Que 40 años no son nada

El 2012 se acaba sin que se perciban signos de recuperación. El gobierno de Rajoy, que ha incumplido todas sus promesas electorales, reconoce que el 2013 será aún peor y cree que solo allá por el 2014 las cosas empezaran a mejorar. Para entonces corremos el riesgo de alcanzar los 6 millones de parados, como hace poco los ministros de Zapatero aseguraban que los 5 millones no se alcanzaría nunca.

Al menos, Rajoy ha conseguido llegar a fin de año sin pedir el rescate financiero a la UE y ha conseguido dos años más de plazo para el objetivo de reducción del déficit. Entre otras cosas porque en Bruselas ya se han convencido de que lo que se nos exigía era imposible.

A fuerza de apretar, Bruselas, es decir la Alemania de Merkel, está a punto de ahogar a Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia, y pronto quizá Francia. Pero, aunque no lo parezca, la crisis no es solo europea. Esta crisis es global, no es pasajera y no se parece a ninguna de las anteriores. Es el resultado de las profundas transformaciones económicas, políticas y tecnológicas de los últimos 40 años. Unas transformaciones van a someter a las sociedades a un stress permanente, debilitando su cohesión, desgastando a los gobiernos y poniendo en cuestión a los expertos.

Digo que empezaron hace 40 años porque fue en 1973 cuando comenzaron a gestarse las características de nuestro tiempo. Marcó la frontera entre los llamados “40 gloriosos” de la posguerra y el inicio de una serie de cambios que nos han conducido a la actual situación.Y como 40 años no son nada, recordemos lo que paso entonces.

En 1973 una guerra se acabó y otra empezó. Se acaba la del Vietnam dejando cuatro millones de muertos vietnamitas y unos EE.UU. derrotados militar y moralmente. Es el inicio de su decadencia imperial. A lo largo de 1973 se desarrolla la investigación del caso Watergate destapado en 1972 por el Washington Post. Los jueces descubren un sistema de espionaje ilegal que había gangrenado la CIA y el FBI. Y Nixon dimite.

Y comienza la guerra del Yon Kippour, la cuarta entre Israel y los países árabes. Esta vez Egipto y Siria toman la iniciativa, pero Israel consigue reequilibrar su derrota inicial. Aunque la propaganda oficial árabe continúe presentando aquella guerra como su victoriosa revancha, lo cierto es que ese nuevo fracaso militar hizo que los regímenes nacionalistas árabes perdieran su legitimidad.

En represalia contra Israel, los países árabes productores de petróleo decidieron un nuevo embargo que creo el primer “schok petrolero”. El segundo vino con la victoria de los ayatolás en Irán. El precio del barril se cuadriplicó y la crisis coyuntural que se produjo se convirtió rápidamente en la crisis estructural del fin de un mundo con energía barata. Los EE.UU., muy endeudados por la guerra del Vietnam, porque como Bush después con la Irak, no la financiaron con impuestos sino con déficit, quisieron recuperar competitividad devaluando el dólar. En diciembre de 1971 ya habían suprimido la convertibilidad oro, se acaba el mundo de tipos de cambio fijos y empieza la crisis del sistema monetario internacional. Durante todo 1973 se empieza a intentar regular un sistema de cambios flotantes. Cuarenta años después, todavía estamos intentándolo.

Los schoks petroleros y monetarios crean una deriva inflacionista y en los países desarrollados se rompe el crecimiento continuado de la posguerra. Y todavía no lo hemos recompuesto. Desde 1973 empieza una época de crecimientos débiles y crisis a repetición.

Desde entonces el paro empezó a crecer. Primero afectó a los jóvenes, a las mujeres, a los inmigrantes y a los menos calificados. Y después a la sociedad entera debilitando a las clases medias y extendiendo la exclusión social. Los intentos de relanzamiento keynesiano de la economía fracasaron unos tras otros porque sus efectos se difunden al exterior a medida que las economías nacionales son cada vez mas abiertas. Fracasan Ford y Carter en EE.UU. y Giscard y Mitterrand en Francia, el primero en 1974 -75 y el segundo en 1981-1982. Los déficits públicos aumentan al mismo tiempo que la inflación y el déficit comercial sin que el paro disminuya.

Es el canto de cisne del keynesianismo en un solo país.Las teorías liberales y monetaristas ganan la hegemonía intelectual y empieza la revolución conservadora que lleva al poder a Thatcher y a Reagan sin que ni el uno ni la otra tampoco consigan reducir el desempleo.

En 1973 empieza también la desconexión entre el sistema financiero y la economía real que hoy tanto lamentamos y que tanto daño ha hecho. Los petrodólares acumulados por el aumento del petróleo tienen que colocarse en alguna parte y así se pone en marcha un mercado global de capitales. Y cuanto más móvil es el capital más precario se vuelve el trabajo.

En 1973 empezó la globalización económico-financiera. Como símbolo, los EE.UU, inauguran el World Trade Center. Y también en 1973 ocurren los acontecimientos que van a propiciar la emergencia mundial de China. Ese año es rehabilitado Deng-Xiao-Ping, encerrado desde la Revolución Cultural. Se reincorpora a los órganos dirigentes del PCC y tardará todavía 5 años en llegar al poder y lanzar a China en una carrera desenfrenada de desarrollo capitalista. Hoy es la segunda potencia económica mundial y pronto será la primera.

1973 nos trae a la memoria otros acontecimientos dolorosos. En septiembre Pinochet, ayudado por la CIA, derroca a Allende que se suicida en La Moneda. El sangriento golpe de Estado convierte a Chile en el laboratorio de la desregulación neoliberal de la economía. Casi toda América Latina esta bajo dictaduras militares mientras que en la Europa del Sur empiezan a desaparecer, primero en Grecia y Portugal y dos años después en España.

Y, finalmente, en 1973 otro imperio vacila. Soljenitsyne publica en París “El Archipiélago del Goulag” que desacredita a la Unión Soviética. Ahogada por las malas cosechas y por la ineficacia de su sistema económico, la URSS escoge la fuga imperial hacia delante invadiendo Afganistán y desplegando misiles de corto alcance en Europa. Pero no será capaz de seguir la carrera de armamentos que le impone los EE.UU. y los guerrilleros islamistas y un Papa polaco le darán la puntilla 5 años después.

Es curioso recordar tantos acontecimientos y puntos iniciales de procesos de cambio tan profundos. Por eso los historiadores dicen, con razón, que 1973 fue la matriz de nuestra modernidad.

Posiblemente entonces nadie se dio cuenta. Faltaba la perspectiva que nos dan cuarenta años de Historia.Y aunque cuarenta años, dos veces veinte, no sean nada, es posible que ahora tampoco nos demos cuenta de la trascendencia de nuestro momento histórico.

En cualquier caso, mis mejores deseos para los lectores de estas páginas digitales.