Europa desvertebrada

Regreso a España cuando tiene lugar el debate sobre el Estado de la Nación, poco después de que el Consejo de la UE haya aprobado el proyecto de presupuesto plurianual 2014-2020 y mientras empiezan a conocerse las preocupantes cifras del año fiscal 2012.

Del debate sobre el Estado de la Nación tendremos que hablar la próxima semana, pero me temo que será más un debate el Estado de la corrupción, sobre la que Rajoy no podrá evitar que se le pidan cuentas. En realidad hay otros temas tanto o más preocupantes, como el acelerado endeudamiento de la Hacienda Pública, que ha crecido casi 150.000 millones en el 2012, 14 puntos más del PIB en un solo año, alcanzando el máximo histórico después de la guerra de Cuba en términos del PIB (84 %) y sin visos de que en el 2013 la cosa vaya a mejor.

Es el mejor indicador del fracaso de las políticas de austeridad y la constatación de que la contracción fiscal nos está empujando a una década de recesión como la tristemente famosa “década perdida” que vivieron las economías latinoamericanas en los 90. Cierto que la prima de riesgo ha descendido desde que Draghi desenfundó su “bazooka” monetario para dar miedo a los mercados y ahuyentar a los especuladores. Pero al ruido de la corrupción que alimenta la inestabilidad política está volviendo a crecer.

La calma había vuelto a los mercados de Deuda, había vuelto a entrar capital extranjero y las Bolsas subían. Pero en el fondo nada estaba resuelto y cualquier acontecimiento que alimente la desconfianza, y hay demasiados en el horizonte, puede volver a desestabilizarnos sin que Rajoy se haya decidido a pedir la ayuda financiera del BCE.

Tampoco en Europa en el fondo nada se ha resuelto. A pesar de la política monetaria extremadamente acomodaticia del BCE, la nueva “gobernanza económica” del euro está haciendo recaer la economía de varios países en recesión como consecuencia de una austeridad excesiva exigida en el peor momento del ciclo. Nada se ha avanzado en materia de armonización fiscal ni en una política industrial europea que permita hacer frente a la globalización ni en una política de cambio del euro para impedir su reevaluación, ni en un sistema de transferencias en la Eurozona que ayuden a corregir sus desequilibrios internos.

Por otra parte, la lectura del proyecto de Presupuestos de la UE muestra que los gobiernos europeos tienen tan poca voluntad o capacidad de invertir en las políticas de crecimiento como la que tenían en el 2005, a pesar de que la necesidad de impulsar la economía es hoy mucho más acuciante que entonces.

El acuerdo presupuestario es el resultado de la supremacía alemana con el inestimable apoyo británico. Pero también de que los países europeos están en situaciones económicas tan dispares que no pueden abordar las decisiones de política económica con un mínimo de coherencia. Desde el punto de vista económico, y a pesar del factor creador de convergencia que debía ser el euro, lo cierto es que Europa está hoy desvertebrada. Tanto como hablábamos de la desvertebración, Ortega dixit, de España hace más de un siglo.

Como decía antes, la Europa del Sur se encamina hacia una década perdida al estilo sudamericano. Incluso prescindiendo de Grecia, que está en una depresión profunda de la que solo le podría sacar un nuevo Plan Marshall. Ni España, ni Italia, ni Portugal habrán recuperado en el 2017 el PIB per cápita del 2007.Y este desastre económico inducirá una fuerte degradación de las condiciones sociales y respuestas políticas desestabilizadoras. Veremos lo que ocurre en Italia la próxima semana.

El Reino Unido vive en solitario su dilema europeo protegido por la devaluación de la libra (deben bendecir la decisión de no haber entrado en el euro) pero a pesar de eso y de los esfuerzos del Banco de Inglaterra, su economía esta parada desde el 2010.

La Europa central y oriental se porta mejor de lo esperado. Tienen niveles todavía altos de paro y algunos, como los países bálticos, se están reponiendo de las fuertes purgas económicas del 2009, pero están creciendo a unos ritmos envidiables vistos desde el Sur. Polonia, el país más grande del Este, ha conseguido atravesar la crisis sin que su crecimiento haya caído por debajo del 1 % en ningún año.

Y finalmente, la industria de los países del Norte vive una época dorada gracias a la demanda de los países emergentes. También gracias a los ajustes que se anticiparon a la crisis, especialmente en Alemania. Y su bonanza económica les hace dudar de la capacidad de los países del Sur de retomar el crecimiento dentro del euro.

Esta duda afecta también a Francia. Desde Berlín se ve con poca simpatía la invocación de Hollande para que el euro se debilite y ayude a exportar a la maltrecha industria gala. Les suena como un deseo de repetir las devaluaciones competitivas del franco antes de 1998. E interpretan los 15 años transcurridos desde entonces como un lento deslizamiento de Francia hacia la situación de los países del Sur, del que se pretende librar mediante manipulaciones monetarias.

Esta creciente divergencia provoca inevitables tensiones, agravadas por las diferentes interpretaciones de la causa de la crisis y de cuáles podrían ser sus remedios. Y desde luego, la penosa imagen que de España da la corrupción política y los añadidos vodevilescos de las fantasmagóricas Amy Martin o el espionaje político, no ayudan a disminuir esas tensiones ni la creciente desvertebración de Europa.