Dios y el mercado

En el torpor de un caluroso agosto que parece dispuesto a confirmar las peores previsiones del cambio climático y bate el dramático record de incendios forestales, la crisis del euro sestea pendiente de la sentencia del Tribunal Constitucional alemán.

Las Bolsas y las primas de riesgo italiana y española no nos están dando el susto del verano pasado y todos los líderes están de vacaciones.  Todos menos Monti, que parece ser el único que todavía cree en Europa y la recorre, de Paris a Madrid y a Helsinki, dando entrevistas al Spiegel y al Wall Street Journal, argumentando  la necesidad de hacer frente a los mercados y advirtiendo del riesgo de una “disolución psicológica de Europa” frente al renacer del miedo a la nueva Alemania.  Al IV Reich como titulaba hace unos días el periódico Il Giornale.

Pero de momento los mercados parecen estar también de vacaciones. Aprovechemos la tregua para olvidarnos por un momento de la crisis del euro y desplazarnos al otro lado del Atlántico donde los EEUU están ya en plena campaña de las elecciones presidenciales.

La novedad es que el candidato republicano Mitt Romney ha escogido como compañero de ticket y candidato a la vicepresidencia a Paul Ryan. Un perfecto desconocido por estos lares, pero cuya personalidad parece confirmar el cambio de estrategia con la que hasta ahora se ganaban las elecciones en las democracias occidentales.

Hasta ahora las elecciones se ganaban  ocupando el centro moderado. Es decir, esa fracción del electorado que no se define por aprioris ideológicos y que fluctúa de un partido a otro buscando la mejor combinación de seguridad y solvencia.

Mas allá de la retorica de cada cual, centrarse era el objetivo electoral del candidato que pretendía la mayoría. Pero ahora, con la crisis, las cosas pueden haber cambiado. Los problemas económicos y la conflictividad política han disminuido la dimensión sociológica de ese centro deseado y las soluciones mas radicales, sean de derechas o de izquierdas, pueden ser mas atractivas para formar una mayoría electoral.

Solo así se entiende la elección de Paul Ryan, una persona situada en las posiciones mas radicales de la derecha republicana, como candidato a la vicepresidencia. Joven, 42 años, pero miembro del Congreso desde que tenía 24, y gran comunicador populista y demagogo. Es conocido por haber presentado un proyecto de Presupuestos diametralmente opuesto al de Obama en el 2010 y el 2011. Para Ryan, salvar a América exige reducir drásticamente los impuestos, sobre todo los de las empresas, cortar el gasto público en sanidad, educación, pensiones y ayuda alimentaria a las capas mas pobres de la sociedad, controlar estrictamente la inmigración y, por supuesto, prohibir el aborto y reducir los derechos de los homosexuales. Pero, a pesar de las tragedias que día si y día también ensangrientan los locales públicos, considera que el comprarse un fusil ametrallador es un irrenunciable derecho constitucional.

Nada nuevo, me dirán, en la escena política americana no son raras las personalidades que creen ciegamente en Dios y en el mercado. Y al  escoger alguien así como compañero de ticket se trata de sesgar a la derecha a un candidato que cuando era gobernador de Massachusetts era considerado como el mas “centrista” de los republicanos. No se busca el centro sino el extremo. Y algo así puede pasar también en Europa en las próximas elecciones italianas o alemanas. La crisis esta radicalizando a la sociedad en un sentido o en otro y las ofertas políticas se radicalizaran también buscando sus extremos.

Claro que al final, gane quien gane, la realidad se impone. Y si no, que nos lo pregunten a nosotros aquí en España donde el gobierno está aplicando la política contraria a la que propuso, porque a la fuerza ahorcan. Nadie, ni siquiera el Presidente de los EEUU puede prescindir de una gran cantidad de factores externos que le condicionan y sobre los que tiene poco control, desde la volatilidad de los mercados financieros a la opacidad del sistema político chino.

Pero el problema es que cuando los gobiernos no mantienen las promesas electorales, argumentando que las cosas son distintas de cómo creían y que lo que propusieron es imposible, crece la desilusión de los ciudadanos-electores que votan en función de las propuestas que se les hacen. Así se alimenta el movimiento antipolítica y antipolíticos que se desarrolla en todos los países occidentales. Y por eso un candidato extremista hasta la caricatura como Ryan puede hacer ganar unas elecciones en los EEUU.

Tiene razón el viejo profesor Monti (¿porque le llamo así, solo tiene 2 años mas que yo?!!). En el fondo, el riesgo es que la crisis económica acabe convirtiéndose en una crisis, no solo de la construcción europea, sino de la democracia.