¿Un New Deal para Europa?

La expresión es sin duda exagerada. Pero de repente los alemanes se esfuerzan en demostrar que les preocupa la situación de paro juvenil en Europa y a proponer medidas para hacerle frente. Y con este título tan pomposo de resonancias roosveltianas sobre fondo de Gran Depresión, los ministros de Economía y de Trabajo de Francia y Alemania publican un artículo conjunto en la prensa europea para proclamar su voluntad de promover el empleo para los 6 millones de jóvenes parados que hay en Europa.

El anuncio se inscribe en una nueva dinámica franco-alemana. El pasado 22 de mayo Merkel y Hollande hicieron esperar 20 largos minutos a sus colegas del Consejo Europeo mientras acababan de poner a punto sus planteamientos que luego expusieron en rueda de prensa conjunta. El 28 de mayo sus ministros de trabajo se reúnen en París, el 30 Merkel visita a Hollande y acuerdan acelerar la creación de un gobierno económico de la zona euro mediante un conjunto de propuestas que presentaran en el Consejo de finales de junio. Y el 3 de julio Merkel y Hollande presidirán en Berlín una gran conferencia sobre el empleo.

Parece que algo se mueve. Puede que la campaña electoral alemana no provoque una congelación de los asuntos europeos sino, al contrario, una aceleración de algunos temas sensibles como la lucha contra los paraísos fiscales y el desempleo juvenil. Ya le va bien a Merkel que así le quita banderas al SPD y se sacude el sambenito de que solo le importa la austeridad a pesar de sus efectos recesivos. Y la actitud de Hollande muestra que tiene poca fe en un triunfo del SPD y prefiere arrimarse a Merkel en este momento propicio.

Habrá que conocer con más detalle en qué consisten las medidas de este new deal basado, según la misiva de los ministros franco alemanes en un esfuerzo adicional de formación y financiación por parte del Banco europeo de inversiones que deberá movilizar 60.000 millones en créditos suplementarios a bajos tipos de interés , la dotación de 6.000 millones de euros (¡ en 6 años ¡)para financiar la iniciativa de “empleo para los jóvenes” que por lo visto ya fue aprobada en el Consejo europeo de febrero sin que nadie se enterara, y una mayor agilidad en la ejecución de los fondos estructurales europeos donde parece que hay todavía 18.000 millones por gastar.

Puede que tenga razón el presidente de la Comisión cuando se queja de que se están anunciando todos los días medidas que se superponen y se repiten cuando las anteriores todavía no se han ejecutado, creando a confusión y al final escepticismo sobre unos resultados que tardan en llegar. Las cifras no son para echar las campanas al vuelo, 6.000 millones en 6 años para 6 millones de jóvenes parados no da para mucho. Pero al menos parece que Alemania empieza a darse cuenta del desastre social que están causando las políticas de consolidación fiscal a ultranza y de la responsabilidad que se le achaca. Hay una clara ofensiva de charme por parte de Alemania que no quiere ser el único malo de la película.

También la Comisión ha cambiado de actitud y concedido dos años más de plazo a España Francia e Italia para conseguir los objetivos de reducción del déficit. Entre otras cosas porque ha visto que en cualquier caso era imposible que lo consiguieran y que se provocaría una crisis política cuando tuviese que sancionarles por déficit excesivo de acuerdo con las nuevas normas de disciplina presupuestaria. La Comisión ha preferido no tener que enfrentarse a esta responsabilidad de la que no sabemos cómo habría salido. Esta nueva flexibilidad se manifiesta también en que Bélgica no será sancionada como estaba a punto de serlo por déficit excesivo y no se inicia ese expediente para Italia.

Pero además, en las últimas semanas la relación de fuerzas está cambiando en Europa ante la constatación de que las políticas de austeridad han fracasado totalmente con una zona euro que se hunde en la recesión y unos niveles de paro insostenibles. Los resultados de las elecciones italianas y la impopularidad de los gobiernos francés y español, cada uno de su color, demuestran el rechazo a esas políticas. Destacados pensadores alemanes como Ulrich Beck y Jurgen Habermas alertan de los riesgos de la forma en que Berlín gestiona la crisis. J. Fischer el ex Ministro alemán de Exteriores “verde” llega a considerar que Alemania podría provocar por tercera vez, esta vez por medios pacíficos, la descomposición de Europa. Hasta los Países Bajos, considerados como un modelo en materia de rigor presupuestario, han rechazado tomar más medidas restrictivas a pesar de que exceden ampliamente el 3 % de déficit.

La comisión reconoce así que con las políticas que ha aplicado resulta imposible reducir rápidamente los déficits y el endeudamiento púbico dada la recesión económica que estas políticas han provocado. No podemos rehacer la Historia pero seguramente con políticas menos dogmáticas podríamos tener ahora no solo menos déficit sino también mas actividad y empleo.

Ahora Merkel, del brazo de Hollande, quiere demostrar que Europa no se limita a la austeridad. El proyecto de contribución franco-alemana al debate sobre la competitividad y el empleo plantea la convergencia de las políticas fiscales y sociales. Si esas medidas hubiesen estado en vigor, el presidente Hollande no hubiese podido rebelarse contra las indicaciones de la Comisión sobre las reformas que debe hacer Francia en materia de pensiones y de impuestos como contrapartida de los dos años de gracia en la reducción del déficit. Pero como no lo están, la Comisión no puede arrogarse competencias que no tiene puesto que Francia, ni España, son países que hayan sido intervenidos y sometidos a una ayuda condicionada.

Pero avanzar en el gobierno económico implicara naturalmente perder soberanía para aceptar unas normas comunes. Y Merkel y Hollande parecen haberse avanzado en esa dirección, incluso en la superación de los obstáculos que Alemania ha puesto al avance de la Unión bancaria. Ciertamente algo se mueve, no merece de momento el apelativo grandioso de new deal pero si parece que se empieza a tomar consciencia de la magnitud de la crisis que Europa se está auto-infligiendo.