exigencias de los acreedores no son razonables. No se puede pedir a un país en esas condiciones que tenga un superávit primario del 3, 5 % ni del 1 %. En términos reales el gasto público griego ha bajado un 20 % desde el inicio de la crisis. En España, por comparación, se ha mantenido estable. ¿Qué país puede aguantar una caída de su PIB del 24 %, sin que se produzca una crisis política grave.?. El propio FMI ha reconocido que se equivoco con las políticas de austeridad impuestas a Grecia. Pero a la hora de la verdad, pide más de lo mismo.

Por eso, pase lo que pase, si Grecia sale del euro será ante todo un fracaso de Europa, que empezara a poner la marcha atrás.