Tres frentes y dos 11 de septiembre

En estos primeros días de septiembre la actualidad se concentra en tres frentes que se telescopian en tres niveles geográficos. Del más próximo al más lejano: en España el éxito de la reivindicación soberanista en Catalunya y la respuesta que le dé el gobierno de Rajoy; en Europa las elecciones alemanas y el cambio que puedan producir en la política europea; y en lo global el repliegue americano (y por consecuencia francés) en su declarada intención de atacar a Siria. El primero y el último toman su referencia en la fecha mítica del 11 de septiembre, el de 1714 para Catalunya y el del 2001 para EE.UU.

El éxito de la cadena humana reivindicando la independencia de Catalunya estaba asegurado y, para mí al menos, no ha sido ninguna sorpresa. Son patéticos los intentos de algunos medios de cuestionar su dimensión y de minusvalorar su significado. La respuesta de Rajoy a la carta de Mas pidiéndole negociar la celebración de una consulta de autodeterminación tampoco sorprende. Una calculada ambigüedad para evitar no decir “no” pero que en Catalunya será interpretada como otra puerta cerrada que empuja a abrir otras. Y a seguir fabricando independentistas.

Antes del 11 de septiembre Mas había hecho equilibrios entre las presiones de sus socios de ER, que solo aceptan un referéndum en el 2014 “sí o sí”, pactado con Madrid o por la bravas, y la búsqueda de soluciones alternativas como convertir las elecciones del 2016 en un plebiscito sobre la independencia. Después del resultado de la Vía catalana tiene mucho más difícil tergiversar y el choque de trenes entre dos intransigencias parece mas cercano.

El Gobierno español piensa, y en eso tiene razón, que la Constitución no permite la independencia de una parte de España, que una consulta de autodeterminación no es compatible con el ordenamiento legal actual, ya el Constitucional en su fallo sobre el plan Ibarretxe ha dicho que esa clase de consultas solo son válidas en el marco de una reforma constitucional. Y puesto que cuenta con una amplia mayoría en el Congreso sin la cual tal reforma es imposible, no hay más que hablar deseen lo que quieran una mayoría de catalanes.

Este planteamiento sobrevalora la Constitución tanto como en Cataluña se la infravalora (véase el inteligente artículo de Carles Casajuana en La Vanguardia). Se piensa que si una mayoría de catalanes quiere un referéndum, y parece bastante evidente que esa mayoría existe incluyendo al PSC, no hay legitimidad constitucional que valga. En realidad la declaración soberanista del Parlament de Catalunya ya da por muerta la Constitución que ha permitido el mayor y más continuado nivel de autogobierno desde 1714.

La solución de esperar que escampe cuando hayamos superado la crisis económica no es buena. Buscar una consulta compatible con el orden legal vigente es la solución sensata entre dos posiciones irreconciliables. Pero como ocurre en situaciones de alta emotividad social, las posiciones intermedias pierden la base social en la que se apoyan. Esto es lo que desgraciadamente le puede pasar al PSC.

Saltando de lo local a lo global, parece que los EE.UU. renuncian a atacar a Siria a cambio de un programa verificable de desarme y destrucción de los arsenales químicos sirios. Es una buena noticia porque soy de los que no creían que un ataque puntual, un castigo militar limitado y sin intervención en el terreno, solo serviría para satisfacer a las opiniones públicas y salvar la cara a Obama atrapado en su definición de las líneas rojas que Assad no debería traspasar después de haber causado 100.000 muertos.

Pero resulta que las opiniones publicas de EE.UU. y Reino Unido están cansadas de guerras inútiles en Oriente. Y, por mucho que abominen de los crimines de los tiranos tipo Assad, no quieren aventuras militares que se sabe como empiezan y también ya se sabe como acaban. Los parlamentarios británicos le han parado los pies a Cameron y seguramente Obama hubiera tenido difícil convencer a su Congreso. Nunca sabremos si la pifia de Kerry en su rueda de prensa fue de verdad una pifia o una forma hábil de dar entrada en el juego a una Rusia que ofreciese una salida a la que agarrarse. En todo caso es posible que Putin haya salvado a Obama de un ridículo mortal y de un error grave error político.

Ahora queda por ver como se instrumenta ese plan verificable de destrucción de arsenales químicos en suelo sirio. La intervención propuesta por Obama/Hollande/Cameron consistía en lanzar unos cuantos misiles desde una prudente distancia sin que un solo soldado pisase suelo sirio. El plan que se propone exigirá la presencia de tropas de a pie. ¿Cuántas y en qué condiciones? No se sabe pero sin duda muchas. El ataque militar no era una buena solución, ésta tampoco será fácil. No hay soluciones fáciles para esta clase de problemas, pero una vez mas, la solución es más diplomática que militar.

Lo ocurrido estos últimos días demuestra que, 12 años después de aquel otro 11 de septiembre del 2001, ni EE.UU. ni el mundo son los mismos. Diez años de guerras imperiales desastrosas financiadas a crédito impulsan a los americanos hacia un nuevo periodo de introspección sino de aislamiento. El mundo se puebla de nuevos y fuertes poderes a la vez que se queda sin el gendarme global que emergió del fin de la guerra fría.

Del fin de la guerra fría emergió otra potencia, la Alemania reunificada. De ella se puede volver a decir aquello de que es demasiado pequeña para el mundo y demasiado grande para Europa. Sus elecciones del próximo 22 de septiembre son tan importantes, o más, para todos los europeos que las propias elecciones europeas del 6 de mayo. El problema es que solo votan los alemanes aunque su elección nos afecte a todos.

Pero quizá no tanto. Es seguro que Merkel encabezara una coalición y que las políticas que seguirán aplicando no serán muy diferentes. Quizá tampoco lo fueran si la coalición la encabezara el candidato socialdemócrata. En el fondo, el rechazo a la mutualización de las deudas y a construir una pata fiscal de la unión económica que implique trasferencias de recursos (la denostada transfer union) esta muy anclado en la gran mayoría de la población alemana. Los estereotipos acerca del sur perezoso y el norte laborioso y de la injustificada rapiña de unos sobre otros han calado allí tanto como por aquí.

En el caso de Alemania al menos la solución al problema la conoceremos pronto. Los otros dos van para largo.