Adiós 2013, adiós

Al año que se acaba no le echaremos de menos. Para la economía y la sociedad española ha sido un muy mal año. Más de cinco años después de la caída de Lehman Brothers, Europa aparece como la parte de la economía mundial más afectada por la crisis que es ya la más larga desde 1945. Y España es uno de los países más afectados dentro de la UE.

Nos dicen ahora que la crisis se ha acabado y que el 2014 será el de la recuperación. La Comisión Europea prevé un crecimiento del 1,1 % para el 2014 después de una caída del 0,4 en el 2013. Pero las incertidumbres son muy grandes y todo dependerá de lo que haga el nuevo gobierno alemán para cambiar las políticas económicas que se han venido aplicando en Europa. Y de cuán rápido lo haga. En todo caso, esa tímida recuperación no será suficiente para reducir el desempleo como el mismo Van Rompuy advertía en su comentario de fin de año.

Los datos indican que la economía española ha dejado de caer. Ya ha caído todo lo que podía caer y ha tocado fondo. Las exportaciones han ayudado a contener el deterioro del PIB y el empleo detiene su caída a costa de aumentar la precariedad. Solo los contratos temporales aumentan. Puede que en el 2014 crezcamos entorno al 1 %. Pero eso no autoriza a decir que la crisis se ha acabado. El optimismo de Rajoy solo se explica por las exigencias del guion, pero no se sostiene cuando se compara con la triste realidad de los datos con los que hemos acabado el 2013 y las perspectivas para el 2014.

Tenemos casi 6 millones de parados y solo saldremos de la crisis cuando volvamos a crecer a un ritmo capaz de crear empleo neto, lo que está muy lejos del 1 % estimado. Además de que todo el mundo occidental teme la ‘job less recovery’, el crecimiento sin empleo consecuencia de los ajustes en la productividad inducidos por la crisis. Para ello hace falta que crezca la demanda interna porque el aumento de las exportaciones, que por otra parte está ralentizándose, no sería suficiente. Algunos piensan que la recuperación empezará por la inversión que generará más empleo y este más consumo. Pero con la capacidad ociosa que tiene nuestro sistema productivo no es razonable pensar que la recuperación empiece por un aumento de la inversión. Se invierte para producir más si hay demanda que lo requiera. Hoy por hoy para producir más no hace falta invertir más. El sistema eléctrico, con sus excedentes de capacidad, es un ejemplo paradigmático de ello. Y además para invertir hace falta crédito y por el momento seguimos en pleno ‘credit crunch’ a pesar de los miles de millones gastados en el saneamiento de parte del sistema financiero.

La radiografía de nuestro paro es tan preocupante como su cuantía. Su experiencia laboral está muy concentrada en el ladrillo, más de la mitad no han completado la ESO y el 60 % son ya parados de larga duración. Solo un esfuerzo gigantesco de reciclaje y formación les puede ofrecer una esperanza. La caída del empleo ha sido mucho mayor en términos relativos que la del PIB y eso exige reformar urgentemente las políticas activas de empleo porque la recuperación de la actividad por sí sola no va a resolver el problema de millones de personas. Algo parecido le pasa a nuestro sistema fiscal. Los ingresos han disminuido mucho más que el PIB, lo que indica un pésimo funcionamiento del sistema fiscal. Creo que somos el único país en el que la presión fiscal global (ingresos/PIB) ha caído a pesar de los notables aumentos de los tipos impositivos. Nuestro problema de déficit público es sobre todo un problema de ingresos .Y no lo resolveremos comprimiendo el gasto más de lo que ya lo hemos hecho porque estamos creando un grave déficit de futuro y destruyendo la cohesión social. Necesitamos unos ingresos por encima del 40 % del PIB y para ello aumentar la recaudación en 5 puntos porcentuales al menos. Ya se que eso suena a la voracidad recaudatoria de la que se me acusaba en mis tiempos de Secretario de Estado de Hacienda ,pero se trata de saber si queremos evitar hacer marcha atrás en la Historia perdiendo lo poco que habíamos conseguido de equidad y cohesión social. El gobierno nos anuncia una gran reforma fiscal pero habría que empezar por la exigencia del cumplimiento de las actuales normas. Algo siempre más difícil que no producir legislativamente otras nuevas.

En el 2013 hemos acumulado 100.00 millones más de Deuda y en el 2014 llegaremos al límite psicológico del 100 % de endeudamiento público. Cuando se piensa que en el 2008 antes de la crisis lo teníamos por debajo del 40 % se percibe al fracaso de unas políticas de austeridad cuyo objetivo era precisamente reducir el endeudamiento. Y el déficit publico permanece enquistado por encima del 6 %, un 10 % superior al del 2012, sin cumplir los objetivos que Bruselas nos ha impuesto y con un carácter estructural del que no le va a sacar más austeridad sino un aumento de los ingresos.

Es cierto que la prima de riesgo ha bajado mucho. Pero lo mismo ha pasado en todos los países afectados por la crisis independientemente de su mejor o peor situación. Se debe más a la disposición de Draghi a intervenir que a los resultados de las políticas de austeridad. Con el paro pasa algo parecido, su disminución se debe menos a que la economía haya recuperado dinamismo que a la emigración de unos y al desánimo de otros. En ambos casos se reducen los datos del paro pero no porque se hay creado empleo.

Necesitamos más crédito y más ingresos fiscales. También alejar el espectro de la inflación, es decir necesitamos una inflación moderada que ayude a absorber el exceso de endeudamiento . Y un tipo de cambio más bajo para evitar que los esfuerzos de devaluación interna no se pierdan por la apreciación nominal del euro. Pero esto no depende de nosotros sino de las políticas europeas. A estas alturas ya deberíamos haber aprendido que la expansión monetaria en momentos de demanda muy débil no genera inflación como los clásicos temían. Ahí están los ejemplos de EE.UU y del Japón. ¿Cambiará el nuevo gobierno alemán a la vista de estas experiencias y de lo que está ocurriendo en Europa? Hay razones para esperar que la coalición con los socialdemócratas impulse a Alemania a hacer lo que más útil puede ser para superar la crisis, que es sostener su demanda interior y contribuir así al reequilibrio del conjunto de la zona euro. También hay otras para temer que la ortodoxia presupuestaria y las exigencias de competitividad se lo impidan.

En todo caso, mis mejores deseos de nuevo año para los lectores de estas páginas digitales.