Demasiados errores

El debate austeridad/crecimiento está alcanzando una nueva dimensión a la vez que aumenta su intensidad. El nuevo primer ministro italiano, un europeísta convencido, advierte que la austeridad “asesina” el crecimiento. Los socialistas franceses se engarzan en un agrio debate con Alemania sobre las políticas que impone. Y las cifras de paro en la eurozona no dejan de aumentar. Los últimos datos lo sitúan en el 12,2 % con insoportables picos en Grecia (30 %) y España y un continuo crecimiento en Francia.

En estas circunstancias, y con la inflación en el 1,2 %, bien lejos del objetivo del 2 % que se fija el BCE, seria difícil que este no bajase los tipos de interés como todo el mundo espera. Aunque también casi nadie piensa que eso vaya  a ser una gran solución.

Pero en general, el viento esta girando y se empieza a dar razón a los que desde hace tiempo venimos criticando las políticas de “austeridad” con las que la UE ha intentado hacer frente a la crisis. A las advertencias de que las reducciones drásticas y aceleradas del déficit publico, cuando todos los agentes privados reducen su endeudamiento y con un tipo de cambio fijo y sobrevaluado, producirían una espiral recesiva que haría mas difícil aun recuperar en un plazo razonable el equilibrio presupuestario.

Ahora parece que crece la conciencia de que la adición de políticas de austeridad en toda Europa conduce a la catástrofe. Y desde el FMI al presidente de la Comisión Europea advierten del peligro de la excesiva austeridad, porque a la vista están los resultados que muestran su fracaso.

Y se conceden plazos más largos a España para reducir su déficit y a los demás países intervenidos para devolver sus deudas. Los mercados relajan las primas de riesgo y suben las bolsas porque se empieza a pensar que se va a dar prioridad al crecimiento frente a la austeridad a ultranza. A pesar de las perspectivas de bajada del tipo de interés, el euro no se debilita porque los mercados creen que se va a dar prioridad al crecimiento.

Pero mientras tanto se ha creado mucho dolor social, mucho paro y muchos cierres de empresas por políticas económicas que se han pretendido justificar en estudios académicos calificados de “incuestionable” y que ahora resultan estar equivocados.

El primero de esos errores fue la estimación que hizo el FMI del efecto “multiplicador” que las variaciones del déficit público inducen en la actividad económica. Su economista jefe reconoce que se habían equivocado y que los efectos recesivos de la reducción del déficit eran mucho mayores de lo previsto. A la vista de lo que estaba pasando en Grecia han tenido que darse cuenta de que las dosis de la medicina mataban al enfermo.

Con sus cálculos corregidos, el FMI pide a los europeos una senda mas gradual de reducción del déficit y a Alemania políticas de relanzamiento de la demanda. Pero la Comisión Europea se ha estado negado a reconocer esas nuevas estimaciones del multiplicador, tachándolas de técnicamente incorrectas, porque quitaban fuerza a sus exigencias de austeridad.

Y para justificar esas exigencias se ha estado utilizando profusamente el estudio de dos economistas de Harvard (C. Reinhart y K. Rogoff) sobre el impacto de la deuda pública en el crecimiento económico. Publicado al principio de la crisis griega , pretendía demostrar que si la deuda pública pasaba por encima del 90 % del PIB se impedía el crecimiento.

Esa tesis se hizo famosa y fue la gran arma intelectual que el Comisario Rehn ha utilizado decenas de veces para justificar draconianas reducciones del déficit. En su carta de febrero de este año a los ministros de hacienda les recordaba que “la mas seria y reputada investigación académica ampliamente reconocida… nos dice que no debemos pasar del 90 % de deuda y por lo tanto hay que seguir con los programas de consolidación fiscal”.

Pero ya desde el principio ese estudio suscito controversias. Porque confundía correlación con causalidad y porque con datos parecidos sobre deuda y crecimiento no se encontraba nada parecido a esa ruptura brusca del crecimiento cuando el endeudamiento se acercaba la 90 % del PIB.

Finalmente otros investigadores de la Universidad de Massachusetts han revisado los cálculos de R&R y han descubierto varios tipos de errores en los cálculos del programa Excel utilizado. Una vez corregidos, desaparece también la tesis de fin del crecimiento cuando la deuda pública pasa del 90%. Incluso se puede pensar que la relación de causa efecto es la contraria y que el débil crecimiento es lo que hace crecer el ratio de endeudamiento y no al revés.

Ese segundo gran error ,de los muchos que se han cometido,  que pasará a la historia de la ciencia y de la política económica como el “error Excel”, ha causado dramáticas consecuencias para millones de seres humanos y para la pervivencia del propio proyecto europeo como consecuencia de las políticas que esas “reputadas investigaciones” han ayudado a justificar.

Aun sin ese error de cálculo, la tesis de que había un límite en la deuda pública por encima del cual el crecimiento se paraba, siempre me pareció el típico abuso de las matemáticas que suelen hacer los  economistas. Pretender que hay un valor critico del endeudamiento publico que no se puede superar porque produce una entrada en perdida del crecimiento, algo así como el fenómeno físico de la entrada en perdida de la sustentación de un avión cuando se supera el valor critico del ángulo de ataque de sus alas, es una superchería intelectual que además resulta que se apoya en errores de cálculo.

Pero esa teoría fue acogida con entusiasmo por los partidarios, por razones ideológicas, de las políticas de reducción rápida del déficit público que se presentaba como una inexcusable necesidad más que como una opción de política económica entre otras posibles.

Pero como dice Paul Krugman, es dudoso que el descubrimiento de esos errores sea suficiente para cambiar esas políticas que tienen un fuerte anclaje ideológico y están “canonizadas” por el pensamiento dominante. Al menos hasta después de las elecciones alemanas cuyo resultado afectara a toda Europa.