Las fronteras dan risa

Pasando en Cataluña el  puente de primeros de noviembre tengo ocasión de leer que a un Conseller del gobierno catalán, de cuyo nombre no quiero acordarme, “las fronteras le dan risa”. Desgraciadamente, a la vista de lo que esta ocurriendo estos días en el Mediterráneo, no es precisamente risa lo que nos producen los ahogados tratando de cruzarlas.

Pero el Conseller lo dice para denostar a los que, como yo, opinamos que una hipotética independencia dejaría a Cataluña fuera de la UE. Según él, el gobierno de Mas no pretende en absoluto “levantar barreras fronterizas con el resto de España”, sino mas bien quiere que Barcelona sea la capital de una microrregión que doble a la población catalana y que vaya desde Zaragoza por el este a Montpellier por el Norte. Y para conseguir esta interconexión socioeconómica con parte de España y de Francia no se le ocurre nada mejor que Cataluña se declare independiente de España y, en consecuencia, salga de la Unión Europea. Genial. No solo las fronteras dan risa.

Mientras leo esas declaraciones observo los balcones decorados con abundantes “esteladas”, el símbolo del independentismo catalán, que toma auge a medida que se desarrollo el sentimiento de agravio y resulta menos atractivo compartir un proyecto común con una España sumida en la recesión económica y la corrupción política. Para muchos de mis interlocutores en estos días vacacionales, algunos de ellos amigos de la infancia o sus hijos, no son necesarias razones para sustentar su independentismo. Este sentimiento, el sentirse catalán y no español, es eso, un sentimiento, una emoción que no admite ni necesita justificaciones racionales. Como irracionales son las declaraciones antes comentadas, que reflejan la cerrazón en seguir pretendiendo que una Cataluña independiente se convertiría ipso facto en un nuevo Estado de la UE

Uno ya no sabe si es un ejemplo supino de ignorancia o ante un manifiesto deseo de confundir a la opinión publica. Y no hay falsedades mas fáciles de propagar que aquellas que se desea creer

La realidad es que desde Bruselas nos han dicho de varias y muy claras maneras que una Cataluña independiente no sería de forma automática un nuevo Estado miembro de la Unión Europea. Ciertamente la UE quedaría incompleta sin Cataluña y por eso no han dicho que quedara excluida para siempre. Pero la adhesión no seria ni automática ni inmediata. Y nadie puede saber cuánto tardaría en ser admitida. Ello dependería de muchas circunstancias, sobre todo de la forma en la que se produjese la separación.

La realidad es que la adhesión de un nuevo Estado requiere una modificación de los Tratados aprobada por unanimidad. Y eso es así aunque el nuevo Estado resulte de un escisión de un Estado miembro. E incluso aunque la separación se haya producido de acuerdo con sus normas constitucionales. Y una declaración unilateral de independencia no sería aceptada por la UE en virtud de lo dispuesto en el Art 4.2 del Tratado de la Unión (TUE) por el que se respeta la integridad territorial de los Estados miembros.

En marzo del 2014 la Comisión Europea dictaminó que “cuando una parte del territorio de un Estado deje de formar parte de ese Estado, porque se convierta en un Estado independiente, …., desde el día de su independencia se convertirá en un tercer Estado con relación a la UE y los Tratados ya no serán de aplicación en su territorio”. El actual presidente de la Comisión Sr. Barroso lo reiteró en noviembre pasado diciendo que el Tratado de Lisboa no había aportado ninguna novedad al respecto. Lo han repetido al menos dos comisarios, Barnier y Almunia, los portavoces de la Comisión y del Parlamento Europeo.

Pero a pesar de todo que digan los Tratados y las autoridades comunitarias encargadas de velar por su cumplimiento, nos siguen contando que todo se arreglará políticamente, porque la UE no puede prescindir de Cataluña ni se atreverá a expulsar a 7 millones de catalanes. Y si la Alemania del Este paso a formar parte de la UE al unirse por las buenas a la República Federal por qué Cataluña no podría hacerlo al separarse aunque fuera por las bravas de España. A fin de cuentas los catalanes ya somos ciudadanos europeos, Cataluña seguiría en el euro y en el mercado interior y los bancos catalanes no perderían el acceso a la liquidez del BCE , etc , ….

Y, por su puesto, los que, como yo, opinen lo contrario tratan simplemente de amedrentar y asustar a los partidarios de la independencia.

La realidad es que la UE se rige por sus tratados. El art 52.1 del TUE cita nominalmente a cada uno de los Estados miembros. Para incluir a Cataluña habría que modificarlo por unanimidad del Consejo Europeo y la ratificación de cada Estado. Así se ha hecho ahora con Croacia. El artículo 9 dice que son ciudadanos de la UE los que tengan la nacionalidad de un Estado miembro. Una Cataluña independiente podría seguir usando el euro. Montenegro, Mónaco y San Marino lo hacen. Pero de forma pasiva, sin participar en ninguna de sus instancias de decisión. Sí, Cataluña podría negociar un tratado de asociación comercial. Noruega y Suiza lo tienen. No haría falta la unanimidad, bastaría con una mayoría solida del Consejo. Pero no estaría nada claro que la tuviésemos ni cuanto tardarían las negociaciones. Y lo de Alemania no tiene nada que ver como el mas elemental sentido común indica.

La UE no expulsaría a Cataluña, simplemente tomaría nota de que ha dejado de pertenecer a un Estado miembro. Y la fría realidad es que solo representa el 1,5 % del PIB de la UE, su aportación al presupuesto comunitario es bastante prescindible. Y no creo que los bancos catalanes se pudiesen acoger a la liquidez del BCE por la parte de su negocio en Cataluña ni siquiera a través de sus filiales fuera.

Todo eso puede no importar a los que piensan que la independencia es un bien superior por el que merece la pena asumir costes elevados como la exclusión de la UE. Pero hay otros muchos catalanes que, además de sus sentimientos identitarios, quieren saber los costes y los beneficios de una transformación de tanto calado como es seguir o no en la UE. Y merecen una información seria y responsable al respecto.