Salvados del precipicio… de momento

Mientras nosotros nos tomábamos las uvas, en un fin de año más bien triste, en Washington los senadores americanos llegaban a un acuerdo de última hora que evitase a los EE.UU. el “precipicio fiscal” (fiscal cliff), y la brutal cura de austeridad que hubiese representado.

Tan de última hora que realmente el acuerdo se alcanzó, por 89 votos a favor y 8 contra, pasada la medianoche del 31 de diciembre y tuvieron que parar el reloj hasta las 2 de la madrugada. Sin ese compromiso sobre las medidas para reducir el déficit, se hubiesen aplicado automáticamente cortes presupuestarios y aumentos de impuestos por valor de 600.000 millones de dólares que hubiesen provocado una grave recesión en la economía americana y de rebote para la mundial.

La política americana nos ha tenido en vilo hasta la última hora, como lo hizo también el 31 de julio del 2011 cuando se agotaron todos los plazos antes de llegar a un acuerdo para aumentar el límite máximo de la Deuda pública federal (ver mi artículo “En Vilo” publicado en estas páginas digitales el 1 de agosto del 2011).

Y de aquellos polvos vienen esos lodos. Aquel acuerdo evitó el “default” americano en un momento en el que España e Italia parecían condenadas a seguir el camino de Grecia. Pero sólo fue una forma de salir del paso que posponía la solución del problema. Obama consiguió aumentar el límite de la Deuda hasta finales del 2012, es decir pasada la campaña electoral, a cambio de renunciar por el momento a subidas de impuestos para los más ricos. Y una comisión bipartidaria debía acordar las medidas necesarias para reducir el déficit y, en el caso que no se llegase a un acuerdo antes del 31 de diciembre, se pondrían en marcha ajustes predeterminados que este acuerdo de última hora ha evitado.

Ahora de nuevo estamos ante una solución parcial, frágil y transitoria. Durante las pasadas elecciones Obama había propuesto aumentar los impuestos a las familias con rentas superiores a los 250.000 $. Después del forcejeo con los republicanos ese límite se ha aumentado hasta los 450.000 $. Pero ha conseguido en cambio mantener, al menos por un tiempo, los beneficios del seguro de desempleo para 2 millones de americanos. Queda por conseguir el acuerdo del Congreso, donde la mayoría republicana no va a poner las cosas fáciles porque ya antes de Navidades su líder, John Boehner, ya había rechazado un compromiso parecido. Obama ha pedido que el Congreso se pronuncie de forma urgente ya que el límite legal de la Deuda ha sido alcanzado de nuevo y cuando en julio del 2011 tuvo que ser aumentado provocó la degradación de la calificación de la Deuda americana por la agencia Standard & Poor’s.

Además de estos acuerdos in extremis, el Senado y la Casa Blanca han acordado un nuevo plazo de dos meses para decidir las medias de reducción del gasto necesarias para equilibrar el Presupuesto, lo que promete otro final dramático. Y está por ver cómo se van a tomar este acuerdo los mercados financieros, tan pronto como abran después de la fiesta de fin de año.

Pronto lo sabremos, pero la sensación es que los EE.UU. son incapaces de reducir su déficit fiscal y de corregir la extrema inequidad de su sistema fiscal, que es una de las condiciones necesarias para reducir el déficit sin agravar todavía más las desigualdades que minan su sociedad. Obama puede ganar las elecciones con la promesa de hacer pagar más a los más ricos y acabar con las rebajas de impuestos de Bush, pero al final carece de los votos parlamentarios necesarios para conseguirlo.

Esta sería ya la tercera vez en la que Obama no consigue sus objetivos en materia tributaria, con la consiguiente frustración que eso provoca en sus bases electorales. Y al aumentar hasta 450.000 $ el umbral de renta a partir del cual se aumentan los impuestos, la capacidad recaudatoria de la medida se reduce mucho y los ajustes por la vía del gasto deberán ser más fuertes y afectar a los programas sociales.

Hubiera sido peor para todos no llegar a ningún acuerdo, pero nos hemos salvado del precipicio solo de momento. La resistencia a la redistribución fiscal en la sociedad y la política americana continúa haciendo peligrar su cohesión y amenazando la estabilidad de la economía mundial.