Europa, España y América Latina

Habrá que reconocer que la XXIII Cumbre Iberoamericana no ha sido un éxito. Las muchas ausencias muestran una cierta falta de momentum entre los miembros de la llamada comunidad iberoamericana .Y parece que el único acuerdo adoptado ha sido verse con menos frecuencia en el futuro.

La escasa concurrencia y los escasos resultados muestran el cansancio de tantas cumbres regionales y de tantas alianzas estratégicas como han proliferado en los últimos tiempos. Los países iberoamericanos tienen ya múltiples organizaciones regionales y su propio foro de diálogo con Europa, la Conferencia entre la CELAC y la UE, que se celebra cada dos años, la última vez en Santiago de Chile .Y no necesitan de España ni de Portugal para relacionarse con Europa.

Es cierto que las empresas españolas han invertido más de 200.000 millones de dólares en América Latina .Y les ha ido muy bien. Gracias a esa apuesta estratégica han capeado mucho mejor el temporal de la crisis. Pero eso es el pasado. En el presente varios informes del FMI, de la OCDE y de la CEPAL advierten de la ralentización del crecimiento en esa región del mundo. Y cara al futuro España, y la Unión Europea, está más necesitada de inversión extranjera que sobrada de recursos para invertir fuera.

Pero la UE no debería olvidar las oportunidades que representa el desarrollo de América Latina. Viene proclamando, desde Río 1999, que América Latina es un socio estratégico desde el punto de vista económico y político. Pero en la práctica sigue habiendo una gran diferencia entre las palabras y la acción.

Si realmente Europa quiere crear con América Latina un partenariado estratégico birregional, tiene que cambiar radicalmente de posición. La Comisión Europea parece entenderlo y desde antes de la crisis lleva diciendo que quiere revisar el diálogo con Mercosur, que dura ya 10 años, para dar un nuevo ímpetu a la negociación. Todavía no tenemos un strategic partnership con Brasil pero todos los días la UE repite su intención de conseguirlo cuanto antes.

La UE debería impulsar una mayor integración latinoamericana. La cooperación de la UE con América latina debería orientarse a reducir los costes de los intercambios comerciales y facilitar el acceso a los mercados. La mayor parte de los países latinoamericanos todavía obtienen resultados mediocres de sus exportaciones hacia Europa. La excepción son las materias primas y la energía. Para Chile el acuerdo de libre comercio con la UE ha sido beneficioso y sus exportaciones han aumentado mucho. Pero en el caso de México, con un acuerdo de hace ya 10 años, el resultado ha sido un déficit comercial importante de México con respecto la UE.

América Latina tiene una población de 550 millones de habitantes, una renta per cápita de 4.000 $, inmensos recursos naturales y un importante capital humano. Representa el 8 % del PIB mundial aunque, como consecuencia de las crisis y de la década perdida de los años 80, esa proporción no se ha modificado apenas desde 1980 a pesar de haber crecido más del 5 % en media en los últimos 3 años.

Es decir, mientras Europa está sufriendo su “década perdida”, América Latina se lleva bastante bien y hasta ahora ha sorteado la crisis con éxito. Ha permanecido bastante al margen la crisis mundial mientras esta afectaba gravemente a Europa.

Como en el resto del mundo, China ha emergido en Latinoamérica. Los EE.UU. son todavía el principal destino de sus exportaciones, pero China está jugando un papel cada vez más importante como importador de recursos naturales.

En los últimos 4 años América Latina ha atraído en media 61.000 millones de $ de inversión extranjera directa. Brasil y México han recibido el 60 % de esta cantidad. España ha sido el inversor europeo más importante en la región y aunque éstas han caído un 70 % sigue siendo el principal inversor. Pero ahora algunas de nuestras compañías que han protagonizado esta inversión han pasado a manos italianas, como Endesa /Enel que ahora es el mayor distribuidor privado de energía en América Latina.

Las empresas latinoamericanas son también grandes protagonistas de inversiones en el exterior. Brasil invierte fuera casi tanto y algunos años más de las inversiones que recibe.

Pronto, Brasil y México estarán entre las 6 más grandes economías mundiales. Brasil puede ser la quinta tan pronto como en 2016 ¿Es Europa consciente de esta dinámica transformadora de la geoeconomía global? Seguramente si pero quizá no todo lo que debiera. Ha estado más preocupada y ocupada en su propia ampliación al Este y ahora por la relación con China e India desde el punto de vista económico y con la agitada vecindad norteafricana desde el punto de vista político.

Este sesgo, y la debilidad que resulta de su crisis, puede hacer que Europa pierda la oportunidad que representa el desarrollo de América Latina. Está bien establecer una especial relación con Brasil y México, pero eso no basta. Puede incluso crear o agravar asimetrías y desequilibrios en la región. También podría generar un efecto arrastre para otros países. Pero la UE debe mantener a todos los países de América Latina en su partenariado estratégico, de lo contrario puede perder la oportunidad que su desarrollo ofrece.

Las perspectivas de desarrollo de A. L. Tienen también sus puntos débiles. La década de bonanza que América Latina ha vivido impulsada por las buenas condiciones externas empieza a diluirse. Un crecimiento entorno al 3 % en los próximos años es claramente insuficiente.

Sobre ese crecimiento más débil pesan el cambio en las expectativas de China. Y la previsible normalización de la política monetaria de los EE.UU. que tendrá como consecuencia mayores dificultades de acceso a financiación barata para la región. Aunque esa política de expansión monetaria le ha causado también no pocos problemas de estabilidad de los tipos de cambio.

Es muy posible que las favorables condiciones financiera creadas por la entrada de flujos de capital provenientes de las economías avanzadas en crisis y el aumento del comercio y de los precios de las materias primas causada por la demanda de los emergentes asiáticos hayan comenzado a remitir. El motor de la exportación empezara a ralentizar y la región deberá contar con un crecimiento más auto centrado con lo que ello implica de necesidad de impulsar la demanda externa y en consecuencia distribuir mejor la renta. En particular los problemas de recaudación fiscal, una gran asignatura pendiente de las sociedades latinoamericanas, deberán ser abordados. Europa puede servir de ejemplo tanto por lo que se ha conseguido como para evitar los errores recientemente cometidos.

En ese contexto, América Latina se enfrenta en los próximos años a problemas de crecimiento y empleo, de déficit exterior, de inestabilidad de los tipos de cambio, de inflación, de cohesión social e incluso de desintegración regional. Los países iberoamericanos tienen que redefinir su inserción internacional en un contexto de mayor desplazamiento del comercio hacia el Pacífico.

A pesar de todos estos problemas, creo que hay por lo menos dos razones estructurales para ser prudentemente optimista acerca del futuro de Iberoamérica.

Primero, el proceso de aprendizaje y de cambio político cultural que la región ha vivido en los últimos años.

Hoy está claramente reconocida la importancia de la disciplina fiscal, la estabilidad macroeconómica, la democracia y la calidad de las instituciones como bases del desarrollo.

Segundo, el impacto en la región de los grandes cambios que se están produciendo en el escenario global.

Hoy los países iberoamericanos tienen muchas más opciones en términos de mercados exteriores, de fuentes de financiación y de tecnología. Sus relaciones internacionales se han expandido y diversificado. La región tiene mucho que decir en los grandes problemas de la agenda global como la energía la alimentación y el cambio climático. Así lo reconocía el presidente Obama durante su visita a Brasil, Chile y el Salvador en el 2011.

Y hacía bien en prestarle atención porque, les debe su elección a los electores “latinos”; con el 17 % de la población norteamericana son ya la primera minoría étnica después de la non hispanic white.

Pero, como decía Enrique Iglesias en su despedida como secretario Iberoamericano, Iberoamérica es mucho más europea que norteamericana. En cuanto a estilo de vida, en cuanto a su dimensión cultural, en cuanto a sus deseos de construir una sociedad más cohesionada, los latinoamericanos quieren parecerse más a las sociedades europeas que a la norteamericana. Y esa es una razón muy importante sobre la que se podrían fomentar nuestras relaciones y nuestras alianzas.