Dilma, Angela y Christine

Dilma Rouseff, presidenta de un joven Brasil en plena expansión, ha sintetizado en Madrid la crítica a las políticas que otra mujer, Angela Merkel, Canciller de la Alemania reunificada, está imponiendo a la vieja Europa en plena recesión.Y con las que ya no está de acuerdo ni siquiera la directora del FMI, nuestra tercera mujer en discordia, Christine Lagarde.

El discurso de la Sra. Rouseff ante Rajoy ha sido un perfecto compendio de lo que los críticos a las políticas de austeridad fiscal merkelianas vienen, venimos, diciendo. La austeridad exagerada se derrota a si misma,la retirada de los derechos sociales no puede ser la respuesta a una crisis de deuda creada por el sistema financiero, es necesaria una política concertada de crecimiento para evitar que el virus de la recesión se propague a otros países, si todos aplican políticas restrictivas al mismo tiempo se provoca una recesión, los que están en mejor situación financiera deben utilizar sus márgenes de maniobra para estimular el consumo, difícilmente los mercados van a creer en la estabilidad financiera sin un Banco Central que actúe como el prestamista en última instancia que Europa se obstina en no tener, no es posible salir de la crisis sin crecimiento,etc… Mejor dicho, imposible.

Y además, fuerte de la experiencia latinoamericana y la de su país, ese eterno deudor hoy convertido en locomotora regional, nos advierte que Europa puede seguir el camino de América Latina en los 80 y perder una o dos décadas por seguir las recomendaciones de políticas ortodoxas del FMI y el Banco Mundial.

Desgraciadamente, estamos ya de lleno en esa dinámica. El primer aniversario del gobierno Rajoy se ha saldado con 800.000 parados más y, aunque Rajoy insiste en que el 2014 habremos recuperado el crecimiento, nadie le cree.Por el momento es toda la zona euro la que ha vuelto a entrar en recesión, a Francia le han rebajado la calificación de su Deuda y con el Presupuesto que ha presentado Hollande, el 2013 será  muy duro para nuestros vecinos.

Pero Angela Merkel no da su brazo a torcer y sigue exigiendo ajustes y más ajustes como única forma de hacer frente a la crisis de endeudamiento de los países del Sur. Es una dinámica macabra que acabará generando una revuelta social cuando las redes de seguridad del sistema de protección social, ya muy debilitadas, se rompan definitivamente.

En Grecia ya se han roto. Los que de allí vuelven narran la desesperante situación social de un país que, a pesar de todo, no consigue reducir su endeudamiento. Después de seis años ya de recesión, el ratio de endeudamiento de Grecia alcanzará el 200% de su PIB en el 2014, en vez del 150% que se estimaba como objetivo cuando se le concedió el primer plan de “ayuda”.

Ya es seguro que la Deuda griega tendrá que ser reestructurada una segunda vez. ¿Pero quién pagara la factura? Estos días hemos asistido a una batalla entre el FMI y la UE al respecto. Si la primera reestructuración la pagaron los bancos, el FMI quiere que la segunda reestructuración afecte también a los acreedores públicos de Grecia, es decir los Estados de la zona euro y el BCE. Es la única forma, dice la señora Lagarde, de buscar una solución convincente y duradera. Lo demás es negar la realidad y esconder la cabeza tras ensoñaciones piadosas.

De eso nada, le han contestado los europeos, con Merkel a la cabeza. Prefieren retrasar dos años, hasta el 2022, el objetivo de reducción del endeudamiento al 120% del PIB (eso quiere decir otros diez años de calvario para Grecia) y otros dos, hasta el 2016, el de reducción del déficit por debajo del 3%. Los 32.000 millones de euros de ayuda financiera adicional que ello implica se pueden conseguir, según los europeos, rebajando los tipos de interés de la Deuda griega y escalonando en el tiempo su amortización. Es decir mediante una reestructuración encubierta, porque en vísperas de sus elecciones Merkel no se puede permitir una nueva quita explícita de la Deuda griega, parte de la cual la pagarían los contribuyentes alemanes.

Al FMI le empiezan a hartar estos juegos malabares de los europeos, sus intereses no son los mismos y sabe que políticamente no pueden prescindir de su colaboración. Pero eso no le bastará a la Sra.Lagarde para ganar la partida. Ni en el caso de Grecia ni en el de Chipre, el nuevo Estado con dificultades que ha aparecido en el horizonte y que va a necesitar un plan de ayuda de 15.000 millones de euros de los cuales 9.000 serán para recapitalizar el sector bancario. También para Chipre el FMI propone reestructurar la Deuda, pero los europeos juraron hace ya un año que la reestructuración de la Deuda griega era un caso excepcional que no se repetiría. El problema es saber a qué coste social se va a mantener esta postura.

Y por si fuera poco, en plena crisis nos llega la noticia de que España va a ser contribuyente neto al Presupuesto comunitario en el período 2014-2020.Conseguimos evitarlo durante el periodo 2007-2013 pero ahora somos la cuarta economía de la UE y nos toca aportar al fondo común. Se acabaron los años en los que Europa era una hada buena que repartía el maná de los fondos estructurales de los que España era el primer beneficiario. Ahora Europa aparece como una madrastra que impone disciplinas y exige recursos.

Cuánto nos va a costar ese cambio de status, qué ocurre en el peor momento, es algo que va depender de las negociaciones en curso sobre el Presupuesto comunitario donde, como siempre, Europa es el rehén del euroescepticismo británico. Pero esta es una cuestión para las siguientes crónicas, después de que hayamos analizado el resultado de las elecciones en Catalunya.