El balance de Obama

Este habrá sido el verano mas tranquilo desde que empezó la crisis. Los mercados estaban esperando la decisión del BCE y les ha tranquilizado que en la primera reunión de su Consejo después de vacaciones se haya decidido intervenir de forma “ilimitada” en el mercado de Deuda pública a corto plazo. Con el voto en contra del Bundesbank, como estaba previsto. Pero el plan de Draghi sigue adelante.

Claro que para que esa intervención sea efectiva, es necesario que el país afectado pida la ayuda del FESF, o la de su sucesor el MES si el Tribunal Constitucional alemán no nos agua la fiesta con su sentencia esperada para el 16 de septiembre. Ahora le toca al Gobierno español mover ficha y decidir si pide o no el segundo rescate, sabiendo que gratis no va a ser desde el punto de vista de las condiciones que nos van a imponer.

Pero mientras Rajoy deshoja la margarita del rescate si, rescate no, otras cosas suceden en el mundo, algunas muy importantes, como las elecciones presidenciales americanas. Y en este mundo tan interdependiente, lo que decidan los americanos el próximo noviembre es tan importante para ellos como para nosotros porque las decisiones que toma un presidente de los EE.UU. afectan al mundo entero.

A estas alturas de la campana se confirma que Rommey no despierta entusiasmo ni siquiera entre los suyos. No son los republicanos quienes pueden ganar, son los demócratas quienes pueden perder según como la opinión publica valore el balance de Obama. Y también esta claro que ese balance no satisface a muchos de los que le apoyaron en el 2008 con el entusiasmo que levanto su “yes, we can…”. No está claro que realmente haya podido conseguir lo que propuso y el desencanto es patente entre sus seguidores como muestran los dramáticos mensajes de su equipo de campaña dirigidos a movilizar una opinión bastante renuente.

No hay que olvidar que el Obama del 2008 llevaba la triple promesa de la recuperación económica, de una nueva diplomacia y de la transición ecológica. Algunos párrafos de su discurso de investidura en enero del 2009 lo mostraban claramente: “demasiados americanos han sido expulsados de sus casas y demasiadas empresas han tenido que cerrar sus puertas…, nuestro sistema de salud es demasiado caro e injusto…, la manera en la que usamos la energía refuerza a nuestros adversarios y amenaza el planeta…”

Con las expectativas así creadas, la opinión pública americana hará balance de la presidencia de Obama con brochazos gordos sobre algunos asuntos clave. El primero de ellos sin duda será el empleo. Con la mayor tasa de paro de su historia reciente, para los americanos lo que importa son los jobs. Y hay que reconocer que Obama no ha conseguido crear, o recuperar, los jobs esperados. Probablemente su muy criticado plan de relanzamiento de 700 mil millones de dólares se quedó corto, como argumenta Krugman y otros economistas. Para los republicanos en cambio ha sido un despilfarro que no ha servido para nada. Nunca sabremos que habría ocurrido sin ese plan, pero seguramente la situación sería peor. Claro que eso no sirve de consuelo al parado que confiaba en la creación de empleo que Obama prometió.

Hay que reconocer que Obama, un ex asistente social, ha luchado para reducir el foso creciente entre pobres y ricos. Pero en realidad ese foso se ha hecho más grande y las desigualdades han seguido creciendo. Un problema difícil de resolver porque sus buenas intenciones chocan con el individualismo de la sociedad americana en la que muchos tachan a Obama de “socialista a la europea”.

También hay que reconocer que ha conseguido democratizar la asistencia sanitaria. Le ha costado tres años de batalla contra los republicanos y parte de la opinión para convencer de la necesidad de una cobertura sanitaria organizada colectivamente. Pero esta por ver que los beneficiados por esta reforma se lo agradezcan, entre otras cosas porque muchos de ellos no votan.

No ha culminado la reforma del sistema financiero para embridar sus excesos. Le ha faltado tiempo para profundizar en las reforma emprendidas y ha tenido que enfrentarse al obstruccionismo de los republicanos. Y Wall Street es mucho Wall Street. Con razón o sin ella, muchos de los afectados por la crisis inmobiliaria creen que Obama la ha dejado en segundo plano y que no ha ayudado a los propietarios expulsados ni exigido responsabilidades a los bancos que causaron la catástrofe. Pero si ganan los republicanos la marcha atrás esta asegurada.

Como Zapatero, Obama ha sido muy progresista en cuestiones de sociedad y reforzado los derechos de los homosexuales. Pero en material de seguridad y defensa lo ha sido menos de lo que prometió. No pudo cumplir con sus promesas de cerrar Guantánamo.

También en el frente ambiental se ha quedado corto. Ha tenido que remar a contracorriente de una opinión mas preocupada por los problemas inmediatos que por el calentamiento de la atmosfera. No pudo aprobar leyes federales para luchar contra el cambio climático pero ha impulsado acciones desde los Estados mas sensibilizados por el medio ambiente. Al final la recesión ha hecho mas para disminuir las emisiones de Co2 que sus políticas.

En material de política internacional ha seguido los pasos de Bush en Afganistán, aumentando la presencia militar y apoyando al gobierno corrupto de Karzai… antes de tocar retirada a plazo fijo dejando las cosas como estén cuando suene la campana del fin decretado de una guerra que el mundo occidental ha perdido. Pero, ¿podía hacer otra cosa?

Obama recibió el Nobel de la Paz no tanto por lo que había hecho sino por lo que se esperaba que hiciera. Pero en el conflicto Israel Palestina ha hecho poco más que discursos. El proceso de paz está en punto muerto, los palestinos no tienen Estado e Israel sigue construyendo muros y colonias.

En su visión estratégica Obama ha mirado mas al Pacifico que al Atlántico. Es normal que así sea, Europa ha pesado menos que Asia, pero ha jugado con pragmatismo sus cartas frente a la China emergente y los demás países de la región.

Aunque le llamen “europeo”, de una forma que no es precisamente un halago, Obama no le ha hecho mucho caso a Europa, quizá porque los vericuetos institucionales de la UE son cada vez mas prolijos y menos atractivos. En realidad Obama se ha ocupado de Europa para evitar la caída del euro. Y en eso ha sido decisivo. Lo ha hecho por propio interés porque un euro débil quiere decir un dólar fuerte y eso es malo para las exportaciones americanas. Y además las turbulencias que habría producido el derrumbe del euro habrían liquidado sus posibilidades de ser reelegido.

Como decía al principio, en este terreno las cosas van mejor y el euro resiste. No es el euro, son los cinco millones de empleos que le faltan a la economía americana lo que hace peligrar la reelección de Obama.