Deshielo en el Caribe

Para los que hemos visitado Cuba, en términos políticos, varias veces, nos interesamos por lo que allí ocurre, y más aun por lo que pueda ocurrir, el anuncio de una revisión de las relaciones entre Cuba y EEUU, hecho simultáneamente por Obama y Raúl Castro, es una excelente noticia.

Lo es mucho más para los cubanos, que verán mejoradas sus condiciones de vida y, en mi opinión, tendrán más oportunidades de que el régimen castrista evolucione pacíficamente.

Porque, en el fondo, de eso se trata. Yo he tenido ocasión de visitar Cuba varias veces como responsable político, español y europeo, de entrevistarme con Fidel (la primera vez en 1986) y Raúl Castro, de recibir en Estrasburgo a varios ministros de exteriores cubanos y miembros de la disidencia. Pero mi conocimiento de la política cubana palidece frente al de mi amigo y compañero de escuela de ingenieros Carlos Alonso Zaldívar, que fue embajador en Cuba durante los gobiernos Zapatero (2004-2008), en uno de los momentos más difíciles de las relaciones entre Cuba y España. Su papel fue conseguir el deshielo de la situación creada por la posición común de la UE hacia Cuba que Aznar impulsó nada más llegar al gobierno en 1996, y las sanciones aprobadas en el 2003.

Si quieren conocer una excelente radiografía de la situación de Cuba y de las perspectivas de evolución, les aconsejo que lean su entrevista recientemente publicada en el número de septiembre-octubre 2014 de Política Exterior. En ella ya señalaba las señales de que la actitud de EEUU hacia Cuba estaba cambiando.

Entre estas señales, la visita a Cuba del Presidente de la Cámara de Comercio de EE.UU. para hablar de relaciones económicas. O el capítulo de las memorias de Hillary Clinton en el que le dice a Obama que la política del embargo seguida hasta ahora, el más largo y viejo embargo de la Historia, no solo no ha conseguido su objetivo, sino que ha reforzado al régimen castrista.

En realidad, desde el apretón de manos de Obama y Raúl Castro en los funerales de Mandela, estaba claro que algo se movía entre el pequeño David y el gigante Goliat separados por 150 km de Caribe. Se hubieran movido más antes, si en el 2000 Gore hubiera ganado las elecciones. Clinton ya había dado pasos en esa dirección y ya hubo shake hands con Castro en el 2000 en la Cumbre del Milenio en la ONU. Pero las gano Bush y, como Aznar, opto por la vía dura para propiciar un cambio de régimen.

Ahora, al deshielo de las relaciones entre Cuba y España se suma el deshielo de las relaciones entre la Habana y Washington. Es el último episodio de la guerra fría, que ha durado en el Caribe 54 años, 20 más que con la URRSS.

Conviene recordar que la guerra fría caribeña empezó el 3 de enero de 1961, cuando Eisenhower rompió las relaciones diplomáticas. Kennedy reforzó el embargo (las malas lenguas dicen que días antes ordeno la compra de 1.000 habanos a los que era muy aficionado) y echo a Cuba en manos de la URRSS. Después vino el catastrófico desembarco de los exiliados cubanos, armados por la CIA, en la bahía de Cochinos (cuando se bucea en sus aguas se ven todavía incrustadas en los corales las bombas con la inscripción US Army).

Ese fue el más grave error de su presidencia, como el mismo reconocería después. Fidel proclamó a Cuba como un Estado comunista y estableció una alianza militar con la URRSS. Y Kennedy autoriza la “operación Mangusta”, una serie de fallidos atentados contra Fidel.

Con la perspectiva que da el tiempo, parece imposible que el conflicto entre Cuba y EEUU, haya podido poner al mundo al borde del holocausto nuclear. Es lo que ocurrió en octubre del 62, cuando los EEUU descubrieron que la URRSS estaba instalando misiles atómicos en Cuba. Esta vez las armas de destrucción masiva que Bush-Blair-Aznar se inventaron para justificar el ataque a Irak, existían de verdad. Durante 13 días la guerra parecía inevitable y se evito en el último minuto con un acuerdo secreto por el que EE.UU retiraba sus misiles de Turquía y la URRSS los suyos de Cuba.

Pero Cuba estaba ya marcada como el enemigo, quizás más pequeño, pero el más próximo al territorio americano. Y por eso el embargo ha durado contra toda lógica y razón, reforzado cada vez que han gobernado los republicanos. Curiosamente, Obama ya hizo campaña por el levantamiento del embargo cuando se presento a las elecciones como senador en el 2004, pero cambio de opinión al presentarse a las presidenciales 4 años después.

Cuba es ciertamente un régimen dictatorial comunista que plantea problemas de derechos humanos y libertades. Pero se le ha tratado con una enorme asimetría con respecto a otros países a los que se les podría reprochar lo mismo en términos mucho peores. Hay otros muchos países dictatoriales, comunistas o no, con los que los EEUU han tenido y tienen excelentes relaciones. Y hay otros regímenes de corte medieval en los que el respeto a los derechos humanos es mucho peor que en Cuba, con los que no se les caen los anillos a ni a los americanos ni a ningún país democrático. Véase Arabia Saudita por ejemplo, o todos los dictadores del norte de África. Por eso me decían con razón mis visitantes cubanos en Estrasburgo o Bruselas, “por favor trátennos como si fuésemos vietnamitas, o chinos, o árabes”.

Pero no. Cuba era un caso especial y había que tratarla de forma diferente por razones geopolíticas y también por razones de política interna habida cuenta el peso del exilo cubano en algunos estados claves como Florida.

También eso ha empezado a cambiar. Los cubano-americanos de las nuevas generaciones no tienen los mismos puntos de vista que sus abuelos. Según los sondeos de la Universidad de Florida, el 52 % se declaran a favor del levantamiento del embargo. En 1991 el 87 % estaba a favor de mantenerlo. Por otra parte, la emigración de otros países caribeños está diluyendo la influencia de los cubanos. Ya ahora 100.000 americanos visitan Cuba cada año. Y en octubre, en la Asamblea general de la ONU se voto, de nuevo , y ya era la 23-esima vez, por la supresión del embargo.

Por muchas razones, Obama ha aceptado el fracaso de medio siglo de aislamiento del régimen castrista. Como fracasó también el aislamiento del franquismo. Ahora se propone restablecer relaciones diplomáticas y escribir un nuevo capítulo de una historia complicada. Pero eso no quiere decir que el embargo se haya levantado, como lo han anunciado precipitadamente algunos titulares de prensa. Obama no lo puede hacer sin el acuerdo del Congreso. Y el debate sobre este tema se presenta complicado, a la luz de las reacciones virulentamente en contra de algunos congresistas y no solo republicanos.

El más duro, el senador republicano por Florida, Marc Rubio, calificando la decisión de Obama de “error histórico”, y anunciando que hará todo para que este Congreso no lo apruebe.
Obama espera conseguirlo antes del final de su mandato en el 2017. Pero gente como Rubio pueden poner muchos palos en las ruedas, Rubio será el presidente de la subcomisión de asuntos exteriores encargada de los temas de América Latina y como tal presidente de la comisión que interrogara al futuro embajador americano en Cuba… y los hearings a los candidatos a una nominación son mucho más duros en el congreso americano que en nuestras Cortes ¡!

Pero no creo que la sangre llegue al rio y Obama podrá encontrar una mayoría en el Congreso a favor de su nueva política, entre otras cosas porque los sondeos muestran que una mayoría de americanos prefieren, de una forma cada vez más consistente, una normalización de las relaciones con Cuba.

Con el fin del embargo, el régimen castrista pierde uno de los elementos en los que basaba su retorica antiimperialista y justificaba los pobres resultados de su sistema económico. Más intercambios, más visitas, más internet, más información, deben hacer evolucionar la situación política. No está claro a qué ritmo lo va a hacer. Pero, como dice Alonso Zaldívar, el sistema económico y político cubano está abocado a transformarse. Y las políticas con respecto a Cuba se diferencian entre las que dan prioridad a que esa transformación sea pacífica, aunque ello exija tiempo y una cierta continuidad institucional, y las que prefieren que la trasformación sea radical y rápida aunque eso pueda generar inestabilidad y violencia.

Visto desde España hay solidas razones para apoyar la segunda estrategia, evitando un choque violento con los EEUU. y en el interior de la sociedad cubana. Es lo contrario de lo que han perseguido hasta ahora Bush y Aznar, este ultimo arrastrando a la UE a una ruptura de la cooperación porque muchos países de la UE no tienen una política propia respecto a Cuba, por reconocimiento y por falta de intereses, y se alineaban con España pero sobre todo con sobre todo con EEUU.

Esa posición de España, y también la de UE, cambiaron aunque no sin resistencias. El cambio que ahora ha protagonizado Obama, retomando sus posiciones del año 2004, es una puerta abierta a la esperanza y muestran que la política iniciada por España hace 10 años era la acertada.