Vísperas griegas

Después de la emoción creada por los atentados de París, la atención de los europeos se ha vuelto a centrar en las decisiones del BCE sobre el tantas veces anunciado quantitative easing. Y, sobre todo, en elecciones griegas del próximo domingo 25 de enero. Su resultado puede reabrir otra vez la crisis del euro, que en realidad no se ha cerrado nunca. Lo que voten los griegos nos afecta a todos los europeos, y en particular a los españoles. Buena prueba del interés que despiertan esas vísperas griegas, es el lleno total que registra un seminario sobre el tema que el Instituto Elcano celebra en el Círculo de Bellas Artes.

La perspectiva de que Syriza pueda formar gobierno ya ha hundido la Bolsa de Atenas y la salida de capitales se acelera, colocando a la banca griega en una situación de la que no podría salir, si las cosas se complican, sin una fuerte inyección de liquidez del BCE, lo que limita aun más la capacidad de negociación del nuevo gobierno. El temor al impago de la Deuda griega ha vuelto a hacer subir la prima de riesgo cerca de los niveles del 2011. Y, al mismo tiempo, ¡España coloca la suya a tipos históricamente bajos y en siete de los Estados de la Eurozona los tipos de interés de la Deuda a dos años es negativo!

Para calibrar cuan volubles son los mercados financieros, hay que recordar que en abril pasado se anunciaba con gran satisfacción que Grecia había conseguido un superávit primario, aunque con algunos apaños contables, y volvía de nuevo al mercado financiero colocando sin problemas y a bajos tipos de interés 11.000 millones de euros en bonos a 5 años. Aunque los más precavidos ya decían entonces que el retorno de Grecia al mercado de capitales era como dar a un alcohólico una botella de Ouzo. El problema de Grecia ha sido, desde el principio de la crisis un problema de solvencia y no de liquidez, como la UE se ha empeñado en considerar. Y un problema de solvencia no se arregla aumentando el endeudamiento y disminuyendo el crecimiento, que es lo que realmente ha ocurrido desde entonces. La Deuda Pública griega ya alcanza el 177 % de su PIB y, como bien dice Tsipras, no sirve de nada pedir más préstamos para seguir haciendo crecer una Deuda que ya es insostenible.

Syriza parece tener el viento electoral en popa. Y la posibilidad de su triunfo ha provocado las primeras reacciones de Merkel: si Grecia no cumple con sus compromisos, su salida del euro será ineluctable. Aunque después ha matizado sus palabras, para evitar que se tomen como un condicionamiento de la voluntad de los electores griegos, lo cierto es que esta es la actitud de Alemania, porque Berlín no cree que la salida de Grecia del euro en el 2015 plantee el mismo problema que en el 2010. Y según las encuestas, solo el 18 % de los alemanes desean que Grecia siga formando parte de la zona euro.

En cambio, y a pesar de todos los pesares, los griegos prefieren mayoritariamente (60 % según el Eurobarómetro) seguir en el euro. Curiosamente, antes de la crisis, las opiniones a favor o en contra estaban prácticamente igualadas. En realidad, aunque se le acuse de ello, Tsipras no propone la salida del euro, sino renegociar los términos de los acuerdos que regulan el bail out financiero por parte de la UE y el FMI. Lo mismo propuso su rival el actual primer ministro Samaras, aunque luego lo olvidó. Y Tsipras ha moderado mucho su propuesta porque ya no habla de decisiones unilaterales de impago, sino de una negociación sobre reestructurar la Deuda y un plan de inversiones que reanime su economía. Y pretende negociarlo en el marco de las instituciones de la UE.

Tsipras tiene un argumento de peso para defender su posición. La Deuda griega es insostenible. Los griegos no podrán reembolsarla nunca, porque su Deuda externa equivale a dos años de su PIB. Para ello tendrían que conseguir un excedente primario (antes del pago de los intereses de la Deuda) del orden del 9 % de su PIB durante muchos años. Ningún país lo ha conseguido nunca. Como ejemplo, es tres veces más de lo que ha conseguido Italia. Dentro del euro o fuera del euro, la Deuda externa de Grecia es impagable. Y que si todo lo que se propone a los griegos es seguir como están, es normal que busquen una alternativa rompedora.

También tiene razón cuando dice que los préstamos que los demás países europeos le han hecho a Grecia, en realidad solo han servido para reembolsar las deudas con sus acreedores, básicamente los bancos alemanes y franceses. Es decir, que más que salvar a Grecia, hemos salvado a sus acreedores. Hemos salvado a los griegos de la bancarrota de su país, pero no les hemos ayudado mucho a relanzar su economía. Y los resultados de las políticas de austeridad que les hemos impuesto no han reducido su endeudamiento. Si este era el objetivo, el resultado es un notable fracaso, un terrible deterioro de la sociedad griega y de su economía. Su renta per cápita era el 74 % de la europea en el 2009 y ahora ha caído al 52 %, su ratio de endeudamiento público casi se ha doblado y el 44 % de los griegos están por debajo del nivel de la pobreza.

Otro de los fracasos de las políticas aplicadas, es el de la recaudación fiscal. Los fuertes aumentos de tipos impositivos no se han traducido en igual aumento de la recaudación, lo que demuestra que el país tiene un serio problema de efectividad de sus instituciones fiscales, lo que fue una de las causa de la crisis. Desde principios de los 90, Grecia ha recibido cada año el 3 % de su PIB en ayudas europeas, 50.000 millones de euros entre 1989 y 2006. Pero su laxismo fiscal le llevo a un déficit del 15 % en el 2008. Y desde el 2010 ha recibido 380.000 millones de euros en forma de créditos o de reducciones de su Deuda.

Syriza puede ser el partido más votado, en el mejor de los casos puede alcanzar el 35 %. ¿Le bastaría para formar gobierno? El sistema electoral griego concede una prima de 50 escaños al partido más votado, aunque le saque un solo voto al segundo. Pero puede no ser suficiente, dependerá del total de votos que obtengan los partidos pequeños que se queden fuera del Parlamento porque no lleguen a superar el umbral del 3 %, entre ellos el nuevo partido socialista creado por Papandreu, que acabara de hundir las posibilidades electorales del Pasok.

Pero cualquiera que sea el nuevo Gobierno griego, habrá que llegar a una solución negociada para reestructurar su Deuda e impulsar su economía, aunque algunos teman que ceder a las pretensiones de Syriza abriría la vía a los populismos en Europa, especialmente en España.

Los griegos tendrán que decidir quién está más capacitado para llevar esa negociación. Una quita de la Deuda como la que Tsipras proponía al principio, hubiera hecho quebrar al sistema financiero griego. Pero si se produce una grave crisis, entonces veremos que una salida de Grecia del euro nos costaría muy cara a todos: el 70% de la Deuda Pública griega está en manos del FMI y sus socios del euro. Si Grecia hace default, nos lo hace a todos. A España en particular, puesto que nuestra exposición directa o indirecta a la Deuda griega es de 32.000 millones de euros.

A los griegos les corresponde sopesar los riesgos y las oportunidades que su elección implica. Para ellos y para todos los europeos. Lo que es seguro es que la terapia que hasta ahora se ha aplicado no ha resuelto el problema, más bien lo ha agravado y enquistado. Como decía Stiglitz, quizá hace falta un sobresalto democrático para cambiar de política.