Semana de pasión en Grecia y tendencias de la política europea

Grecia, QE y bipartidismo han sido las palabras clave de la política europea antes de las vacaciones de Semana Santa. Y lo seguirán siendo después. Los exportadores y los tenedores de acciones deberían levantar un monumento al Sr. Draghi, sufragado con las ganancias que les está reportando la aplicación de su política monetaria expansiva. En particular los alemanes, que han sido los más reticentes y para los que el primer trimestre bursátil del año ha sido el mejor en cuatro décadas. Y las perspectivas de un retorno al crecimiento mejoran. En eso confían gobiernos de distinto pelaje, como el francés y el español, para salvar los muebles en las próximas elecciones y superar los pésimos resultados que van cosechando.

Hasta el mismo jueves santo continuaron las negociaciones de nunca acabar entre el gobierno griego y las “instituciones”, que así es como se llama ahora la odiada “Troika”. Tsipras está pasando estos días su Semana de Pasión y haciendo un duro aprendizaje europeo frente a sus colegas del Eurogrupo. Estos tienen la sartén por el mango porque, guste o no, de ellos depende que Grecia no haga default antes de finales de abril. En este mes el país tiene que devolver 860 millones de euros, entre ellos 450 al FMI, y con esto no se juega. Y además renovar 2.400 millones de bonos de tesorería en manos de los bancos griegos. Para lo segundo necesita la colaboración del BCE, y para lo primero que el Eurogrupo acepte desembolsar los 7.200 millones pendientes del plan de rescate que ya ha expirado.

Y para ello exigen que Grecia se comprometa a más “reformas”. Las de lucha contra el fraude fiscal van por buen camino, pero ahora se han desempolvado las exigencias sobre pensiones y mercado laboral que ya Samaras había rechazado y que son líneas rojas para el gobierno de Tsipras porque su compromiso electoral con ellas es muy fuerte. Ya ha aceptado la privatización del puerto del Pireo, que también había presentado como innegociable en su programa electoral, levantando con ello la cólera de los dockers que se sienten traicionados.

Se espera llegar a un acuerdo a finales de Abril, pero hasta entonces las espadas seguirán en alto. La izquierda que está en el gobierno en algunos países europeos, Francia e Italia sobre todo, deberían evitar que el empecinamiento made in Germany en mantener políticas de austeridad que ya han demostrado que no funcionan, produjera una salida de Grecia del euro por negarse a desembolsar 7.200 millones… y sufrir todos un quebranto mucho mayor.

Las medidas fiscales del gobierno griego están empezando a producir algunos efectos. Después de una “regularización express” por la que se permitía pagar deudas fiscales atrasadas sin penalización ni intereses, Varoufakis ha recaudado 150 millones de euros, que algo es algo. El Ministerio de Hacienda griego contabiliza hasta 70.000 millones de deudas por cobrar. Se han ido acumulando por la desidia e incapacidad de todos los gobiernos, y durante los años de la crisis por la insolvencia de numerosos contribuyentes. Pero estiman que solo se puedan recuperar 9.000 millones, lo que les bastaría para hacer frente a los problemas de liquidez más inmediatos. Nada es posible en Grecia sin un sistema fiscal que funcione. Lástima que hayamos dejado pasar tanto tiempo sin exigirlo y sin que, después del estallido de la crisis, fuera el objetivo fundamental de las reformas.

De forma más estructural, el otro gran tema de la política europea es el anunciado fin del sistema de bipartidismo en varios países, entre ellos España, Francia, Reino Unido, Italia…y por supuesto ya consumado en Grecia.

En España, las elecciones europeas y las pasadas andaluzas, muestran que el electorado busca otras alternativas a las de los dos grandes partidos, populares y socialistas que han protagonizado la segunda restauración borbónica, como los conservadores y liberales lo hicieron con la primera. Hasta que la revolución industrial y la guerra mundial transformaron las estructuras sociales y emergieron los partidos socialistas y comunistas por un lado, y los fascistas por otro.

Pero la tendencia al bipartidismo es más clara aún en Francia y el Reino Unido. Después de las recientes elecciones cantonales en Francia, hay unanimidad en que ya no se puede hablar de un sistema de dos partidos ni de la alternancia socialistas-neogaullistas. Aunque las expectativas del FN de ser el primer partido de Francia por número de votos, no se han cumplido (como tampoco las de Podemos en Andalucía), su resultado, más del 25 % es impresionante (como también lo es el 15 % de Podemos, aunque haya estado por debajo de sus expectativas). En la primera vuelta de las cantonales, El FN ha más que doblado el 11 % del 2011, y superado en 5 puntos al PS, que sufre una nueva y sonada derrota, aunque con el resultado de la segunda vuelta se puede consolar pensando que las encuestas se la vaticinaban peor. El resultado se corresponde con una desmovilización masiva del electorado de izquierda y una dinámica sociológica favorable a la derecha que se concentra en el FN.

Este nuevo escenario político, post-2012 es decir posterior a la elección de F. Hollande a la Presidencia de la Republica, es el resultado de una degradación del clima político similar al que vivimos en España. Desde el utópico “cambiemos la vida” de Mitterrand en el 81, lo cierto es que todos los gobiernos han fracasado en la lucha contra el paro, que se ha convertido en un fenómeno masivo. Y los ciudadanos han constatado la pérdida de soberanía del cuerpo electoral por una parte y del propio Estado por otra, en parte por causa de un proceso de integración europea que defendido por las elites políticas pero con el que las clases populares siguen siendo reacias.

Como decía retóricamente el primer ministro Manuel Valls, “la izquierda puede morir en Francia”. Ocupó el puesto cuando hace un año los socialistas recibieron otro varapalo electoral en las elecciones municipales y Hollande sacrificó a su primer ministro de entonces. ¿Por qué no lo hace ahora con Valls? Porque no tiene ya reemplazo ni personal ni de políticas. La cuestiones ahora es saber cuánto habrá contribuido la pareja Hollande-Valls a esa “muerte de la izquierda” que parece una profecía autocumplida.

La segunda vuelta de las elecciones cantonales francesas ha coincidido con el inicio de la campana electoral de las legislativas británicas. Aunque David Cameron ha planteado el tema en la vieja clave bipartidaria “o Milliban o yo…”, lo cierto es que allí también el bipartidismo está en cuestión. El país está entrando en una nueva era política, con una división sin precedentes del electorado y la fuerte emergencia de segundos partidos.

Después de la guerra, en 1951, laboristas y conservadores juntaban el 97 % de los votos. En las pasadas elecciones sumaron el 65 % y poco menos que eso, empatados mitad a mitad, eso les da las encuestas para las elecciones de mayo. Los liberales, fuertemente penalizados por su coalición con los conservadores, están en el 8 %. Queda un 25 % que se reparten las dos nuevas fuerzas políticas en liza. Los eurofóbicos del UKIP, hoy la tercera fuerza del país, y los independentistas escoceses del SNP. Los primeros serán fuertemente penalizados por el sistema de escrutinio uninominal a una vuelta. Como su apoyo está disperso por el país y llegar el segundo no sirve de nada, es posible que su fuerza electoral no se convierta en un solo escaño. Por el contrario los escoceses están concentrados en su territorio, como los partidos nacionalistas en España, y pueden sacar 40 diputados o más. Los socialistas, que tenían en Escocia un vivero de votos, como los socialistas en Catalunya, serán los grandes perjudicados.

Con lo cual, acorto plazo, un partido que pretende salir del Reino Unido tendrá la llave de la formación del gobierno en Londres. Y en el medio plazo está por ver si el sistema electoral resiste a unos cambios en las preferencias de los electores que es incapaz de recoger. Precisamente porque estaba pensado para asegurar la mayoría de uno de los dos grandes.

Muchos cambios se están incubando en la política europea. Les deseo que hayan tenido buenas vacaciones de Semana Santa.