Esto se calienta

Decía en mi anterior articulo que este caluroso verano estaba dispuesto a confirmar las peores previsiones del cambio climático y que la crisis del euro sesteaba esperando al Tribunal Constitucional alemán…y las decisiones del gobierno español sobre pedir o no el segundo rescate.

Los hechos parecen confirmar ambas impresiones. El calor aprieta y no solo en Europa. En EE.UU. están pasando el verano mas caliente desde que hay estadísticas y la sequia devasta las llanuras centrales del país. En realidad las sequias en muchos países amenazan con crear una segunda crisis alimentaria como la del 2007.

Y en el frente de la crisis del euro las cosas siguen tranquilas. Quizá Grecia vuelva a darnos un susto en los próximos días pero de momento las primas de riesgo siguen bajando y las Bolsas subiendo. No es que la crisis se haya resuelto, pero el calor por un lado y la tregua monetaria por otro nos permiten recordar que la crisis del euro no es la única que nos aflige y que hay otra, la del cambio climático, que es tanto o mas grave aunque las urgencias del corto plazo la hayan hecho pasar a un a segundo plano.

Así ha quedado claro en la Conferencia de la Naciones Unidas celebrada en Rio de Janeiro el pasado junio, 20 años después de la denominada Cumbre de la Tierra de 1992 en la que tuve el honor de participar como Ministro de Medio Ambiente (y de otras cosas).

A esa gran Conferencia de las Naciones Unidas sobre el desarrollo sostenible asistieron mas de 100 Jefes de Estado o de gobierno y 1500 ONG. Con mucha solemnidad y entusiasmo se lanzo la Agenda 21, un plan de acción para el siglo XXI, que ahora se debía actualizar. Pero lo menos que se puede decir es que Rio+20 no ha sido un éxito, como tampoco lo fue la Conferencia de Cancún sobre el cambio climático. De entre los lideres de los grandes países desarrollados solo François Hollande se ha molestado en participar activamente. Rajoy paso fugazmente para declarar un apoyo retorico a las energías renovables que se contradice flagrantemente con la política que aplica en casa.

Ya diez años después del primer Rio,en Johannesburgo 2010, el entusiasmo se había enfriado. La prioridad era la lucha contra el terrorismo como ahora lo es la crisis económica. Allí Jacques Chirac acuño una frase para la Historia: “nuestra casa se quema y nosotros miramos para otro lado”. Y tras otros diez años, de nuevo en Rio, seguimos mirando para otro lado a pesar de los records de calor de este verano.

La “revolución verde” lanzada por Obama en el 2009 no ha resistido al desarrollo espectacular del gas de esquisto que ha convertido a los EE.UU. en el primer productor mundial de gas. España, que había apostado por las energías renovables, está lamentablemente paralizando su desarrollo al coste de perder un tercio de los empleos creados en el sector.

Hay otros países que mantienen el rumbo dentro de una estrategia de largo plazo. Es el caso de Alemania, constante en el esfuerzo en un camino que ciertamente no es de rosas pero que le permitirá recoger los frutos de una economía mas competitiva.

Veinte años de apoyo a las tecnologías medioambientales, tantos como los que han transcurrido desde la primera cita de Rio, han hecho de Alemania uno de los primeros actores en el campo de las energías renovables. En los últimos 10 años los empleos en el sector de las renovables han mas que triplicado en Alemania, hasta casi los 400.000.

Como dice la OCDE, Alemania marca el camino a seguir, desarrollando una transición energética sin equivalente en el mundo para llegar al 80 % de electricidad renovable en el 2050. Tendrá un coste pero van a ganar la supremacía tecnológica del futuro. Pero es evidente que, con excepciones como la alemana, la crisis ha hecho bajar la guardia en la lucha contra el cambio climático. A pesar de que el año pasado las emisiones de CO2 aumentaron casi un 6 %, y los acontecimientos climáticos excepcionales se multiplican.

Después de la cita fallida de Rio+20, no hay que olvidar el carácter global del cambio climático que solo puede tener soluciones pactadas a nivel mundial para evitar esperar a que sean otros los que hagan los esfuerzos. Sobre todo teniendo en cuenta las formidables desigualdades entre países en las emisiones per cápita, que van de una escala de 1 a 4.000.

Ni que las acciones necesarias requieren inversiones importantes para substituir a los combustibles fósiles por otras fuentes de energía que son todavía mas caras porque están en el principio de su curva de aprendizaje tecnológico y porque las fósiles no incorporan el coste de las externalidades negativas que producen. Por eso la tentación de demorar el desarrollo de las renovables esperando tiempos mejores para la economía.

Pero no hay ya mucho tiempo para esperar. El protocolo de Kioto expira a finales de esta año y no hay una norma que le sustituya. Europa se ha comprometida sola a reducir sus emisiones el 20 % en el 2020,con respecto a 1990, pero el objetivo de los países desarrollados debería ser dividirlas por 4 en el 2050. Y eso no se hará sin una apuesta clara por el futuro que pasa por acelerar en vez de reducir las inversiones en energías renovables.

La Agencia Internacional de la Energía advierte que sin un cambio radical de la política energética en los próximos 6 años, no será posible conseguir el objetivo de limitar el aumento de temperatura a 2 grados. Y nadie sabe lo que puede ocurrir más allá de este limite.

Por eso, mientras esto se calienta, esta llegando la hora de la verdad para la lucha contra el cambio climático. Como esta también llegando para el euro después de tres años de crisis. Después de haber perdido su partida de poker con los mercados financieros, los gobiernos no deberían arriesgar con la otra gran crisis de nuestro tiempo.