Europa, una crisis crónica

Desde el verano se argumenta que la economía europea esta saliendo de la recesión. En julio se echaron las campanas al vuelo porque por fin, después de 6 trimestres de caída, en el segundo trimestre se había producido un ligero crecimiento del PIB de la Eurozona. Ahora vuelve a pasar lo mismo en España, cuyo crecimiento fue todavía negativo en el segundo trimestre, pero que ahora, después de 9 trimestres de caída, parece que será del 0,1 % en el tercero, en buena parte debido al buen comportamiento del sector turístico.

¿Será verdad que hemos salido de la recesión? Técnicamente sí. Una recesión se define como dos trimestres consecutivos de caída del PIB y por tanto un trimestre mínimamente positivo significa que la recesión se ha interrumpido. Que no es lo mismo que acabado.

Puede que este año el crecimiento sea menos malo porque el PIB caería “solo” el 1,3%. Y el 2014 en vez de estar estancados creceríamos un 0,2 %. Mejor que nada, pero desde luego nada para echar las campanas al vuelo. En la EPA del tercer trimestre, recién publicada, la tasa de paro ha bajado por debajo del 26 % pero es casi 1 punto porcentual mayor que hace un año y su disminución se debe sobre todo a la caída de la población activa. Y en datos desestacionalizados el empleo baja el 0,42 % en vez de subir y el paro aumenta el 0,21 % en vez de disminuir.

Ni la economía europea ni la española han salido de la crisis. Le falta mucho para eso. A mediados del 2013 el PIB de la zona euro es todavía un 3 % menos que el de principios del 2008. Y tiene casi 8 millones de parados más que entonces. Este año el PIB de la zona euro todavía decrecerá un 0,4 % y ello gracias a que el ajuste fiscal ha sido al final menor de lo exigido al principio.

Europa sigue siendo el “hombre enfermo” de la economía mundial. Ha superado la fase aguda y el temor de un desenlace fatal de la crisis del euro ya no domina los mercados. Lo salvó el BCE cuando Draghi anuncio que haría lo necesario para evitar su la implosión de la unión monetaria. Es decir, que compraría toda la Deuda española e italiana (en el mercado secundario, eso si) necesaria para romper la especulación. Desde entonces no le ha hecho falta actuar. Si nuestras primas de riesgo han caído ha sido porque apareció el prestamista de última instancia que le faltaba al sistema para garantizar su estabilidad.

Pero, tras cuatro años de crisis aguda iniciados el 16 de octubre del 2009 cuando Papandreu reconoció el excesivo, y oculto, déficit griego, el enfermo ha entrado en una fase crónica de débil crecimiento, alto paro y destrucción de la cohesión social.

Europa es la única región del mundo que no ha alcanzado sus niveles de producción del 2007. Mientras el PIB de EE.UU. ha aumentado un 4,7 % desde entonces.

Cierto que la enfermedad no afecta por igual a todos los países. Y en los pases de la periferia el salto atrás es tremendo. Para Grecia el PIB del 2012 esta a niveles del de 2001, en Italia del 2002, en Portugal del 2003 y en España del 2006. Casi todo lo que se había ganado durante la época del euro en términos de nivel de vida se ha perdido en cinco años con la crisis.

Pero los países “centrales” tampoco están del todo sanos. Holanda sigue en recesión y Francia con niveles récords de paro. Solo Alemania parece ir bien, aunque su crecimiento no es suficiente para tirar de la economía de la zona y además es muy dependiente de la demanda de los países emergentes donde la fiesta parece que se esta acabando. Este año Alemania crecerá alrededor del 0,5 % y el 2014 podría crecer por encima del 1 % si el nuevo gobierno Merkel se decide a incrementar las inversiones en infraestructuras y crea un salario mínimo legal.

Los déficits exteriores de los países en crisis, se han reducido sobre todo como consecuencia del hundimiento de la demanda interna y en menor medida con el aumento de las exportaciones en España. Pero el gran superávit exterior alemán no se reduce sino que aumenta. En consecuencia la zona euro, que estaba antes de la crisis más o menos en equilibrio comercial con el resto del mundo, habrá pasado de un déficit de menos de 1 % del PIB a un superávit del 2,5 % en el 2013. La demanda interior esta estabilizada y las inversiones en caída libre.

Los dos años de plazo adicionales dados a los países periféricos para reducir el déficit han sido fundamentales para que las cosas no vayan peor. Pero la mayor facilidad fiscal no ha venido acompañada de una mejora en las condiciones crediticias. Europa sigue enferma de sus bancos y seguimos sin saber la gravedad del mal que sufren. Y éste está siendo ya el mayor lastre para la recuperación de una economía a la que se le han parado todos sus motores, salvo el de la exportación, y que no puede funcionar sin crédito.

Solo la demanda exterior ha impedido que el hundimiento del PIB europeo fuese aun mayor. La pregunta es si esta dinámica es sostenible y si la zona euro en su conjunto puede continuar creciendo gracias al aumento de las exportaciones. Y cuales serian en ese caso las consecuencias para la economía mundial.

En mi opinión, la caída de la demanda interna no la puede compensar el notable aumento de las exportaciones. El mundo no es lo bastante grande como para encajar un superávit estructural de la eurozona del orden del 2,5 % que es lo que tendría si todos los países siguiesen las pautas exportadoras de Alemania. Conviene recordar que Alemania es el único país que no ha contribuido a la reducción de los desequilibrios globales. Y si las reformas estructurales en los países del sur generan también grandes superávits comerciales, la EZ tendría un superávit comercial mayor que el de China.

Probablemente este superávit exterior no pueda continuar, es demasiado grande para la economía mundial. La crisis es crónica y la recuperación será lenta sino se produce un cambio en las políticas aplicadas hasta ahora. Depende de lo que decida el nuevo gobierno alemán. Y no es imposible que Merkel III cambie alguna de las políticas de Merkel II. Lo analizaremos en la próxima crónica… de esta crisis crónica.