De nada demasiado

Hace un par de semanas consideraba en estas páginas digitales (“Una crisis crónica”) que el mundo no es lo bastante grande para encajar un superávit de la balanza por cuenta corriente de la Eurozona del orden del 2,5 o el 3% de su PIB, al que Alemania contribuye decisivamente. Y recordaba que Alemania es el único país que no ha contribuido a la reducción de los desequilibrios globales que en buena medida han estado en el origen de la crisis financiera mundial.

En otras muchas ocasiones he argumentado que cerrar los diferenciales de competitividad entre el Norte y el Sur de Europa no se puede hacer solo mediante deflación en el Sur, sino que es necesario también un poco más de inflación en el Norte. Pero es sabido el temor alemán a la inflación, como lo han mostrado otra vez las críticas a la rebaja del tipo de interés decidido por el BCE.

Cuando he tenido ocasión de señalar a mis amigos alemanes que su superávit comercial es excesivo, la airada respuesta siempre ha sido que no van a producir productos de menor calidad para darnos el gusto de que los mercados mundiales los demanden menos. Pero una balanza comercial es una diferencia entre exportaciones e importaciones y para reequilibrarla no hace falta exportar menos, basta con importar más. Para lo cual hay que aumentar el consumo y las inversiones, distribuyendo más rentas vía salarios y gasto público. Ciertamente con el riesgo de provocar algo de inflación y aumentar los costes laborales y por tanto la competitividad precio.

Todo eso sonaba a anatema. Los déficits debían ser controlados y castigados, pero los superávits no, porque a fin de cuentas eran la muestra de una buena salud económica y ¿por qué limitarla?

Pero con el récord histórico del superávit comercial alemán de septiembre (20.400 millones de euros), mayor que el anterior récord conseguido en junio del 2008 antes de la gran recesión, y con una Europa amenazada por la deflación, han saltado las señales de alarma. Hasta la Comisión Europea tiene que llamarle la atención a la virtuosa Alemania… por superávit comercial excesivo.

De nada demasiado. Ni siquiera de lo que se considera bueno y saludable, porque sus causas profundas no son a veces tan buenas y saludables y por los efectos negativos que tiene sobre la economía mundial en su conjunto y en particular para los socios del euro. La Comisión no puede sancionar a Alemania por superávit excesivo pero puede, como se espera que haga, llamarle la atención y pedirle medidas correctoras en el sentido antes indicado, estableciendo un salario mínimo legal y aumentando la inversión en infraestructuras.

La crisis del euro se solucionaría más pronto y mejor si Alemania aumentase su demanda interna y aceptase un poco más de inflación, por encima del objetivo medio del 2 % del BCE. Este puede ser el precio del mantenimiento del euro y de que Alemania consiga recuperar el dinero prestado a los países con problemas. Pero es que además el superávit conjunto de la zona euro es demasiado grande y no puede mantenerse por razones de equilibrio de la economía global. Los EE.UU. lo recuerdan con un poco más de energía que la Comisión Europea. Las críticas del Secretario del Tesoro al superávit comercial alemán no han gustado nada a Berlín, donde todavía escuece el tema del espionaje.

Por eso es tan importante el resultado de las negociaciones SPD-CDU para formar un nuevo gobierno de gran coalición que debería significar un cambio en las políticas aplicadas hasta ahora. Bueno es que hasta la propia Comisión Europea, nada dada a criticar a Alemania, lo pida.

Hasta ahora solo parecía preocupar el superávit comercial de China, a pesar de que desde que se introdujo el euro hasta que llego la crisis, tanto Alemania como China han tenido en medio un superávit por cuenta corriente análogo, del orden de 200.000 millones de dólares. Y por lo tanto produciendo ambos idéntico impacto deflacionista sobre la economía mundial.

El superávit alemán no preocupaba porque forma parte de la Eurozona y ésta en su conjunto estaba básicamente en equilibrio. Pero, como muy bien indica Kemal Dervis desde la Brookings Institution, no deja de ser relevante para la economía mundial, o para una gran región como Europa, el efecto sustractivo que produce sobre la demanda global de un gran superávit como el alemán.

El problema se ha agravado cuantitativamente porque si se suman los superávits de Alemania y los demás países del Norte de Europa, más los nuevos superávits que se han producido en los países del Sur como consecuencia de las políticas de devaluación interna, la zona euro acabará el 2013 con un superávit por cuenta corriente de 260.000 millones de $. El de China será “solo” de 150.000 millones de $. Y siguiendo los datos suministrados por Derbis, si añadimos a la Eurozona los países que ligan básicamente su moneda al euro (como los escandinavos) esta zona euro ampliada tendrá en el 2013 un superávit de 450.000 millones de $. El mayor superávit alcanzado por China fue de 410.000 millones en el 2007 y fue entonces cuando los EE.UU. se plantearon aplicarle sanciones comerciales por considerar que desestabilizaba la economía mundial (y por supuesto la suya propia).

El problema es que este superávit por cuenta corriente tiende inevitablemente a apreciar el euro. Y así todo el esfuerzo de devaluación interna de los países del Sur, conseguido al precio de muchos sacrificios, se pierde por la reevaluación de la moneda. Tratamos de devaluar nuestro tipo de cambio “real” con respecto a nuestros socios del euro (el nominal no lo podemos cambiar puesto que compartimos la misma moneda), pero como se revalúa el tipo de cambio nominal, el resultado es que no ganamos o incluso perdemos competitividad con el resto del mundo.

En la medida en que los superávits comerciales alemanes aprecian el euro, esterilizan nuestros esfuerzos de ajuste. Y en la medida en que esos superávits se deben a una atonía de la demanda interna alemana, no ayudan al crecimiento de nuestras exportaciones.

De nada demasiado. La Comisión Europea tiene que exigir políticas expansivas sustentadas por aumentos de salarios en Alemania, lo que mejorará el nivel de vida de muchos de sus ciudadanos ellos que hasta ahora no se benefician del boom exportador. Y contribuirá a que los demás salgan de la recesión. Esperemos pues que los socialdemócratas alemanes lo consigan de su pacto con Merkel.