Brugué y Blanchard

Voy a resistir la tentación de comentar la podredumbre de Blesa, de sus tarjetas black y el saqueo de Caja Madrid por sus consejeros y directivos. Lo dejo para otro día, esperando que actúen inspección de Hacienda y los Tribunales de justicia.

Otras dos personas, cuyos apellidos también empiezan por B, merecen atención. Joaquim Brugué y Olivier Blanchard tienen poco en común. Pero, uno en la cuestión del secesionismo catalán y el otro en la difícil situación económica por la que pasa Europa, tienen la virtud de nadar a contra corriente de las opiniones dominantes y las ideas recibidas.

Brugué es profesor de ciencia política en Barcelona y ha dimitido de su reciente nombramiento como miembro de la Comisión de Control (una especie de junta electoral) del proyectado referéndum, aunque se le llame consulta, sobre la independencia de Catalunya. Sus razones son claras. No hay garantías democráticas para poder llevar a cabo esa votación y el gobierno del Sr Mas debería dejar de gesticular y aceptar que , fuera de la legalidad constitucional, no es posible realizarla.

Puedo asegurarles, por propia experiencia, que en Catalunya es muy difícil adoptar una postura como la del Sr Brugué. Como el mismo dice, esta siendo objeto de un linchamiento mediático y en las redes mal llamadas sociales. Sus alumnos le insultan por los pasillos de la Facultad y se ha convertido en pocas horas en el butifler en cap (traidor máximo) a la causa separatista. También sé algo de eso, y por eso quisiera expresar mi solidaridad con quien es objeto de una peligrosa violencia verbal por el simple hecho de explicar como lo ve y actuar en consecuencia.

Hace unos días argumentaba en un acto en Lleida que el independentismo , o el soberanismo como se le llama de una forma edulcorada, no tiene ninguna superioridad moral con respecto a otras formas de concebir la relación de Catalunya con (el resto de ) España. Los mismos que ahora están linchando verbalmente, con una violencia alarmante a Brugué , clamaban que había que “quitarme el carnet de catalán”. Pues si, hay gente lo suficientemente descerebrada que piensa que se debe quitar la pertenencia a una comunidad política si no compartes sus puntos de vista. Franco también se arrogaba la potestad de señalar a los “malos” españoles y quitarles el carnet.

Hace falta mucha entereza para decir en Catalunya que se están haciendo las cosas tan mal, que vistos desde fuera Catalunya se parece a Guinea. Todo el mundo sabe que la “consulta” no se va a celebrar . El Rey se pasea desnudo pero no se quiere reconocer. Al final tendrá lugar una especie de votación “organizada por la sociedad civil” sin ninguna validez ni garantías de nada. El gobierno de Mas es incapaz de evitarlo porque Esquerra Republicana no le deja.

No puedo estar más de acuerdo con las razones que expone Brugué para explicar su actitud. Lástima que haya pocos dirigentes del socialismo catalán que las expliquen con igual claridad y firmeza. Este no es un referéndum sobre la independencia, sino por y para conseguir la independencia. El acto del Palau Sant Jordi, convocado para apoyar la celebración de la “consulta” y que acaba convirtiéndose en un acto de afirmación independentista, lo demuestra.

Brugué es de los pocos que se ha atrevido a llamar las cosas por su nombre y pedir que se acabe con esta escenificación con la que Mas intenta encontrar una vía de salida al final de su escapada.

Pero en Catalunya se ha hecho creer a la gente que era jurídicamente posible ,de manera sencilla y a través incluso de decisiones unilaterales, acceder a la independencia y que todo el mundo, desde Madrid a Bruselas y a la ONU, no tendría más remedio que aceptarlo, y sino peor para ellos. La reforma de la Constitución se rechaza por ser demasiado difícil, como si la independencia declarada unilateralmente fuera mucho más fácil. Y por eso, llegados donde se sabía que se iba a llegar, tienen que seguir negando las evidencias.

Otros que niegan las evidencias son los dirigentes europeos, que siguen defendiendo las políticas de austeridad como solución a la crisis. Estos días en Milán, la cumbre convocada por la residencia italiana para discutir sobre el problema del paro en Europa, será en el fondo una discusión sobre las políticas de austeridad. Es posible que ahora que Alemania ve como ella también se ve afectada por el estancamiento de la economía europea, esté dispuesta a cambiar su actitud. Es lo que le ha pedido, más claro que el agua, Olivier Blanchard, economista jefe del FMI desde Washington, al presentar sus previsiones, a la baja, sobre la economía mundial.

Europa es el eslabón débil de la economía globalizada. Y en ese escenario, Europa juega en Alemania el papel del chivo expiatorio al que atribuir los males y los peligros que acechan. Alemania tiene que expandir su gasto publico y lanzar un plan de inversiones, que buena falta le hacen a sus obsoletas infraestructuras. Blanchard también ha venido a decir que el Rey esta desnudo. Que Alemania se equivoca cuando cree que su crecimiento puede ser impulsado únicamente por la demanda de los países emergentes, que es la que hasta ahora le ha permitido sortear la crisis. Los datos sobre la caída de sus exportaciones y la corrección a la baja de su crecimiento que hemos conocido estos días, lo demuestran. La zona euro sigue representando el 40 % de sus exportaciones y si esos clientes entran en un estancamiento secular, como empezamos a temer, Alemania no podrá seguir basando su economía en la exportaciones.

Y así tenemos al FMI adoptando posiciones keynesianas y clamar por un schock inversor en infraestructuras para combatir la crisis. Hace tiempo que lo dice, y lo dice cada vez mas fuerte. Pero en Europa hemos seguido gesticulando, como Mas con su referéndum, haciendo creer que la austeridad nos traería la confianza de los inversores y con ella la economía arrancaría otra vez. Pero no ha sido así. Nos hemos salvado de la quiebra del euro por las actuación del BCE. Pero el BCE no lo puede todo. Lo que nos dice Blanchard es que la amenaza deflacionista es ya lo suficientemente clara como para que haya que buscar soluciones cambiando el marco fiscal. Y las estructuras mentales que nos han llevado por el camino equivocado.