¿Europa cuenta?

Con el provocador título “Does Europe matter?”, un par de centenares de estudiosos y responsables de la cosa europea nos reunimos en Bruselas convocados por el think tank Center for European Policies Studies.

¿Europa cuenta algo y para alguien? ¿A quién le importa Europa? ¿Qué papel juega en el mundo? ¿Está condenada a sufrir el mismo proceso deflacionista que Japón? ¿Sigue teniendo el liderazgo en los asuntos del cambio climático? ¿Con qué fuerza aborda la crisis geopolítica que se ha abierto en su frontera Este? ¿Cómo van a reaccionar los ciudadanos europeos ante las próximas elecciones?¿Cómo será el nuevo Parlamento que surja de ellas?.

Dentro de poco tendremos respuestas a algunas de estas preguntas. Otras tardarán más en contestarse, pero el ambiente en general no es optimista. George Soros, guest speaker en la cena, se declara abiertamente pesimista. Para Soros el eslabón débil hoy de la unión monetaria ya no es Italia ni España, sino más bien Francia. Pero rectifica cuando alguien le recuerda el enorme potencial que todavía tiene Europa y lo que podríamos hacer los europeos si estuviésemos dispuestos a utilizarlo.

Para empezar hay que reconocer que las próximas elecciones al PE se presentan de manera diferente a las anteriores

Hasta ahora hemos vivido un curiosa, y políticamente decepcionante, experiencia con respecto al PE. A medida que sus poderes han ido aumentando, la participación electoral ha ido disminuyendo. Votaban mucho más los europeos para elegir sus representantes cuando el PE era poco más que una gran cámara de debate sin poder de decisión concreto, que cuando se ha convertido ,para muchas de las políticas de la UE (aunque todavía le faltan) ,en un legislador con igual peso que el Consejo Europeo.

Al mismo tiempo, la UE se ha ido trasformando desde una entidad de naturaleza básicamente económica a una entidad política que necesita de mayor legitimidad democrática para funcionar. La crisis ha puesto de relieve esta mayor necesidad de legitimidad democrática porque ha exigido por un lado más solidaridad y por otro más sacrificios. Ambas exigencias son de naturaleza fundamentalmente política y solo pueden ser reclamadas por órganos dotados de una fuerte legitimidad representativa.

Hasta ahora en España las elecciones europeas se jugaban en un contexto de acuerdo básico entre las fuerzas políticas acerca de la construcción europea. Hasta el punto de que en las anteriores el Gobierno socialista español declaró que su candidato a presidir la Comisión era el Sr. Barroso, miembro del PP europeo. Aquello contribuyó a despolitizar las elecciones y a aumentar la abstención. Pero esta vez los ciudadanos podemos elegir entre distintas opciones políticas representadas por candidatos con nombre y personalidad propia.

Y ahora somos conscientes de que las grandes opciones de política económica se toman en Bruselas más que Madrid. Y por lo tanto, la capacidad de influir en esas políticas a través de la representación ciudadana es mucho más importante. Y por ello es de esperar que las alternativas a las políticas de austeridad sean presentadas a los electores.

Las elecciones se van a celebrar en un contexto marcado por la crisis de la Eurozona, que ha significado políticas de austeridad impuestas por “Bruselas+Berlin” en los llamados GIIPS, (Grecia, Italia, Irlanda, Portugal y España); por el auge de un sentimiento anti-emigrante en muchos otros países: UK, Dinamarca, Francia, Holanda, Alemania y Austria); por el ascenso de partidos anti-europeos tanto desde la derecha como desde la izquierda; y por una batalla personalizada por la Presidencia de la Comisión entre Schultz por el Partido de los Socialistas y Demócratas (que así se llaman oficialmente los socialistas a escala europea), Juncker por el PP, Verhofstadt por los liberales, la pareja Keller /Bove por los Verdes y Tsipras por la Izquierda Unida Europea, aunque no todos ellos son candidatos a las elecciones al PE.

¿Tendrá impacto entre los electores esta confrontación de personalidades que pretende politizar el debate dándole cara y voz a las opciones que se presentan? No se sabe, las encuestas parecen indicar que el impacto será más bien marginal pero dependerá de cómo se desarrolle la campaña.

Las últimas encuestas que nos presentan, recién salido del horno, predicen un empate casi total entre socialistas y populares, los primeros subiendo un poco, de 194 a 212, y los segundos bajando bastante, de 274 a 212 también. Una caída de liberales y verdes y un aumento de izquierda unida, de 35 a 55. De manera que sumando todos los votos desde el centro a la izquierda (liberales, socialistas, verdes e izquierda unida) sumarian 367, poco menos de la mitad más 1 de los 751 eurodiputados.

Pero lo más significativo sería la aparición de una amplia y variada fuerza populista/antieuropeista a la derecha del PP que podría sumar 200 diputados. Sus posiciones serían contrarias a la profundización en la integración económica y monetaria, anti-libre cambio, antiemigración y a favor de limitar la libertad de movimientos de los ciudadanos comunitarios, y también anti-big bussiness y anti-capital. Hasta ahora el voto de protesta que caracterizaba a las elecciones europeas iba dirigido contra los gobiernos nacionales, pero ahora puede dirigirse contra Europa y sus políticas directamente.

¿Cómo impactaría este escenario en el funcionamiento del PE, y en la primera gran decisión que tienen que tomar el Consejo y el PE , que es la elección del Presidente de la Comisión? Todo parece indicar que propiciará la convergencia de los dos grandes partidos, que tendrán que forman una gran coalición o un gran acuerdo para casi todos los temas relevantes, empezando por la Presidencia de la Comisión, porque ninguno podrá tener mayoría ni formar una estable con los que le sean más afines.

Puede también ser una gran ocasión para despertar un debate político en el PE acerca de la razón de ser de Europa. Sobre todo porque lo que se consideraba hasta ahora como los dos grandes éxitos de la integración, la moneda común y la supresión de las fronteras, polarizan hoy la sensación de fracaso. Por un lado a la crisis le hemos llamado, un tanto impropiamente, crisis del euro a lo que era en su principio la crisis fiscal de un pequeño país, y por el otro las actitudes antiinmigración llaman a un nuevo cierre de las fronteras.

A lo mejor tanto Putin como los populistas representan una oportunidad para conseguir reverdecer la idea de Europa y hacer que esta cuente para sus ciudadanos. Sin proponérselo, Putin nos ha dado un gran estímulo para convencernos de que la unión es la forma de evitar que los demás se aprovechen de nuestros diferentes intereses. Y el auge electoral de los populismos antieuropeistas aparecerá como un desafío que produzca un sobresalto político capaz de explicar y convencer de la imperiosa necesidad de esta unión.

Y para ello, el debate entre anti y pro europeistas, no debería hacer desaparecer, o ni siquiera ocultar, el debate entre la derecha y la izquierda sobre las distintas formas de hacer Europa.