A un año de las europeas

La segunda vuelta de las elecciones municipales italianas (10/11 de junio) ha sido una nueva muestra de la desafección hacia la política y la desconfianza hacia los partidos políticos. La participación, que en la primera vuelta ya fue baja (42,4 %) cae 8,5 puntos hasta el 34 %. El resultado más bajo de la historia de las elecciones municipales. En Roma solo el 32 % de los electores se molestó en dirimir el duelo derecha izquierda entre Marino y Alemanno.

No hace mucho tiempo la política municipal apasionaba y llevaba a los ciudadanos a las urnas. La situación ha cambiado radicalmente y no se le ve remedio. Es la aceleración del desencanto, un nuevo “no” seco y clamoroso a la representatividad de los partidos y a su capacidad de hacer frente a la situación del país. Un problema que parece afectar a toda la Europa del Sur corroída por la crisis, el desempleo y la reducción de los sistemas de protección social.

En Francia el paro y la impopularidad del presidente de la Republica alcanzan a la vez máximos históricos. Los titulares de los periódicos son intercambiables con los españoles: reformas draconianas del sistema de pensiones y exigencias de reformas de Bruselas a cambio de más plazo para reducir el déficit. El ex canciller Schröder se asoma a las páginas de FT para establecer un paralelismo entre la actual situación y la de Alemania en los primeros años 2000 cuando se saltó a la torera el Paco de Estabilidad y se permitió déficits fuera de norma pero aplicó reformas laborales y sociales que han contribuido a su competitividad-coste pero también al aumento de la desigualdad y la pobreza de parte de su población, la cara oscura del modelo alemán.

En este ambiente deletéreo y malsano algunos acontecimientos relevantes. Primero, Letonia entra en la zona euro sin entusiasmo de su población y con no pocas prevenciones del BCE sobre la sostenibilidad del proceso de convergencia de su economía. Ya sabemos lo que dan de sí los procesos de convergencia en uniones monetarias incompletas como la del euro. Es posible que se repita el caso chipriota porque los depósitos bancarios de los no residentes rusos siguen aumentando y representan ya la mitad de los depósitos bancarios del país. Después de la explosión de la lavadora mediterránea, ahora se va a instalar en el Báltico que está más cerca.

Segundo, los jueces del Tribunal Constitucional alemán empiezan esta semana a estudiar la demanda contra los planes del BCE anunciados por Draghi en septiembre pasado de comprar sin límite, pero con condiciones, Deuda pública en los mercados secundarios, la llamada Outright Monetary Transaction (OMT). La sentencia se espera en octubre y de ella depende absolutamente la difícil estabilidad del euro. Un “no” alemán sería una catástrofe. Es de esperar que, como vienen haciendo, los jueces de Karlsruhe digan “sí, pero…” imponiendo límites y condiciones. Pueden también trasferir el asunto al Tribunal de Justicia Europeo porque a fin de cuentas se trata de interpretar si la OMT es compatible con el espíritu de los Tratados que prohíben la financiación directa de los gobiernos por el BCE. Y de aquí vienen nuestros males.

La tercera es el “mea culpa” del FMI y el reconocimiento de los “errores notables” con los que se abordo la gestión de la crisis griega. Hace ya meses que el FMI estaba haciendo ruido sobre este tema, reconociendo que los multiplicadores presupuestarios, que miden el impacto sobre el crecimiento de las políticas de austeridad, se habían subestimado. Pero ahora la crítica se dirige al funcionamiento de la “troika” (BCE+ FMI+ Comisión Europea) y en particular a la Comisión, lo que no ha gustado nada en Bruselas. Sea quien sea el mayor responsable, los resultados son catastróficos. La confianza de los mercados no se ha reconstruido y la economía se hunde en la recesión. En los planes de mayo del 2010 se esperaba que el crecimiento volvería en el 2012 y ya van 6 años de recesión con una caída del PIB del 20 % desde el 2009. Se esperaba que el paro subiría hasta el 15 % y va por el 25 %. El endeudamiento sigue creciendo por encima del 120 % a pesar de un programa de ayuda de 240.000 millones de euros y una quita de 100.000 millones en la Deuda… como dice el Comisario Almunia, nadie es perfecto.

Y todo eso ocurre a menos de un año de las elecciones europeas. Serían una gran ocasión para que se propusieran y debatieran políticas alternativas a las de la austeridad y la reducción del Estado social y para que el proyecto europeo tomara una nueva fuerza. Al menos para hacer frente a la triple oleada antieuropea que se viene encima: la de los nacionalismos/populismos, la proteccionista y la securitaria que denuncia la emigración y el riesgo islamista. Los acontecimientos de Suecia y Turquía habrán contribuido a reforzar esas tendencias frente a un euro que parece que solo se mantiene porque los costes de su ruptura son enormes.