Egipto y la hipocresía occidental

Las matanzas perpetradas por el Ejército en Egipto han puesto la nota amarga en un verano que trascurría bastante tranquilamente en el frente económico.

Se trata de las peores matanzas ocurridas en la historia moderna de Egipto, según la ONG Civil Rights Watch, con más de mil muertos hasta el momento. Un crimen a gran escala que ha destruido la débil posibilidad de que el Gobierno surgido del golpe de Estado militar fuese capaz de convocar nuevas elecciones y que estas tuviesen lugar con la participación de los Hermanos Musulmanes. Antes de esas masacres se podían preguntar para que concurrir de nuevo a las elecciones si cuando les  dejan participar y las ganan les echan rápidamente a punta de bayoneta. Pero después de esos sangrientos acontecimientos, de la masacre de manifestantes y las peores conculcaciones de los derechos civiles, la posibilidad de una salida que pase por nuevas elecciones parece ya imposible.

Las únicas alternativas parecen ya ser la dictadura militar estilo Mubarak II o la guerra civil. Entre otras razones porque, aun suponiendo que los Hermanos Musulmanes todavía tuviesen ganas de participar en elecciones, está por ver que los militares les dejaran. La respuesta del mundo occidental a su actuación la deben interpretar como que les hemos dado carta blanca y que ya pueden presentarse como los mandatados por el pueblo para reponer el orden y luchar contra el terrorismo sin que les tiemble el pulso en las medidas que consideren necesarias para ello.

El mundo occidental, es decir EEUU y la UE, ha hecho de nuevo prueba de una insufrible hipocresía. Este miércoles 21 de agosto se reunieron los ministros de Exteriores de la UE para decidir la respuesta colectiva de los europeos pero mucho me extrañaba que hubieran decidido, como deberían, la aplicación de sanciones que incluyan la suspensión de los 5.000 millones de euros anuales de la ayuda que Egipto recibe .Se trataría de una cuestión de principios, y algunos países nórdicos y Alemania así lo han propuesto además de suspender la suya. Pero ya se oyen voces que defienden subir el tono de la protesta, como si a los militares egipcios les importara mucho el tono, pero excluir sanciones argumentando que no harían sino empeorar las cosas y excitar los sentimientos nacionalistas y antieuropeos de las clases ilustradas y laicas que son los aliados tradicionales de Europa en el mundo árabe.

EEUU por su parte ya ha anunciado que no suspenderá la ayuda militar al Ejército egipcio, verdadero Estado dentro del Estado. Mubarak desde su celda debe estar frotándose las manos viendo en que ha acabado la primavera árabe. Y por El Cairo circulan rumores de su próxima liberación. Puede entenderse por razones de realpolitik, a fin de cuentas esa ayuda militar es la contraparte, desde hace ya 30 años, de los acuerdos de paz entre Egipto e Israel. Y los EEUU no tienen muchos empachos en acostarse con dictadores, desde Franco a Pinochet. Pero los europeos tenemos algunos grados más de libertad y deberíamos ser capaces de usarlos. Nuestro discurso sobre las relaciones internacionales y el respeto de los derechos humanos se va a quedar reducido a la nada si transigimos ante lo que está ocurriendo en Egipto en nombre de una voluntad de apaciguamiento que es risible cuando se ve cómo se comportan los centuriones del Nilo.

Los dos pesos y las dos medidas que estamos aplicando ante situaciones como esta nos quitan toda credibilidad. ¿Recordamos las exigencias y las criticas que la UE dirigió a Erdogan, el primer ministro turco cuando los incidentes de Estambul y el uso de cañones de agua y gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes? La desproporción de la respuesta europea ante las diferentes represiones hará que todo el mundo musulmán piense, y tendrá razón, que los occidentales aplican unos standares cuando los atacados son los islamistas y otros mucho más exigentes cuando los atacados son los secularistas .Y que la democracia es un truco para mantener a los islamistas, sean o no moderados, fuera del gobierno .

Lo que está ocurriendo en Egipto puede ser, y cada vez es más probable que sea, la repetición de lo ocurrido en Argelia en el 92 cuando en medio de las dos vueltas de las elecciones el Ejercito abortó el proceso porque lo iban a ganar los islamistas, dando inicio a una guerra civil que ha durado 15 años y se ha cobrado 20.000 muertos. Con la diferencia de que lo que ocurra en Egipto es bastante más desestabilizante para el mundo musulmán y sus relaciones con el mundo occidental.

Se podría esperar que las cosas habían cambiado desde entonces, o al menos desde que la primavera árabe acabo con los regímenes dictatoriales a los que habíamos subarrendado el mantenimiento de la estabilidad en el Norte de África y la contención del islamismo. La UE se ha opuesto a varias ocasiones a los golpes de Estado, a los regímenes totalitarios y a las violaciones de los derechos humanos. ¿Alguien imagina lo que estaríamos diciendo, con razón, si Putin hubiese desalojado de manifestantes la Plaza Roja de Moscú a tiro limpio como lo han hecho los generales egipcios?

La próxima vez que Obama, o Barroso o cualquier líder occidental exija a algún régimen dictatorial que respete los derechos humanos va a tener mucho más difícil que le hagan caso. Pero probablemente nuestra actitud no está solo dictada por la hipocresía sino también y quizá más por la constatación de nuestra impotencia. O de que nuestros medios de influir son limitados. Sobre todo teniendo en cuenta que Arabia Saudita está dispuesta a apoyar la causa de los militares egipcios con todos sus inmensos recursos financieros como se lo han recordado al presidente Hollande .No hacer nada, o limitarse a condenas verbales que viene a ser lo mismo, no hará sino demostrar esa impotencia. Acordar sanciones empujara al régimen militar egipcio, al que ni siquiera nos atrevimos a calificar de golpista, en manos de sus vecinos menos recomendables además de alterar el equilibrio con Israel.

Por eso los diplomáticos europeos se esfuerzan en esos días pasados en buscar algún signo de condescendencia en los militares egipcios y en proclamar que la respuesta debe ser gradual. Permítanme que me ría. ¿Qué condescendencia se puede esperar  todavía después de lo ocurrido y que hay que esperar que ocurra de mas grave para abandonar el gradualismo y tomar una posición firme al menos en defensa de los principios que todos los días proclamamos?