Buenas noticias del G-20

El G-20 de San Petesburgo ha acabado con la misma división con a que había empezado en el tema de Siria. Los EE.UU. y Francia se han tenido que conformar con una declaración firmada solo por 11 países, entre ellos España, condenando el uso de armas químicas por el régimen de Assad y llamando a una “fuerte respuesta internacional”. Pero sin citar la opción militar.

Los europeos, sin una Gran Bretaña fuera de juego por el rechazo de sus parlamentarios a un ataque a Siria, han demostrado sus divisiones y dejado más bien solo a Hollande que ahora tendrá que aceptar esperar al informe de los inspectores de la ONU… y sobre todo estar a lo que voten los congresistas americanos.

Y, quizá para rebajar la tensión entorno a la cuestión Siria, el G-20 ha hecho prueba de voluntad de concordia sobre los asuntos económicos. También en este campo el presidente Obama llegaba en mala situación, casi en el papel de acusado por el previsible fin de la política monetaria expansiva de la FED y el efecto que ello tendrá sobre una economía mundial todavía convaleciente.

Los países emergentes han sido los más afectados por ese anuncio. Recordemos que los EE.UU. inyectan 85.000 millones de dólares mensuales (¡!) para sostener su economía. Y la perspectiva de que ese grifo de liquidez se cierre ha hecho subir los tipos de interés en los países occidentales, lo que a su vez ha provocado una salida de capitales de los países emergentes buscando colocaciones mas rentables. Y aquellos países que tienen una balanza corriente muy deficitaria, como India y Brasil, han sufrido una devaluación de su moneda entre el 15 y el 20 %.

Pero para no atosigar más al amigo americano, que además de Siria tiene que responder por las escuchas practicadas urbi et orbe por sus servicios secretos, los BRICS no han reprochado a los EE.UU. los efectos colaterales que han sufrido por los anuncios de la FED, calificándolos de “involuntarios”.

Obama ha correspondido prometiendo que los estímulos monetarios se reducirán “gradualmente” y de forma “razonable”. Esto de “razonable” se esta poniendo de moda, también Rajoy y Mas parecen haber acordado ponerse de acuerdo sobre “cosas razonables” lo que no deja de ser una buena noticia. Esperemos que esté en su mano hacerlo, porque en el caso de Obama no lo está ya que la FED es independiente y el Presidente no orienta su política monetaria.

Los del G-20 lo saben, pero también saben que la independencia de la política monetaria no se practica de igual forma en Washington que en Frankfurt. Y por eso las palabras de Obama son algo más que un whisfull thinking. Así, el G-20 se acaba con la conclusión de que los ataques a Siria van a esperar y que la guerra de las monedas no tendrá, de momento, lugar.

En el frente económico el G-20 nos ha traído otras buenas noticias, especialmente celebradas por los que desde hace tiempo venimos pidiendo que acabe con la tolerancia con la evasión fiscal y con las practicas de “optimización” que permiten a algunas multinacionales como Google o Amazon, y a jugadores de fútbol idolatrados por la afición como Messi, ganar mucho dinero en un país y pagar en otros países los impuestos más bajos posibles. Casi con estas palabras literales, el ministro ruso de hacienda anunciaba la aprobación del proyecto que se había encargado a la OCDE para acabar con esa “optimización”.

También se ha aprobado la generalización de los intercambios de información generalizados entre administraciones fiscales para controlar el fraude y la evasión. Y además el G-20 ha mandado al Consejo de Estabilidad Financiera que extienda sus reglas y su vigilancia a la “banca en la sombra” (shadow banking) formada por estructuras de financiación alternativos de naturaleza opaca.

Y, aún con todo el escepticismo que producen unos anuncios que se han repetido muchas veces desde que empezó la crisis, parece que poco a poco las cosas van mejorando en este campo. Seguramente porque la caída de los ingresos y el malestar de la opinión obliga a ser mas exigente frente a prácticas demasiado tiempo toleradas. Pero, cualesquiera que sean las causas y las razones de esta nueva actitud, el G-20 nos ha dado buenas noticias.

Europa debate hace tiempo sobre como controlar un sistema financiero hipertrofiado y cuyos excesos son los grandes responsables de la crisis. Pero, como en el caso de la actitud de Francia y el Reino Unido sobre el ataque a Siria, practica mucho la estampida de caballo y parada de burro. En febrero pasado la Comisión Europea presentó con gran fanfarria, un proyecto de pseudo-tasa Tobin que pretendía gravar las transacciones financieras y que podría generar 35.000 millones de recaudación anual.

Once países estuvieron de acuerdo en aplicarla unilateralmente ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo que permitiese aplicarla en toda la UE. Pero desde entonces el proyecto patina y recibe ataques de todas partes. El Reino Unido ha presentado un recurso contra el Consejo por considerar que esa tasa tendría efectos extraterritoriales contrarios al derecho internacional. El BCE se inquieta de las consecuencias de su aplicación sobre la financiación de los bancos,… y suma y sigue. De forma que no se sabe en que va a quedar el proyecto. Y, como en tantas cosas, habrá que esperar a los resultados de las elecciones alemanas.

Lo que no quita que haya francotiradores que se lanzan por su cuenta y riesgo a aplicar ese tipo de tasas. Como Italia, donde desde el 2 de septiembre se aplica una tasa sobre el trading de alta frecuencia, esos sistemas donde los ordenadores inundan los mercados con ordenes de compra/venta que buscan en fracciones de segundo capturar las diferencias míninas de cotización multiplicándolas por los grandes volúmenes con los que se opera.

Probablemente Italia lo hace por el estado calamitoso de sus ingresos públicos, sobre todo después de que Berlusconi haya obligado a Letta a suprimir el impuesto sobre la primera vivienda. Pero esa medida solitaria servirá de test para saber si funciona o no en un solo país o si lo único que se consigue es que las operaciones se efectúen desde otros.