Pujol y Gaza o la oferta y la demanda

A la vuelta de un verano especialmente perezoso, durante el cual no he conseguido apenas escribir una línea, me enfrento a la página en blanco de las paginas digitales de La Republica de las Ideas.

Puestos a escribir, el primer problema es el título, que equivale a escoger el tema. Y temas no faltan. Podríamos considerar la situación en Gaza, que durante nuestras apacibles vacaciones ha continuado siendo sistemáticamente destruida por los bombardeos israelíes, entre treguas intermitentes violadas por unos y otros. Ahora parece que la tregua se ha consolidado, pero detrás quedan más de 2.000 muertos palestinos, el 75 % civiles y entre ellos muchos niños, una Gaza otra vez en ruinas, y las denuncias de las Naciones Unidas acusando a Israel de crímenes de guerra. Quedaran impunes, como cuando los de los bombardeos del 2009. La insensibilidad del mundo occidental sobre lo que ocurre en Gaza es ya crónica. La atención en Oriente Medio se la lleva el retorno del Califa en Irak/Siria que está provocando un espectacular giro en las alianzas de EEUU con Siria e Irán. Con la posibilidad de que también afecten a Arabia Saudita. Está claro aquello de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

Podríamos tratar del “caso Pujol”. La confesión del ex Molt Honorable de que él y su familia, mujer e hijos, han mantenido durante 35 años un capital oculto en paraísos fiscales ha conmocionado a la sociedad catalana. Pujol y Gaza. ¿Qué tienen en común ambos casos? Nada. Salvo que en el libro de Gregorio Morán , afamado periodista y habitual colaborador de La Vanguardia, se cuenta que a lo largo de esa larga colaboración, 25 años, solo le fueron censurados, y no publicados, dos artículos. Uno trataba sobre Pujol y el otro sobre Israel/Gaza. Curiosidades del destino. El libro trata de la decadencia de Cataluña y es altamente recomendable, entre otras cosas porque contiene esos artículos que en su día fueron censurados ante la indiferencia de la profesión periodística. El de Pujol es de 1999 y se titula, se titulaba, Las trampas del redentor, lo que no deja de ser premonitorio. El de Israel/Gaza debía haberse publicado en 1992, fíjense si es viejo el drama, y no lo fue por la presión de la comunidad judía de Cataluña.

¿Aquí se acaban las semblanzas entre los dos temas del verano? ¿Serian simples coincidencias? Quizás no. Depende de la reacción que se produzca en la sociedad catalana y española sobre las consecuencias políticas del “caso Pujol”. Puede pasar a formar parte del paisaje, y asimilarse como una lacra del sistema, dentro del relativismo moral con el que nos habituamos a cosas que no deberíamos tolerar, como lo de Gaza. De momento algunas reacciones dejan perplejo, como la del Sr. Junqueras , al que lo que le preocupa es que el Estado español, (debe querer decir algún gobierno español) conocía la situación irregular de la familia Pujol y solo lo saca ahora que le conviene para frenar el proceso independentista. O la de la Sra. Forcadell para la que “esas cosas” no ocurrirían si Cataluña fuese independiente porque son el resultado de la contaminación de la corrupción española.

Más allá de esas perlas cultivadas, habría que preguntarse por la razones de esa súbita confesión del Sr Pujol. No habrá sido por un ataque de moral. Más bien porque debía tener a la Agencia Tributaria pisándole los talones y habrán querido evitar consecuencias penales mediante la presentación de declaraciones complementarias. Y a pesar de sus promesas de colaboración con la justicia y las autoridades fiscales, de momento la familia Pujol se querella contra los bancos andorranos de donde ha salido la información que les ha obligado a retratarse ante el fisco. Hay que ver, que falta de seriedad la de esos bancos, le prometen a uno el secreto bancario y luego resulta que lo cuentan todo… Eso no es serio, los Pujol hacen bien en querellarse contra sus banqueros…

El verano nos ha traído otro tema de gran trascendencia, que es el de la crisis en el gobierno, y en el partido socialista francés. Una crisis que tendrá graves consecuencias sobre el papel de la izquierda en la salida de la crisis del euro y la construcción europea.

El gobierno que formó Valls, fuertemente apoyado por la pareja Montebourg-Hamon, después del desastre de las pasadas elecciones municipales, no habrá aguantado ni cinco meses. Una novedad en la política francesa, que para algunos marca una tendencia a la “italianización”. El debate de política económica que hay detrás de esa crisis francesa, se ha presentado caricaturalmente como un debate entre las políticas “de oferta” (hay quien habla de un “socialismo de la oferta”) basado en ganar competitividad, y las políticas de “demanda” , más parecidas a las formulas de relanzamiento fiscal de tipo keynesiano y por ello más emparentadas con el “socialismo de demanda”.

Pero la oferta y la demanda no son categorías políticas, sino conceptos económicos cuya adecuada combinación no es un problema ideológico sino de eficacia económica. Y sin embargo, hay mucha ideología detrás de las posiciones defendidas por unos y otros, y en las críticas y aplausos que tanto la pareja Hollande/Valls como la Montebourg/Hamon han recibido. Casi todas ellas movidas por aprioris ideológicos con argumentos ad personam, retorciendo la realidad de las cifras y los argumentos. Por ejemplo, se acusa a Montebourg, el ministro de Economía que ha provocado la crisis, de querer aumentar el déficit como única solución, cuando su discrepancia era como repartir las rebajas fiscales a las empresas propuestas por Valls, entre las empresas, a efectos de disminuir sus costes e incitarlas a aumentar el empleo, y las familias a efectos de aumentar la demanda.

Defender una reducción más gradual del déficit, porque las políticas de austeridad están llevando a toda Europa a una espiral deflacionista, no es diferente de lo que casi todo el mundo pide. Como el FMI o la OCDE, nada sospechosos de ser portavoces de la izquierda. Y como lo reclaman los datos económicos conocidos este mes de agosto, crecimiento cero en la eurozona con caídas en Alemania, Italia de nuevo en recesión, Francia estancada y una inflación próxima a cero.

En realidad, Francia no está en una situación en la que se pueda permitir el lujo de escoger académicamente entre la oferta y la demanda. Hay que estimularlas las dos a la vez. Y hay políticas que lo pueden conseguir, como por ejemplo rebajar las cotizaciones sociales de los trabajadores en vez de las del empresario. La baja inflación se puede interpretar como un exceso de oferta. Pero el déficit comercial exterior es un síntoma de pérdida de competitividad. Aunque también se puede pensar que la debilidad de la demanda interna europea contribuye a ese déficit exterior.

¿Cuál es el equilibrio adecuado entre las políticas de demanda y de oferta? Difícil de saberlo, pero como defiende el economista y diputado socialista francés Pierre Alain Muet, no se sale de una recesión, cuya gravedad se ha subestimado en Europa, mediante una política exclusivamente de oferta. Es difícil, como hace Hollande, reconocer que son las políticas de austeridad las que han hundido a Europa en la recesión y a la vez basar su política nacional únicamente en medidas de aumento de la oferta. Muet señala que el coste de las políticas de oferta del programa Valls, duplican los 20.000 millones de las “60 propuestas de “demanda” del programa electoral de Hollande. ¿Es razonable acordar 40.000 millones de reducciones fiscales a las empresas, en un contexto de reducción del déficit, sin evaluar adecuadamente la eficacia relativa sobre el empleo de esos apoyos fiscales y de los 50.000 millones de reducciones de gasto necesarias para financiarlos? Estás son las cuestiones de fondo que deberíamos analizar detrás de los aspectos mediáticos del debate.

Días antes de la crisis francesa, el propio Draghi tenía palabras premonitorias, (tanto como los artículos censurados de G Morán) en la reunión de los banqueros centrales en Jackson Hole: “una estrategia coherente para reducir el paro debe basare a la vez sobre la oferta y la demanda…”, y “la política presupuestaria europea desde 2010 es insuficiente”. Es difícil no estar de acuerdo con Montebourg cuando advierte de que la reducción acelerada y simultánea de los déficits públicos agrava el paro, imposibilita recuperar los equilibrios públicos y no reduce el ratio de endeudamiento porque reduce el crecimiento. Hasta The Economist, habitual crítico de un ministro considerado pro proteccionismo y antiglobalización, le da la razón en ello. Montebourg no es el único en advertir de que se están creando el caldo de cultivo de extremismos y populismos que acabaran destruyendo la idea de Europa. Su demanda de soluciones alternativas a las que impone la derecha alemana que apoya a Merkel es también pertinente. Pasan por un mejor equilibrio entre la reducción de los déficits, el apoyo a las empresas para ganar competitividad y a las familias consumidoras para mantener la demanda y el crecimiento. Y una política monetaria que combine mejor el control de la inflación y el apoyo al crecimiento y el empleo.

También de esa crisis habrá mucho de lo que hablar. Señalemos para acabar lo que de caricatural tiene el nombramiento del nuevo ministro de Economía. Hollande no ha encontrado nada mejor para combatir a “la finance“, a la que calificó en su famoso discurso electoral de Le Bourget como el enemigo a batir, que a un joven socio de la banca Rostchild, recientemente enriquecido con operaciones bursátiles y que, en declaraciones de una diputada socialista firmante del manifiesto de apoyo a Hollande, “cuestiona las 35 horas y presenta el salario mínimo (Smic) y los derechos de los trabajadores como un hándicap para la economía”. Continuará…