Una golondrina no hace verano

Acaba el cuarto verano de la crisis del euro sin que, como en los anteriores, las primas de riesgo nos hayan dado un susto. La nuestra acaba en 272 puntos, la mitad de hace un año y casi igual a la italiana. Las amenazas de Berlusconi de tumbar el gobierno si no le evitan ir a la cárcel siembran más desconfianza en los socios europeos y en los mercados financieros que el asunto Bárcenas/Rajoy. La política italiana lleva 20 años pendiente de saber si Berlusconi va a ir o no a la cárcel, que ellos llaman galera, y lo sigue estando. Un profesor italiano invitado a mis cursos en la Universidad de Santander me decía que si sus diputados se eligiesen por sorteo entre todos los italianos no serían de peor calidad. En España todavía no hemos llegado tan lejos en el desprestigio de la política.

Este verano la atención no ha estado en el frente económico sino en la situación en Oriente Medio. Han sido los ministros de  Exteriores y no los de Economía los que han tenido que volver a Bruselas, aunque sin apresurarse demasiado, por las masacres del ejército en Egipto. Pero sin tomar siquiera la decisión  de suspender la ayuda a Egipto.

Y después de Egipto, Siria. Es posible que cuando estas  páginas digitales se publiquen, los EE UU, con la presencia simbólica de Francia a su lado, hayan atacado, también simbólicamente, las instalaciones militares del gobierno sirio. Se planteará con ello los mismos problemas de legalidad internacional que en Irak .Y se escenificará de nuevo la división y la impotencia europea en asuntos de política exterior y de defensa.

De ello habrá que ocuparse en próximas crónicas. Pero de momento por Europa  se nos han presentado algunos datos estadísticos como si estuviésemos en el fin de la recesión y en España parece que la excelente temporada turística vaticina que el PIB puede volver a crecer en el tercer trimestre. Pero una golondrina no hace un verano y los datos del segundo trimestre no marcan el principio de la recuperación aunque técnicamente se haya proclamado, con injustificado alborozo, que se ha acabado la recesión.

Se habla del fin de la recesión porque, gracias a un comportamiento mejor de lo esperado de las economías francesa, alemana, y también de la portuguesa, la eurozona ha tenido un crecimiento positivo en el segundo trimestre del 2013 .Y como, técnicamente, la recesión se define como dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, cualquier trimestre de ligero crecimiento positivo  señala el fin de la recesión.

Pero este tecnicismo no sirve para de echar las campanas al vuelo, aunque le venga muy bien a la sra. Merkel ante sus elecciones y a todos los partidarios de las políticas de rigor para animarnos a seguir por ese camino. Como al comisario de asuntos económicos sr. Rhen, que aprovecha para aconsejarnos bajar los salarios y a los franceses bajar los impuestos. En realidad, con 26 millones de parados en la eurozona y los países periféricos, entre ellos el nuestro, acumulando una deuda que cada vez es más difícil creer que se pueda pagar algún día si seguimos sin crecer, las políticas de austeridad no han funcionado. El inesperado débil repunte económico en Francia y en Portugal se debe a que no han cumplido con las exigencias de austeridad. Y el repunte alemán se debe al aumento de exportaciones fuera de la zona euro y por lo tanto dependiente de factores ajenos a su recuperación. Si excluimos a Alemania y a Francia de la media, el resto de la eurozona no se está recuperando en absoluto. Y si volvemos la vista atrás, cuando hace 18 meses la eurozona mostró una ligera recuperación, también se anunciaron las mismas golondrinas precursoras de un verano que no llegó.

No olvidemos que una  recesión es una caída autosostenida de la actividad económica en la que la disminución de la demanda disminuye la producción produciendo un círculo vicioso de reducción de la actividad, la renta y el empleo. Si en vez de comparar un trimestre con el anterior lo comparamos con el mismo trimestre del año anterior, veríamos que el PIB de la eurozona ha disminuido un 0,5 % en vez de ese aumento del 0,7 % que se ha usado para decir que “lo peor ha pasado” .

No, lo peor sigue aquí y ese pequeño sobresalto primaveral no permite aventurar el fin de la crisis. En España el PIB todavía ha caído un 0,5 % en el primer trimestre y un 0,1 % en el segundo y hemos conocido al menos cuatro malas noticias.

Primero que nuestra deuda publica sigue aumentando y ha superado ya el 90 % del PIB. Lo que demuestra que las políticas de austeridad no consiguen reducir el endeudamiento, que era su objetivo fundamental, porque  debilitan el crecimiento. Segundo que los créditos dudosos de los bancos han alcanzado un nuevo record hasta el 11,6 % en junio. Bajaron a principios de año cuando se transfirieron 50 mil millones de créditos dudosos al “banco malo”. Pero siguen subiendo, sembrando dudas sobre su capacidad de financiar la economía y sobre la necesidad de una nueva recapitalización bancaria .

Tercero que España ha sufrido la mayor caída del crédito privado de toda la eurozona. En julio los préstamos a empresas y familias en la eurozona se redujeron casi un 2 % pero en España el 10,3 %, más del doble que en las demás economías periféricas en dificultad. Lo que demuestra que, a pesar de las generosas ayudas del BCE y la recapitalización con dinero público, los bancos siguen sin abrir el grifo de la liquidez para financiar el crecimiento. Y las familias y empresas responden disminuyendo sus depósitos bancarios lo que tampoco va a ayudar a que aumente el crédito. El Banco de España atribuye esta caída a factores estacionales pero en realidad es la continuación de una tendencia de fondo que se retroalimenta con la crisis.

Y cuarto, que estamos lejos de cumplir las previsiones de déficit público. Aunque la prensa afín al PP anuncie gozosa que el déficit del Estado ha “caído” hasta el 4,38 del PIB en julio, en realidad esta “caída” es una mala noticia porque en 7 meses supera ya el objetivo anual del 3,8 %. Cierto que el crecimiento del déficit no es lineal a lo largo del año y que tiene tendencia a reducirse en el segundo semestre, pero la evolución de los ingresos y de los gastos no permite suponer que ese objetivo se alcance. En realidad en ese juego de exigencias, promesas e incumplimientos entre Bruselas y Madrid, nadie espera seriamente que se alcance ese objetivo. Y en el fondo quizá no sea tan mala noticia porque el crecimiento vendrá mas del incumplimiento de las políticas de austeridad que de ellas mismas.

Hay también buenas noticias. Además de la disminución de la prima de riesgo, hemos registrado un, ligero, superávit comercial en el primer semestre. Es la primera vez que ocurre desde 1997 .Caen las importaciones y mejoran notablemente las exportaciones. Pero, aunque eso es sin duda una buena noticia, la parte de nuestras exportaciones sobre el PIB, el 34 %, es demasiado pequeño para que pueda jugar el papel que ha jugado en Irlanda o Lituania, países con una gran capacidad exportadora (en Irlanda el 100 % del PIB) basada en buena parte en el dumping fiscal y social que hacen a los demás países europeos. Nuestras exportaciones siguen siendo vulnerables a la apreciación del euro y a la debilidad de la demanda de nuestros vecinos europeos que son  nuestros principales clientes. Y seguir comprimiendo los costes laborales reducirá la demanda interna y la solvencia bancaria.

Con un consumo en caída libre por la caída de las rentas y el aumento de los impuestos y con un paro enquistado en el 27 % no se ve por donde puede venir la ruptura del círculo vicioso que sería el verdadero fin de la recesión. Más bien parece que con esas políticas vamos camino de una stagnacion prolongada. Harán falta muchas más golondrinas para anunciar el próximo verano.