2014, un año de recuerdos y para recordar

Decía en mi última crónica que el 2013 fue un año para olvidar, tan malo había sido desde casi todos los puntos de vista y especialmente el económico.

Ahora que nos adentramos en el 2014 cabe esperar que sea un año que podamos recordar porque las cosas empiecen a mejorar. Se nos dice que la recuperación está ya aquí y que estamos superando la crisis. Es difícil sentir este optimismo porque por muy bien que vayan las cosas tardaremos muchos años en curar las heridas que la crisis ha infligido a nuestra sociedad en particular y al proyecto europeo en general.

Ya veremos las razones por las que habrá que recordar el 2014 que viene tan preñado de problemas como de esperanzas. Pero es seguro que es un año que nos trae muchos recuerdos. Empezando por las celebraciones del 1714 que van a proliferar en Catalunya. O, aunque no lo celebremos nada porque nada hay que celebrar, el recuerdo de la restauración borbónica de 1814 con el infausto Fernando VII volviendo del exilio siendo todavía El Deseado. Después siguió una tragedia que en buena medida está en las raíces de nuestro atraso secular hasta prácticamente nuestra adhesión a la Unión Europea. Una Historia que contrasta con otra restauración borbónica, la de Francia, también en el 1814 pero que representó un proceso de reconciliación con consecuencias bien diferentes de nuestro regreso al absolutismo y al guerracivilismo.

Y por supuesto los acontecimientos europeos. En el 2014 celebraremos el centenario del inicio de la gran carnicería que fue la gran guerra entre europeos que fue la I Guerra Mundial. El 75 aniversario del inicio de la II Guerra que esta sí que fue mundial y en la cual los europeos estuvimos al borde de suicidarnos definitivamente. Y el 25 aniversario de la caída del muro de Berlín que puso fin a la división de Europa y al nacimiento del nuevo poder hegemónico alemán, aunque sea a pesar suyo.

Son muchas celebraciones de muchos recuerdos. Ojalá no echemos en saco roto las lecciones de la Historia. Tendremos acontecimientos políticos importantes. Las elecciones europeas en mayo, las primarias socialistas en fecha todavía indeterminada y un anunciado referéndum de autodeterminación en Catalunya o en su defecto unas elecciones anticipadas que sirvan de cauce a la misma cuestión. Tres momentos al menos que marcaran el rumbo futuro. Pero no deberíamos mirar al futuro por el retrovisor. Esa es la impresión que me daba al oír el mensaje de Año Nuevo de la Canciller Merkel asociando las elecciones europeas a esos acontecimientos dramáticos pero ya pasados de la historia de Europa. No podemos seguir justificando la idea de Europa y sus instituciones por la búsqueda de la paz. Pero es lo que hacen los responsables políticos nacionales cuando no tienen otra cosa que ofrecer. Y hacen falta otras ofertas porque la paz (what else?) es algo que, con razón o sin ella, se da por adquirido. Los europeos esperan otras razones para su unión y para ejercer la solidaridad a escala supranacional.

La paz es el mejor éxito de la Europa unida: lo dicen los europeos en las encuestas (53 %), junto y aun más con la libre circulación (57 %). El euro no se ve como un gran éxito, solo el 25 % lo aplaude, al mismo nivel que las becas del programa Erasmus. Probablemente para los jóvenes europeos de hoy, Europa es la posibilidad de atravesar el continente en paz y sin pasaporte.

Pero eso no será suficiente para seguir avanzando en la integración. La crisis del euro ha abierto un abismo entre el Norte y el Sur que hace más difícil la unión política. Los pueblos rechazarán un dicktat alemán ejercido desde Bruselas. El calamitoso estado de Grecia muestra que el experimento de una unión monetaria incompleta como la del euro no ha funcionado ni funcionará sin una mayor integración, pero falta la voluntad política para ello.

Grecia asume hoy la Presidencia rotatoria del Consejo, aunque Vd. crea que se había suprimido sigue ahí para que cada país tenga su momento de gloria, pero está en vísperas de una segunda condonación parcial de su deuda porque es evidente que sus niveles de endeudamiento, cerca ya del 180% del PIB no se podrán absorber por muchos sacrificios que se impongan a una población depauperada que ha pagado muy caro los errores de sus dirigentes tanto como los defectos de construcción del euro. O la UE se decide a aplicar una terapia de choque a favor del crecimiento de Grecia, un nuevo Plan Marshall como proponían los socialdemócratas alemanes pero que han olvidado en el altar de su pacto de gobierno con Merkel, o los griegos acabarán convenciéndose de que es mejor salir del euro aunque sea al precio de un default total de su Deuda.

Todo dependerá de la nueva relación de fuerzas que surja de las elecciones europeas. Es la primera consulta sobre el futuro de Europa que se produce desde que empezó la crisis. Los eurodiputados salientes fueron elegidos antes de que se desencadenara en Grecia la tormenta perfecta que ha hecho temblar los cimientos del ero. Desde entonces se han hecho progresos importantes aunque haya sido tarde y a rastras. Pero para los países del sur, Irlanda incluida, la nueva cara de Europa es la de la Troika que les impone graves sacrificios desde hace ya 4 años. ¿Ven todavía el proyecto europeo como portador de un futuro mejor? ¿Y los del Norte? Han atravesado la crisis mucho mejor, pero es dudoso que no empiecen a ver a Europa como un riesgo incontrolable o como un peso muerto del que mejor librarse.

La respuesta la tendremos en mayo cuando veamos la composición del Parlamento Europeo. Y en lo que se refiere a España y a Catalunya deberíamos ser capaces al menos de suministrar una información seria y contrastable sobre las consecuencias de lo que nos jugamos, sobre las ventajas y los inconvenientes de la secesión de una parte del país, tanto para esa parte como para el resto. Y eso de momento no existe. Habrá que intentar contribuir a ello.